Mesa de Redacción

Los inmortales

12.10.2021 | 00:15
Los inmortales

HAY una manera infalible de sortear el tiempo, lo hacen las estatuas de cera, las miras y a base de barniz sobreviven al reloj y solo necesitan pasarles un paño. La cara de Berlusconi es la de ese gato maquillado de poliespán que ha cumplido 85 años tras dejar a su novia treintañera, y que entre visita y vista al juzgado por las fiestas bunga-bunga, su nuevo capricho es ser presidente de la República. No en vano sus cuatro veces primer ministro y haber sobrevivido a Sarkozy, May y hasta a la propia Merkel te da bonus para optar a la presidencia de Italia y desechar definitivamente la jubilación, con lo que envejece eso. Silvio sale con una diputada de Forza Italia y quiere volver, como el que vuelve del covid para ser presidente por mi cara bonita. De todos aquellos dirigentes europeos, chulazos franceses, alemanas austeras o británicas atribuladas resurge Berlusconi de la mano de lo más ultra a la derecha de Salvini. La alemana ya es inmortal en la retirada y Silvio la resistencia contra la vejez sin dejar de sonreír al borrado de arrugas. Se fueron todos, hasta lo hizo Reino Unido entero y ahora amagan los polacos mientras los viejos dirigentes beben hoy Limoncellos y comen bombones como alegres viudas. Pero solo puede quedar uno y Silvio apunta a la presidencia del país que gobernó a base de señalar a las velinas con el dedo de su bragueta, siempre un semáforo en verde. Ahora solo hay el polvo acumulado en una cara inalterable, dura como el cemento, que dura siempre.

susana.martin@deia.eus

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