Consumo

La demanda de viviendas con eficiencia energética crece un 30%

El gasto de energía de un edificio se calcula midiendo el total que se consume durante un año en condiciones normales de uso y ocupación en cuanto a calefacción, agua caliente sanitaria, ventilación e iluminación

30.04.2021 | 09:54
Muchas ciudades cuentan ya entre sus edificaciones con viviendas de bajo consumo energético.

AL parecer, no todo ha sido negativo este último año. El coronavirus ha traído una mayor conciencia entre los ciudadanos en cuanto al ahorro de energía que se está traduciendo en la mayor búsqueda de viviendas eficientes.

Este cambio ha supuesto un incremento del 30% en la demanda de viviendas eficientes desde el inicio de la pandemia. Para comprender esta nueva tendencia que mejor que definir lo que es una vivienda eficiente, aquella que aprovecha al máximo los recursos climáticos y energéticos del medio donde se encuentra, con el fin de alcanzar el confort de forma natural, y para ello, reducir al máximo su demanda energética y sus emisiones de dióxido de carbono, priorizando las fuentes de energías renovables.

En otras palabras, se puede decir que son viviendas cálidas en invierno y frescas en verano, y que optimizan la eficiencia de calefacción, refrigeración e iluminación, reduciendo la dependencia de estos medios artificiales.

Un dato de interés que llega de la mano de la Fundación La Casa que Ahorra es que cada hogar en el Estado emite a la atmósfera 5 toneladas de CO2 al año. Esto se debe fundamentalmente a la energía que consumimos para vivir en condiciones de confort, lo que supone un gasto medio de 700 euros anuales por vivienda.

El aumento de este gasto resulta de los más significativo, un 50% desde 2007, debido entre otros aspectos a aislamientos deficientes, electrodomésticos antiguos y hábitos inadecuados. Pero esta situación puede variar y en manos de todos está conseguirlo con unas sencillas pautas.

Adaptar la casa al entorno para reducir su consumo es una de ellas, ya que una casa bien orientada se calienta gratuitamente en invierno gracias al sol y se mantiene más fresca en verano reduciendo la necesidad de aire acondicionado.

El doble acristalamiento de las ventanas sigue siendo clave para evitar el despilfarro de energía, al ser las ventanas el principal punto de fuga térmica. Se estima que el 25% de la energía de calefacción y refrigeración se pierde por cerramientos acristalados de baja calidad.

Al igual que los electrodomésticos, las ventanas han adoptado un sistema de etiquetado energético, con una doble clasificación: la escala de la A a la G mide el comportamiento en invierno, mientras que las estrellas indican la protección frente a la irradiación solar en verano. Los modelos con doble acristalamiento, cámara de aire y rotura de puente térmico son los que mejor aíslan del frío y el ruido.

Los edificios construidos antes de 1990, probablemente no tengan ningún sistema de aislamiento térmico de la envolvente más allá de una cámara de aire.

Estas características de la construcción de aquellos años puede solucionarse ahora con la inyección de lana mineral en la cámara a través de unos pequeños orificios, en pocas horas, sin obras y sin molestias para los habitantes. Para reformas rápidas en el interior, la alternativa son los paneles rígidos de aislamiento de lana mineral adheridos a una placa de yeso laminado.

El uso racional del agua es otra de las medidas que puede ajusta el gasto de la vivienda sin renunciar al confort. Un ejemplo eficaz para conseguirlo es instalando grifos con mecanismo de apertura con un tope intermedio que proporciona un caudal suficiente para la mayoría de usos, o cabezales de ducha con reductor de caudal para reducir el flujo de agua por debajo de los 8 litros por minuto.

Las lámparas de bajo consumo es otra de las soluciones, al igual que disponer de electrodomésticos eficientes. Un aparato de alta eficiencia energética supone menos consumo y, por lo tanto, siempre es más sostenible.

En el apartado de la climatización eficiente, aquellos equipos dotados con bomba de calor son la mejor alternativa para viviendas pequeñas o que no tengan acceso a otra fuente de suministro energético, ya que producen entre 2 y 5 veces más de energía de la que consumen. Sin embargo, su eficiencia depende de las condiciones ambientales porque su funcionamiento se basa en el intercambio de temperatura entre el interior y el exterior: cuanta mayor sea la diferencia de temperatura, menor será la eficacia. Si se dispone de gas natural o gasoil, el mejor sistema es el suelo radiante, ya que trabajan a menos temperatura que un sistema convencional de radiadores para alcanzar las condiciones de confort.

Por último, y en líneas generales, el ideal de todas las propuestas mencionadas es aproximarse a la economía circular, que propugna un modelo basado en un flujo más eficiente de los materiales, la energía y los residuos.

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