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    <title><![CDATA[Deia - Mesa de redacción]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/]]></link>
    <description><![CDATA[Deia - Mesa de redacción]]></description>
    <language><![CDATA[es-es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright Deia]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La lotería más amarga]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/12/loteria-navidad-amarga-igorre-rugby-11054510.html]]></link>
      <description><![CDATA[La Navidad pasada, Igorre parecía el escenario perfecto de uno de esos anuncios de la lotería que apelan a la emoción colectiva. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sandra Atutxa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/12/loteria-navidad-amarga-igorre-rugby-11054510.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2026 05:22:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La lotería más amarga]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad,Lotería de Navidad]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Iraileko sudokua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/13/iraileko-sudokua-11196263.html]]></link>
      <description><![CDATA[Ekaina iristen denean, gurasook bi urtaro besterik ez ditugula iruditzen zait: ikasturtea eta iraileko plangintza. Gainera, bata amaitu baino lehen hasten gara bestea prestatzen. Hori bai, momenturik egokienean: umeak nekatuta daudenean, klaseak arratsaldez amaitu direnean eta eskolaz kanpoko jarduerak ere bukatzear daudenean. Bat-batean, arratsaldeak libre dituzte umeak. Teorian albiste bikaina. Praktikan, logistika masterra. Eta horri gehitu behar zaio haurrek ere badutela oporren aurreko nekea. Nire alabari orain galdetzen badiot zer egin nahi duen irailean, erantzuna nahiko argia izaten da: “Ez dakit”. Edo zuzenean sorbaldak altxatzen ditu, munduko erabakirik garrantzitsuena eskatuko banio bezala. Hala ere, guk badakigu tranpa non dagoen: irailean jarduerarik gabe uzten badugu, hirugarren egunerako konturatuko da lagunak igerilekura, dantzara edo musika eskolara doazela. Eta orduan hasiko dira kexak. Horregatik, ekaina ez da ikasturte amaiera; matrikulen denboraldia da. Eta hor hasten da benetako ikuskizuna. Etxean planoak ateratzen ditugu koloretako errotuladoreekin ia udal hirigintza sail baten antzera. Astelehenean igeriketa. Asteartean ludoteka. Asteazkenean pianoa, baina kontuz, ezin du bat egin ingelesarekin... zerbait lasaiagoa, mesedez. Azkenean, iraila antolatzea ez da jarduerak aukeratzea; aire-kontrolatzaile baten lana egitea da. Eta dena ekainean, umeak arratsalde osoa sofan etzanda pasatzeko prest daudenean. Zein kaotikoa den gurasotasunaren sudoku hau... ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Cortés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/13/iraileko-sudokua-11196263.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 07:00:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Iraileko sudokua]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[iraileko,sudokua]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Las chicas de oro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/12/chicas-oro-11190771.html]]></link>
      <description><![CDATA[Todos los pueblos tienen sus grupos. Algunas son oficiales y otros, en cambio, no. En Igorre tenemos una de esos grupos que no necesita placas ni reconocimientos: ellas se hacen llamar Las chicas de oro. Casi cada día, ocupan una de las mesas de una terraza que ellas la comparan con Benidorm. El resto la conocemos como la terraza del Eguzki. Allí se reúnen Araceli, Kari, Belén y alguna más que se van sumando según la agenda familiar se lo permite. Son expertas en algo que cada vez escasea más: conversar y escuchar. Hablan de los hijos, nietos, de las noticias, de los precios, de los médicos y de la vida. Yo tengo la suerte de cruzarme de vez en cuando con ellas. Me preguntan por la columna, me dicen si les ha gustado, o si no les ha convencido. Son lectoras fieles de DEIA, por eso hoy quería escribir sobre ellas. Porque en un tiempo en el que parece que todo va deprisa, ellas siguen defendiendo el placer de sentarse, escuchar y de compartir. Y permítanme terminar con una dedicatoria especial para Kari. Porque a veces todos necesitamos que alguien nos recuerde lo especiales que somos. Y porque estoy convencida de que, cuando una tiene amigas como las que se sientan cada día en la terraza de Benidorm, las vitaminas más importantes no vienen en una caja de la farmacia, sino en forma de conversación, de risas y de compañía. Así que esta columna es para vosotras, las chicas de oro. Eskerrik asko por leerme cada semana y, sobre todo, por seguir demostrando que la amistad también puede convertirse en patrimonio de un pueblo. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sandra Atutxa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/12/chicas-oro-11190771.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 05:00:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las chicas de oro]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[oro,Benidorm,médicos,Precios]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Selectividad natural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/11/selectividad-natural-11185522.html]]></link>
      <description><![CDATA[La chavalería conoció ayer su calificación de la PAU, un triste acrónimo que no le hace sombra a la mítica selectividad, por no hablar del histórico error de cargarse la EGB. La nota de la Prueba de Acceso a la Universidad, se dice, es la llave del futuro y las últimas semanas se han visto por las calles a amas y aitas arrastrando los pies lamentando que su desdendencia se lo juegue todo a una carta. Como si a partir de septiembre fueran a encontrar todas las puertas abiertas o tuvieran efectivamente la herramienta con la que hacer frente a cualquier cerradura. Tal vez el error sea dar tanto valor a este examen o, formulado de otra forma, restar importancia al trabajo continuo realizado durante todo el curso. Cuestión de porcentajes, tal vez sería más lógico el 70-30%. Pero más allá de las opciones que abre la nota de la sele, hay que poner en valor una circunstancia irrebatible: la edad. DEIA publicó el pasado lunes una interesante información, Elegir una carrera con 18 años: un reto para adolescentes y padres, en la que se apuntaba que uno de cada cinco jóvenes no acaba los estudios y un 6,5% cambia de titulación. También se apuntaba que elegir una carrera solo por sus salidas laborales puede ser un error. Sin olvidarse de que hay personas que no terminan trabajando en el área que han estudiado. Después de la PAU llega la selectividad natural, la capacidad de adaptarse al entorno y de buscar un camino laboral que sea estimulante en el plano vital. Es tal vez la tarea más compleja. La buena noticia es que hay opciones formativas para encontrar ese equilibrio. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Asier Diez Mon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/11/selectividad-natural-11185522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 05:00:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Selectividad natural]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[selectividad,PAU,Adolescentes,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Expectativas acorraladas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/10/expectativas-acorraladas-11181320.html]]></link>
      <description><![CDATA[Ya es una sensación palpable en la calle y en las conversaciones, propias y ajenas: estamos al borde de la debacle. La crisis política ha alcanzado un nivel capaz de desbordar las costuras democráticas que, en teoría, ordenan nuestro día a día. La presión judicial y mediática sobre Sánchez en Madrid alcanza niveles insostenibles. Es imposible gestionar adecuadamente tanta información –o desinformación– sin acabar con un desgaste enorme. Y lo mismo ocurre a la contra. No se puede gobernar bajo tal volumen de requerimientos judiciales sin que crujan buena parte de las estructuras del Estado.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.L. Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/10/expectativas-acorraladas-11181320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 05:09:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Expectativas acorraladas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sánchez,Desinformación,Madrid,Política]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Más allá del dogma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/09/dogma-11176318.html]]></link>
      <description><![CDATA[La reciente visita del Papa León XIV ha dejado una huella que va mucho más allá de los templos. En un clima de polarización, su discurso no se limitó a la doctrina, sino que sacudió conciencias mediante un mensaje de hondo calado social. Al apelar directamente a la paz, al respeto mutuo y, de forma contundente, a que las naciones ricas no rechacen la emigración, el pontífice colocó los derechos humanos en el centro del debate. Este llamamiento a la acogida y la solidaridad resuena con fuerza en una sociedad que a menudo ignora al vulnerable.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olga Sáez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/09/dogma-11176318.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 05:15:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Más allá del dogma]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[dogma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eszenatokira bidean]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/06/eszenatokira-bidean-11163149.html]]></link>
      <description><![CDATA[Badira ama izatearen gauza txiki batzuk inork behar bezala azaltzen ez dizkizunak. Adibidez, seme-alabak edozer egiten ikustean begiak malkoz betetzeko joera. Ni horietakoa naiz. Ez dut aitzakiarik bilatuko: June herriko danborradan jotzen ikusi edo bere ikasturte amaierako festan dantzan ikusi, eta han nago ni, emozioari eutsi ezinik. Gaur, gainera, egun berezia da. June berriz igoko da eszenatokira. Hip-hop dantzatzera doa eta ni lehenengo filan egongo naiz, bihotza bera baino gehiago dantzan dudala. Gogoan dut eskolaz kanpoko ekintzen garaia hasi zenean aukera guztiez hitz egiten geniola: igeriketa, judoa, mila gauza gehiago. Berak, ordea, hasieratik argi izan zuen zer nahi zuen. Dantza. Eta kitto. Urte batzuk daramatza hip-hopa egiten, eta aurpegian jartzen zaion irribarrea ikustearekin nahikoa da ulertzeko asmatu zuela. Horixe ere bada ama izatearen zatirik ederrenetakoa: konturatzea haurrak pixkanaka hazten direla eta, ohartu orduko, beren bidea egiten hasten direla. Orain, dantzaz gain, pianoarekin ere ausartu da. Eta aitortu behar dut harrituta naukala. Bi klase besterik ez ditu egin, eta etxean dugun organoan dagoeneko “Zorionak zuri” jotzen du. Ez dakit gure pazientziaren amaiera izango den, baina momentuz ilusioz bizi dugu. Gaur eszenatokian ikusten dudanean, ziur asko malkoak aterako zaizkit berriro harrotasunagatik. Seme-alabak haztea ere horixe baita: hegoak nola zabaltzen dituzten ikustea, eta haiek aireratzen diren bitartean, gu behean geratzea, txaloka eta, tarteka, malkoren bat lehortzen. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Cortés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/06/eszenatokira-bidean-11163149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 05:00:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Eszenatokira bidean]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[eszenatokira,bidean]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El motor de los becarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/05/motor-becarios-11158957.html]]></link>
      <description><![CDATA[Cada  año, con el cambio de ciclo, llegan al periódico los nuevos becarios. Los veteranos y veteranas, atrincherados en nuestra experiencia, a menudo pecamos de cierta soberbia; creemos de forma ingenua que ya lo hemos visto todo, que a estas alturas de la vida laboral absolutamente nada nos va a sorprender. Pero nos equivocamos. Llegan pisando fuerte. Vienen con unas ganas feroces de comerse el mundo, absorbiendo cada detalle y cada consejo como los bebés que, en el fondo, son en este nuevo entorno: auténticas esponjas dispuestas a empaparse de todo. Y en ese proceso de adaptación, casi sin querer, consiguen sacar la mejor versión de nosotros mismos. Nos obligan a desempolvar la paciencia, a frenar la inercia del día a día y a recordar la ilusión con la que nosotros también empezamos a trabajar. Nuestra misión oficial sobre el papel es formarlos, pero la realidad es que de todos aprendemos. Y no me refiero solo a que vengan tecnológicamente muy formados, dominando con naturalidad herramientas que a nosotros nos cuestan horrores. Su lección es mucho más profunda. Aprendemos de ellos porque compartimos momentos vitales inolvidables y porque nos muestran nuevas formas de relacionarse, mucho más ágiles, horizontales y menos encorsetadas. Nos inyectan una frescura necesaria que revitaliza por completo el ambiente. Cuando recogen su mesa al finalizar las prácticas y se despiden, siempre me detengo a reflexionar. Solemos adoptar el papel de guías y protectores, pero, mirándolo con perspectiva, a veces pienso que ellos son los que realmente nos enseñan. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olga Sáez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/05/motor-becarios-11158957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 05:00:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El motor de los becarios]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[motor,Mesa,bebés,laboral,Becarios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las puertas de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/04/puertas-vida-11153768.html]]></link>
      <description><![CDATA[Hace tres semanas asistimos a la graduación de Bachiller del rey de la casa. Demasiado empalagosa por el lado organizativo, fresca y emotiva por la irreverente naturalidad de la juventud de las agasajadas –aprendí ese día que el plural más incluyente es personas, sustantivo femenino, lo firmo–. Recogieron el título chicos y chicas que han convivido desde bi urteko gela hasta la mayoría de edad. También estuvieron algunas de las que han dado el salto a otro centro escolar o han tomado un camino formativo diferente. Todas con vestido o traje. Fiesta de gala de una madurez que ha llegado de forma inesperada sobre todo para las familias. Al término, en el tercer tiempo en el bar, un aita mostró su alivio: “Bueno, ya han terminado”. “¿Terminar?, ahora es cuando empiezan”, respondí, como se ve en el trajín de la selectividad de estos días. Las etapas en la vida se pasan, además de en un suspiro, con cierta resignación. Como un viaje de vacaciones en coche de Bilbao a Milán. Hay tantos kilómetros por recorrer que los primeros 300 parecen pocos, luego hay un tramo de 700 que parecen un mundo y los últimos 300 kilómetros se deberían recorrer con tranquilidad, disfrutando del paisaje. Así que desde la graduación, tengo una teoría. La esencia de la vida es atravesar puertas, y hacerlo, sea cual sea la edad, con intensidad y entusiasmo. Tirándolas de una patada cuando están cerradas y gozando del trayecto en la medida de lo posible, algo que está relacionado con el esfuerzo al principio y con el espíritu con el que se afronta la aventura al final.]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Asier Diez Mon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/04/puertas-vida-11153768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 05:00:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las puertas de la vida]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[selectividad,fiesta,sustantivo,juventud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inteligencia artificial, o no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/03/inteligencia-artificial-o-11149478.html]]></link>
      <description><![CDATA[Para situar el evento en su contexto histórico, conviene recordar que el Papa León XIV se definió como discípulo de León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum donde abordó en profundidad los derechos de los trabajadores y las obligaciones del Estado, entre otras reflexiones clave. Nos situamos así con el nuevo Papa ante una figura que no se deja deslumbrar por los poderosos y afronta los problemas desde una perspectiva humanista en tiempos de cambio vertiginoso. León XIV llega a Madrid un par de semanas después de la publicación de su encíclica en la que aborda la inteligencia artificial y deja la impronta de su pensamiento. La Iglesia católica no es una institución dada a rupturas revolucionarias ni a aventuras, pero no conviene despreciar su influencia ni la capacidad de actuar sobre sus fieles. En Magnifica Humanitas León XIV recuerda que las máquinas carecen por completo de conciencia, alma y afectos reales, y critica la obsesión que nos corroe por convertir todas las experiencias en datos. Alerta sobre las “nuevas esclavitudes” digitales y la proliferación de la desinformación. Enfermedades muy comunes en estos tiempos. Pone el dedo en la llaga y nos invita a reflexionar sobre la IA, sus virtudes y sus defectos. Ya conocemos las enormes posibilidades que ofrece la inteligencia artificial y también los serios problemas que puede plantear al ser capaz de actuar en casi todos los ámbitos de la vida. En realidad, poco podemos hacer más allá de decidir cómo la usamos una vez que admitamos que ha venido para quedarse. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.L. Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/03/inteligencia-artificial-o-11149478.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 04:55:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Inteligencia artificial, o no]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[inteligencia artificial,León,Papa,Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El peligro de olvidar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/02/peligro-olvidar-11145050.html]]></link>
      <description><![CDATA[Nos dijeron que después del Covid saldríamos mejores. Vimos hospitales al límite, familias separadas y millones de personas enfrentándose a una incertidumbre que creíamos propia de otras épocas. Entonces prometimos que no olvidaríamos. Sin embargo, apenas unos años después, la sensación es muy distinta. Cada nueva alerta sanitaria parece ocupar unos días de titulares antes de desaparecer bajo el ruido político o las polémicas del momento. Mientras tanto, en distintas partes del mundo siguen saliendo brotes de enfermedades infecciosas: los virus no entienden de fronteras. El actual brote de ébola en el Congo y Uganda ha provocado más de 238 muertes. En un planeta donde millones de personas cruzan continentes cada día, lo que ocurre a miles de kilómetros nunca está tan lejos como creemos. No se trata de vivir con miedo ni de caer en el alarmismo permanente. Se trata de comprender que la prevención siempre parece exagerada hasta que deja de serlo. También parecía exagerado imaginar ciudades vacías, escuelas cerradas o restricciones masivas a la movilidad. Y, sin embargo, ocurrió. La pregunta que deberíamos hacernos no es únicamente si existen vacunas o tratamientos. La pregunta es si estamos dispuestos a actuar a tiempo cuando aparece una amenaza seria, si los responsables políticos tendrán el valor de tomar medidas preventivas cuando todavía resultan impopulares y si estaremos dispuestos a escuchar advertencias antes de que el problema llegue a la puerta de casa. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sandra Atutxa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/06/02/peligro-olvidar-11145050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Jun 2026 05:01:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El peligro de olvidar]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[enfermedades,ruido,Alerta sanitaria,hospitales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eguraldiaren kaosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/30/eguraldiaren-kaosa-11134833.html]]></link>
      <description><![CDATA[Azken astean, nire gorputzak ez du jakin zer den atseden hartzea: ez gauez, ez egunez, ezta etxe barruan ere. Beroak dena hartu du bere gain, eta gure etxea saunaren eta mikrouhin labearen arteko zerbait bihurtu da, inolako baimenik eskatu gabe. Nire alaba txikiaren logela izan da egoeraren adibiderik argiena. Bere gelak hegoaldera ematen du eta eguzkiak egun osoan zuzenean jotzen du. Leihoak itxi, pertsianak jaitsi, haizagailua piztu… dena probatu dugu, baina alferrik. Termometroak 28 gradura iritsi dira barnealdean. Gauez, ordea, pixka bat arnasa hartzea lortu dugu. Leihoak ireki eta aire freskoak etxea zeharkatzen duenean, badirudi bizitza normalaren antzeko zerbait posible dela. Hala ere, hori laburra izan da: hurrengo eguneko eguraldiak berriro jotzen zuen gure kontra, bere arau propioekin. Eta orain, ironia meteorologikoa: azkenean freskatu duenean, ez da bakarrik etorri tenperatura atsegin pixka batekin. Noski ezetz. Euriarekin eta txaketa berriz ateratzeko beharrarekin etorri da, trantsizio dramatiko batean bezala. Atzo izerditan eta gaur hotz pixka batekin, erdi-tintarik gabe, tipikoa hemen. Honekin batera, nire armairua benetako kaosa da. Une honetan udako eta neguko arropak inolako ordenarik gabe bizi dira bake hauskorrean. Bi mundu kabitzen ez diren espazio berean. Eta tregoa labur honen ostean, uda “ohi baino beroago” datorrela azpimarratu du AEMETek. Oraingoan gela 28 gradura iritsi bada, hurrengoa sukalde profesionalaren mailara izango da ziurrenik. Ai ene! ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Cortés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/30/eguraldiaren-kaosa-11134833.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 05:00:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Eguraldiaren kaosa]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[eguraldiaren,kaosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solidaridad ambiental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/29/solidaridad-ambiental-11130401.html]]></link>
      <description><![CDATA[Durante mucho tiempo, la preocupación por el medioambiente fue etiquetada como una excentricidad, una causa reservada para idealistas. Sin embargo, una parte de la sociedad está cambiando profundamente: proteger el planeta ya no se percibe como una rareza, sino como una responsabilidad ineludible. La mejor prueba de este cambio de paradigma está en los hechos. Más de 1.500 personas ya han dado un paso trascendental al contactar con ONG para proteger la naturaleza y el medioambiente mediante un testamento solidario. A través del programa ‘Herencias para la Naturaleza’, promovido por organizaciones como WWF, Greenpeace o Fundación Mona, el compromiso ecológico trasciende la propia vida. De hecho, 1.563 personas han solicitado información solo a WWF, y de ellas, 199 ya son testadores activos. Estos datos, de abril de 2026, confirman una tendencia creciente en la donación testamentaria a causas ambientales en nuestro país desde 2020. A esta toma de conciencia se suma que el Premio Princesa de Asturias de Cooperación no ha sido para una persona o una ONG tradicional, sino para un banco de semillas; una iniciativa vital que pretende evitar que especies de frutos y hortalizas puedan desaparecer para siempre. A veces, uno puede pensar que estas iniciativas pertenecen a un mundo que no tiene nada que ver con la realidad del día a día. Pero quizás de lo que se trata, en el fondo, es de que nuestro día a día sea cada vez más solidario con el mundo que nos sostiene. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olga Sáez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/29/solidaridad-ambiental-11130401.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 May 2026 05:00:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Solidaridad ambiental]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[solidaridad,Naturaleza,WWF,ONG]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gravedad  y descarte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/28/gravedad-descarte-11126021.html]]></link>
      <description><![CDATA[Estoy cambiando esta columna a las 13.08 horas  (ayer) para que usted la lea hoy. El asunto es grave, porque tener trabajo hecho en plena ola de calor da tranquilidad y minutos de vida. Los voy a perder porque acabo de leer las declaraciones de Pedro Sánchez en relación al laberinto por el que transita el PSOE, cada vez más negro y con más muros sin salida. Sánchez ha reconocido hace un rato la “gravedad” de la investigación después de la entrada de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en Ferraz. ¿Es un registro o es un requerimiento, como apunta el presidente del Gobierno español? Da igual, porque, les recuerdo, estoy cambiando el texto y me parece todo fatal. Surgen cuestiones cada vez más turbias bajo los pies del jefe de Ejecutivo central, empeñado en caminar por el alambre o por el lodazal, según la versión, y convencido de que los avances sociales amortiguan el impacto de los acontecimientos. Acaba de decir también que descarta adelantar las elecciones. Dicen desde el socialismo institucional, que no sabe cortar la hemorragia de la corrupción en sus filas, que toca elegir entre ellos o la alianza de Partido Popular y Vox, mantener a flote el barco o convocar elecciones, algo que suena a miedo a las urnas, a democracia diluida. Que hable el pueblo. Ese para el que la gravedad es no llegar a fin de mes y el descarte es dejar de pagar la hipoteca para dar de comer a sus hijos. La historia es muy antigua, pero el ruido es tan fuerte que hasta los que menos tienen no saben ya qué votar. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Asier Diez Mon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/28/gravedad-descarte-11126021.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 05:00:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Gravedad  y descarte]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[elecciones,ola de calor,Trabajo,UCO]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En legítima defensa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/27/legitima-defensa-11121407.html]]></link>
      <description><![CDATA[La decisión del Congreso de retirar la acreditación a Vito Quiles y Bertrand Ndongo abre un debate incómodo, pero necesario: dónde termina el derecho a informar y dónde empieza la utilización del periodismo como instrumento de presión, provocación o activismo encubierto. No es un debate nuevo, ni siquiera original. Sabemos con certeza que en una democracia abierta la libertad de prensa no es un privilegio ornamental, sino una garantía esencial, en algunos países con vitola constitucional. Siendo esto cierto, también se exigen reglas mínimas de conducta, respeto institucional y una comprensión básica de la función que deben cumplir los medios de información. Cuando un acreditado convierte su presencia en sede parlamentaria en una estrategia sistemática de confrontación, desprecio a las normas y desnaturalización del trabajo periodístico, no solo degrada su propia credencial: ataca la credibilidad del conjunto del oficio, ya de por sí castigado. El periodismo no es una coartada para la intimidación ni una excusa para confundir denuncia con espectáculo. Tampoco puede convertirse en altavoz de agendas políticas disfrazadas de cobertura informativa. Por eso la reacción del Congreso es acertada. No se trata de blindar a los poderes públicos frente a preguntas incómodas, sino de preservar un estándar profesional que separa la información del matonismo mediático. Quien quiera ejercer el periodismo desde el ruido, la deslealtad o la desinformación debe asumir que las instituciones también tienen derecho a protegerse. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.L. Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/27/legitima-defensa-11121407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 05:13:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En legítima defensa]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[defensa,Periodismo,Constitucional,libertad de prensa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En piloto automático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/26/piloto-automatico-11116542.html]]></link>
      <description><![CDATA[La muerte de una niña de dos años olvidada en un coche en Galicia durante horas vuelve a abrir una de esas preguntas que la sociedad formula siempre desde la incredulidad: ¿cómo se puede olvidar a su hija en el coche? La respuesta resulta tan incómoda como dolorosa: No es la primera vez, ni la última que pasará. Cada vez que ocurre un caso así, la reacción pública oscila entre el horror y la incomprensión. Los expertos llevan años explicando que este tipo de tragedias no suelen responder a la falta de amor o de responsabilidad, sino a un fallo cognitivo asociado al estrés, las rutinas y la sobrecarga mental. Una llamada inesperada, la preocupación laboral. Una noche sin dormir, un cambio de horarios. Basta una pequeña alteración en medio de jornadas cada vez más aceleradas para que el cerebro entre en piloto automático. Eso no reduce el horror de lo sucedido. Ni disminuye tampoco el drama irreparable para una familia condenada a convivir con el peor error imaginable. Pero sí obliga a mirar más allá del juicio inmediato y preguntarnos qué tipo de vida estamos normalizando. Vivimos instalados en la prisa permanente. La mente tiene límites. Y, aunque nos incomode admitirlo, incluso el amor puede quedar sepultado momentáneamente bajo la rutina mecánica. Quizá por eso casos como este provocan tanto miedo. Creo que la reflexión no debería ser únicamente cómo pudo pasar, sino también por qué seguimos viviendo de una manera que hace posible que algo así ocurra. ]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sandra Atutxa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.deia.eus/opinion/mesa-de-redaccion/2026/05/26/piloto-automatico-11116542.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 04:57:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En piloto automático]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[amor,estrés,Responsabilidad,Galicia]]></media:keywords>
    </item>
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