BILBAO. Diez años por un reino único; una década por una identidad. Una fecha, 1512. Este año marcó el inicio del fin del Estado-nación vasco, entendido como tal el Reino de Nafarroa. Su historia, la de las huellas digitales vasco-navarras, comenzaron a vivir "un cambio de rumbo en 1512", según valoran periodistas como Elena Urabayen.

El debate ha batallado en las Cortes españolas meses atrás y sigue coleando en la corte de la presidenta navarra, Yolanda Barcina. El presidente saliente, el recordado Miguel Sanz, calificó la conquista de Nafarroa como "suceso", "gracias al cual se modernizaron distintas estructuras de nuestra tierra, numerosos navarros asumieron responsabilidades en la corte y participaron en la gran aventura americana, destacando en importantes funciones como conquistadores, misioneros, gobernadores, empresarios, militares, comerciantes, etcétera".

Pero surge la pregunta: tras la caída del bastión de la resistencia navarra, el castillo Amaiur -también llamado Maya-, aquel 19 de julio de 1522, ¿el "suceso" de Sanz fue una "incorporación" a otros reinos o una "conquista"? A juicio del jeltzale Aitor Esteban, "una conquista", y deja por sentado que "el espíritu Amaiur sigue vivo", según amplificó en el Congreso de los Diputados el pasado 22 de febrero.

Esteban lanzó entonces un paralelismo geográfico-identitario, y envió un mensaje al respecto: "Díganles a los escoceses que se olviden de la batalla de Culloden, algo probablemente imposible; díganles a los québécois que retiren su lema, ese Je me souviens de que antes tenían un Quebec, y un Quebec libre, como reivindicación de que no olvidarán su origen, no olvidarán su tradición, no olvidarán su memoria, no olvidarán su lengua".

"El fin de la libertad"

Diez años de confrontación tuvieron su capítulo final, su desenlace histórico, en aquel castillo, el de Amaiur, hoy desaparecido y en cuyo espacio vacío se asienta un monolito honorífico, fuerte -al final, evidentemente débil- en el que doscientos navarros plantaron cara a, se estima, unos diez mil soldados, entre castellanos y beaumonteses navarros. Tras la toma de la fortificación, los leales a los Reyes Católicos acabaron destruyéndolo, pero quedó su nombre, monte Gaztelua. Y ahí vuelve Aitor Esteban: "El espíritu Amaiur sigue vivo". Urabayen también estima que "cada vez son más las voces que mantienen que lo ocurrido fue una sangrienta conquista militar, una agresión que acabó con miles de personas y con la libertad del pueblo navarro".

Hace quinientos años, cabalgaban tiempos en los que el feudalismo comenzaba a dar lustre al Renacentismo. Navarra soñaba futuro con el reinado de Catalina de Foix y Juan III de Labrit, casados en 1484, y a los que los castellanos percibían un mayor agrado por lo francés que lo peninsular.

La invasión y futura conquista se produjo tras tres intentos y con la muerte del rey Fernando el Católico de por medio, en enero de 1516. Un día antes de fallecer el monarca -su esposa Isabel I de Castilla, La Católica, había muerto doce años antes- redactó testamento en el que hacía referencia al derecho con el que se apropió Navarra y en la razón religiosa de la misma por "la notoria cisma conspirada contra la persona del Sumo pontífice y Sede Apostólica y contra le patrimonio de aquella...".

El regente castellano basaba su conquista en que temía la alianza de Nafarroa con Francia y la posterior entrada de tropas francesas en la península, por lo que decidió conquistar el reino de Navarra. El 21 de julio de 1512, los ejércitos del Duque de Alba invadieron Navarra por el valle de Burunda, acompañados por el Conde de Lerín y sus beamonteses, además de nobles alaveses y guipuzcoanos como súbditos de Castilla. Un año más tarde, en 1513, las Cortes de Navarra reconocieron a Fernando el Católico como rey.

Poco después, en 1515, la Navarra peninsular fue incorporada a la corona de Castilla, aunque mantuvo su categoría de reino y todas sus instituciones, normas de autogobierno, costumbres y fueros propios. Los franceses invadieron en 1521 la Navarra peninsular, ocupando Iruñea y Hondarribia, pero los ejércitos hispánicos recuperaron estas ciudades en 1524. Francia tuvo que renunciar a la Navarra surpirenaica.

En 2012, a pocos meses vista, se cumplirá medio milenio del ataque, efeméride que ha reabierto el debate, en este caso, de si se debe celebrar tal aniversario o no. El Gobierno de Navarra y el Ministerio de Cultura serán los encargados de organizar el programa de actos conmemorativos, mientras que hay quienes consideran que "no hay nada que celebrar". Desde otra perspectiva, la plataforma plural Nafarroa Bizirik habla de 500 años de "robo" a Nafarroa y denuncia que el Gobierno foral haga uso de eufemismos como anexión para denominar el episodio histórico. "Esto no quiere decir otra cosa que incorporación, y lo que ocurrió en 1512 fue una conquista militar que se saltó a la torera la legalidad vigente y que estaba injustificada desde todos los puntos de vista", valoran.

La historia no debe ocultar los dieciocho años posteriores de guerra (1512-1530) y que registró un intento de reconquista en el mismo 1512, un segundo que fracasó en Roncal y la batalla de Noain, en 1521, localización en la que murieron miles de personas, así como la toma de Amaiur un año después. "A esto acompañaron años de represión, encarcelamientos y destrucciones masivas del sistema defensivo navarro", reflexionan desde Nafarroa Bizirik quienes, a diferencia de Miguel Sanz, mantienen que la conquista fue un desastre económico y un sometimiento del pueblo navarro a todos los niveles. "En ese momento, perdimos Nafarroa Behera", concluyen.