Tribuna abierta

Miradas

09.11.2020 | 01:20
Miradas

La tarea pendiente en Euskadi es que sea asumido e interiorizado por todos, singularmente por la llamada izquierda abertzale, desde el explícito reconocimiento del dolor y daño causado que: no hay convivencia sin pacto, que no hay pacto sin cesión, que no hay cesión sin reconocimiento y respeto del y al otro

EL 20 de octubre de 2011 comenzamos a escribir una nueva historia, ETA anunciaba "el cese definitivo de la actividad armada". No fue aquel un día más en el calendario, no, era el primer día de un nuevo futuro, el futuro que todos y todas ansiábamos y merecíamos. Tocaba comenzar a construir ese nuevo futuro en paz y libertad. El número 64 de la revista Hermes (Sabino Arana Fundazioa) de la mano de, a la sazón su director, Josean Rodríguez Ranz (hoy viceconsejero de Igualdad, DDHH y Cooperación del Gobierno vasco) publicó este último mes de abril un magnífico ejemplar titulado Miradas al antes y después del final de ETA con el fin de aportar un granito de arena hacia el logro de una Euskadi reconciliada, en paz y en libertad, por el reconocimiento y justicia hacia las víctimas, por el compromiso moral con nuestra sociedad, lección y aprendizaje colectivo; en definitiva para nuestro futuro y el de las nuevas generaciones. No hay desperdicio alguno. Todas ellas son producto de profunda reflexión, miradas críticas al ayer pero esperanzadoras al mañana. Porque quizás sea cierto que mirarnos a los ojos forme parte de la solución.

La primera mirada es la de Juan Mari Atutxa: "No queremos, no podemos, no debemos pasar página. El silencio, la amnesia el olvido, son pan para hoy y hambre para mañana. No queremos, no podemos, no debemos pasar página por todos y cada uno de nosotros, por la sociedad vasca en su conjunto, por las nuevas generaciones que tienen el derecho y el deber de saber que hubo un tiempo en el que en este país se llegó a matar por pensar diferente. Por el contrario, queremos, podemos y debemos mirar al pasado, eso sí sin odio, ni rencor".

La segunda es la del lehendakari Urkullu: "Recurrir a la violencia es sentirse con capacidad de vulnerar los DDHH de otras personas, creerse tan poderoso como para auto-percibirse dueño de la vida de otro. Recurrir a la violencia equivale a sentirse en última instancia un dios que decide sobre la vida y la muerte, error fatal, radical, ético, político y democrático. Nadie puede disponer de los DDHH de otras personas, son indisponibles. Algunos creyeron que la defensa de objetivos superiores les legitimaba para ello. ETA fue un error de principio a fin, nunca debió existir, nunca más debería repetirse una deriva similar".

Le sigue Maixabel Lasa: "La reflexión autocrítica no es flagelación estéril. No nos hace más débiles, sino más sólidos y consistentes. Todos hemos de hacer autocrítica: quienes vulneraron los DDHH al amparo de un proyecto político; quienes lo hicieron al amparo del monopolio de la fuerza del estado mediante la transgresión de sus límites; quienes jalearon, aplaudieron, justificaron y apoyaron a ETA; quienes legitimaron y justificaron su criminal actuación; quienes callaron por miedo, cobardía o egoísmo; quienes manifestaron ese desdén e indiferencia ante lo que ocurría a sus convecinos y a tanto sufrimiento injusto; quienes llegaron tarde a expresar su rechazo a las violaciones de DDHH de todo tipo. Es curioso observar quiénes son los que huyen de hacer memoria según de qué momentos históricos apelando a la necesidad de mirar solo hacia adelante".

La cuarta es de Carmen Torres: "Me lo quitaron todo en un segundo. Y en ese segundo infinitamente largo, recibí el mayor regalo que he tenido en mi vida: el perdón. Fue un don del cielo que sigo agradeciendo. Perdoné a alguien que había asesinado a mi marido y yo no sabía por qué, ni quién era. Tengo que reconoceros que el perdón es egoísta, es una forma de vivir porque sin perdonar no se puede descansar".

Esta es la mirada de Juan Maria Uriarte: "Nuestra sociedad corre el riesgo de pasar por alto la tragedia vivida sin haber extraído de ésta las lecciones necesarias para sanar el tejido social y asegurar un futuro pacífico. Una de estas lecciones sería la firme convicción de arrumbar definitivamente toda forma de terrorismo y toda violación del núcleo de los DDHH intangibles. Para prevenir el futuro es preciso digerir bien el pasado. Solo así se enraíza en la ciudadanía el saludable 'nunca más".

Esta otra de Joaquín Giménez: "ETA ha sido fuente de dolor y ahí están sus asesinatos, los miles de heridos, las vidas destrozadas y los proyectos de vida truncados. ¿Cómo fue posible? Se empezó por etiquetar al distinto como enemigo y, como tal, ajeno a ese pueblo mágico que fue monopolizado por la banda en sus escritos. Como tal enemigo, quedó desposeído de su condición humana y de sus derechos y como tal, exterminable. ETA ha sido una escuela de odio. La conversión de la izquierda abertzale al juego democrático exige a mi juicio que efectúe una revisión crítica de su antigua actividad, tantas veces jaleadora, animadora y justificadora de la actividad terrorista de ETA".

La séptima mirada es de Edurne Portela: "Es importante que se potencie el trabajo de la memoria. Tenemos el deber de recordar, de no olvidar lo que ha pasado, de dejar a las generaciones futuras una verdad histórica, a partir del conocimiento y con el claro propósito de deslegitimar la violencia, lo cual será la única forma de construir una convivencia sana que haya dirimido los problemas del pasado".

El 20 de abril de 2018, ETA, en un comunicado, pedía perdón, un perdón selectivo, y por tanto inadmisible, por los daños infligidos, y admitía su responsabilidad en el dolor causado pero solo a "los que no tenían participación activa en el conflicto". Se excluían así los asesinatos a miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad, representantes políticos, funcionarios, jueces, periodistas€ Más aún, justificaba su actividad contextualizando su trayectoria incluyendo el bombardeo de Gernika y seguía mostrándose orgullosa de su actividad,llegando a afirmar en la declaración final del día 3 de mayo de 2018 que "Euskal Herria agonizaba". Se reafirmaba en su papel heroico y salvador. En realidad, Euskal Herria lloraba los asesinatos y se encontraba atemorizada por su actividad terrorista. El relato fantasioso de ETA solo lo compró la izquierda abertzale. Hoy en día, todavía, se espera una revisión crítica de ese colectivo. Ciertamente, la trabajosa reconstrucción de la convivencia evidencia que la memoria es el test obligado que ha de superar el conjunto de esta sociedad para no incidir en el padecimiento. Siete miradas, valientes, limpias y profundas al doliente "antes", miradas audaces, vitales y comprometidas al "después" esperanzador. Miradas, motivo de necesaria y exigible reflexión sincera y compartida.

Procuremos no perdernos en los laboratorios de la memoria, en sus olvidos y sus motivos, en sus recovecos y sus excesos. Habrá que vencer a los violadores y falsificadores de la historia, a los fabricantes de falsas identidades y falsos odios, a los cultivadores de fantasmas narcisistas. Es preciso encontrar el camino a través de las múltiples huellas del pasado y coger el hilo honesto de la memoria. No hay que olvidar los hechos históricos que algunos quieren disimular porque hay amnésicos que intentan arrancar la verdad de los hechos que hoy en día les incomodan. Recomendaría a algunos la atenta lectura del comunicado del IRA firmado un 17 de julio del 2002, cuando daba por finalizada su actividad terrorista: "Ofrecemos nuestras sinceras disculpas. Reconocemos el dolor y la pena de los familiares de las víctimas. El futuro no está en negar los fallos y fracasos o en cerrar los ojos y los corazones al dolor de los afectados. El proceso para resolver el conflicto requiere reconocimiento del dolor y pérdida de los otros. Esto incluye la aceptación de los errores pasados y la pena que hemos infringido a otros".

Pues eso. ¿Tanto cuesta?

* Profesor