Siete medidas que ayudan a prevenir el ciberacoso contra los menores

Las nuevas tecnologías pueden llevar el acoso a los menores, el 'bullying' hasta el mismo corazón de su hogar, pero estas mismas tecnologías también son la solución si se forma a los escolares en su buen uso

29.04.2022 | 21:02
Laa redes sociales pueden convertir el acoso y el bullying en un pesadilla que envenene la vida de los menores.

El ciberacoso y el ciberbullying son dos de los aspectos más oscuros que pueden padecer los escolares y algo que preocupa enormemente a padres y educadores. Si antes la casa, el hogar, era un refugio frente a los ataques de los desalmados acosadores, con las redes sociales en los móviles no solo no hay refugio sino que además se puede multiplicar el número de acosadores.

Contra esta lacra solo cabe la formación en las nuevas tecnologías y enseñar a nuestros hijos a usar adecuadamente las redes y los móviles para evitar riesgos.

El 2 de mayo se celebra el Día Internacional Contra el Acoso Escolar. Por ello SPC, la compañía tecnológica española especializada en el desarrollo de productos de electrónica de consumo, ofrece una serie de pautas y consejos útiles para que el smartphone, el dispositivo más usado por los jóvenes, se convierta en un aliado en la detección y freno de actitudes de acoso contra los menores.

Según explican, el ciberacoso es una amenaza para los menores que la propia tecnología puede ayudar a resolver. En este sentido, un correcto asesoramiento por parte de padres y docentes logrará el objetivo de que el menor se sienta a gusto en las redes sociales y sepa reconocer las amenazas potenciales de un mal uso para, así, poder evitarlas.

1. La importancia de preservar los datos personales

Las redes sociales más usadas por los jóvenes, como Instagram y TikTok, son un reclamo para ellos, por lo que pueden incitarles a compartir en estas plataformas sus datos personales con personas desconocidas.

Además de mentalizarles para que sean extremadamente prudentes en este tema tanto con conocidos como con extraños, los padres cuentan con herramientas, desde las opciones de control parental del smartphone o a través de aplicaciones de terceros, para poder restringir el acceso a ciertas webs, controlar sus listas de contactos o configurar las opciones de privacidad y de seguridad de dichas redes sociales.

Incluso, en casos extremos, podemos denunciar desde el propio smartphone que hay una vulneración del derecho a la intimidad si detectamos que alguien ha compartido información comprometida del menor.

Pero esto no se refiere solo a uno mismo, también a lo referido a los datos sobre otras personas. No deben compartir con otros datos personales de terceras personas sin el permiso expreso de ellas.

2. La 'netiqueta': educación en las RRSS

El término netiqueta se refiere a unas normas de cortesía, de comportamiento, en internet y en las redes sociales (RRSS). Son pautas que facilitan la cordialidad y la interacción entre los usuarios.

En el caso de los más jóvenes, conviene asesorarlos en su cumplimiento: deben adoptar las buenas formas, el respeto a los otros usuarios y la educación en todas sus comunicaciones y preservar tanto su propia privacidad como la ajena. 

 
Esto implica que las imágenes, los vídeos de terceros y conversaciones con otras personas son privados. Si un menor decide etiquetar a otro en una publicación o compartir unas imágenes o un vídeo acompañado por otro usuario, debe solicitarle antes permiso para publicarlo en las redes y en los servicios de mensajería instantánea.

Las etiquetas, a la hora de compartir contenido, han de servir para notificar algo amable; nunca para insultar o humillar a la persona etiquetada. Siempre hay que ser muy precavidos a la hora de mostrar la intimidad propia y la de otros, ya sean fotos, vídeos o conversaciones privadas con terceros, y asegurarse de que esa persona está de acuerdo con la publicación.

3. Uso responsable del 'smartphone'

Bien entendido y utilizado, el smartphone es el mejor aliado para detectar y combatir situaciones de acoso y ciberacoso. Sin embargo, los menores deben estar acompañados por un adulto mientras lo usan, sobre todo en sus inicios, para recibir sus consejos a la hora de utilizarlo de manera responsable.

De tal manera, con la ayuda de aplicaciones, códigos de conducta y pautas de uso bien delimitadas, el teléfono móvil se puede convertir en una herramienta para evitar los abusos y no en un medio para recibirlos (a través de mensajes, llamadas, publicaciones en redes, etc.)...

Evitar compartir información personal y contraseñas en las redes sociales ya que la información no tiene barreras. Aunque se borre un comentario, otro usuario puede haberlo capturado y compartido en esa misma red social o a través de alguna aplicación de mensajería. Una norma básica es que las contraseñas de las cuentas y perfiles sociales solo las deben conocer el menor y, como mucho, sus padres si así lo han decidido en el ámbito familiar. No se deben compartir con nadie más.

4. Un desconocido también lo es en las redes

Cuando accede a las redes sociales, el menor puede sorprenderse con la gran cantidad de solicitudes de seguimiento y de amistad que recibe y puede interpretarlas, de manera incorrecta, como una muestra de popularidad. Esa puede ser una brecha para los desconocidos que, con malas intenciones, buscan acceder a su información.

En ese sentido, el menor debe ser consciente de que puede ignorar, cancelar y dejar en espera las solicitudes de amistad, de la misma manera que no debe enfadarse si sus propias solicitudes de amistad no son atendidas.

Lo ideal es que los menores adopten identidades protegidas por seudónimos en las redes sociales y que estos no puedan relacionarse con ellos. Es decir, para preservar su propia imagen, esos nicks no deberían poder vincularse a su nombre real, su lugar de procedencia, su fecha de nacimiento€ ni dejar entrever ningún dato que pueda remitir a ellos.

La mayoría de las redes sociales admiten el uso de nicks, así que conviene utilizarlos para evitar contratiempos. Pero ojo, lo que tampoco se puede hacer es usar estos seudónimos para, amparándose en el anonimato, atacar a otros conocidos, una conducta que los tutores deben vigilar.

5. Cómo detectar bulos

Los adultos ya sabemos que en internet y en el mundo analógico no todo es lo que parece. También somo conscientes, aunque no siempre estamos los suficientemente atentos, de que las redes sociales son una herramienta ideal para que los que propagan bulos y fake news hagan de las suyas.

Eso es algo que desconocen los menores, a los que habrá que formar para que detecten estos rumores. Se trata de enseñarles a una lectura crítica fijándose en si está bien escrito, de dónde procede la información, si es fiable, si ya la ha visto publicada en otro lugar.

Hay que acostumbrar al menor que si tiene la más mínima sospecha, debe evitar compartir esa información e incluso reportarla a la red social donde aparezca, así como informar a sus padres o adultos de confianza.

6. Herramientas y apps para combatir el ciberacoso

Una de las grandes ventajas de los teléfonos móviles es que ofrecen posibilidades infinitas a partir de la instalación de las aplicaciones más versátiles para combatir el ciberacoso.

En lo que respecta al acoso escolar, son muchas las herramientas que se nos ofrecen para detectarlo y combatirlo. Además del clásico software de control parental, se pueden activar diferentes aplicaciones, como la que pone en contacto permanente a los centros educativos con los padres, los alumnos y los profesores; las que alertan a los adultos de situaciones indeseables en las cuentas de los hijos (seguimiento de contactos sospechosos, avisos sobre contenidos inapropiados€); configuraciones para eliminar los comentarios ofensivos en las aplicaciones más conocidas, etc.

7. Y en caso de duda... debe recurrir a los padres o tutores

En las redes sociales, como en la vida, la experiencia es un grado. Y un menor debe tener siempre a un adulto como referencia en caso de duda sobre algún aspecto de su actividad en Internet.

Por eso conviene recomendarles que, si se produce un conflicto, acudan a un adulto para resolverlo. Pero eso sí, esa confianza hacia el adulto de referencia debe cultivarse antes, debe ser fruto de un trabajo previo que ayude al menor a vencer el miedo, la vergüenza o cualquier otro sentimiento que le haga retraerse.

Esa transparencia, y el saber que tienen a sus padres y/o profesores a su disposición, redundará en que actúen con una mayor conciencia y libertad, y les evitará agobios innecesarios en caso de problemas con otros usuarios.

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