La otra mirada

... eta urte berri on

30.12.2019 | 06:18

Como la semana pasada les dedicaba desde estas mismas líneas un ¡Feliz Navidad! con algunas muletas mentales auxiliares y grandes reservas conceptuales, en ésta les quería desear un nuevo año próspero, generoso y lleno de espléndidas ilusiones hechas realidad. Así que rebusco con benevolencia en la realidad por ver si tras san Silvestre pudiéramos encontrar posibles motivos de alegría en 2020. No en el ámbito de lo privado, donde el onanismo intelectual es muy particular y no dudo que cada cual pueda tener el suyo, sino en lo que atañe al ágora pública donde me temo vamos escasos de ellos, cuando no sobrados de amenazas, incertidumbres y negruzcos augurios más o menos cercanos. Los auspicios del curso saliente no presagian precisamente lo mejor.

Alivia que liberen o rebajen el precio de algunos tramos de autopista y que limen unos céntimos la factura de la luz. Si te gusta el fútbol, a la alegría semanal de ver ganar al Athletic, puedes sumar el campeonato de Europa, más si eres seguidor/a de la selección española y vives en Bilbao, porque podrás disfrutar de balompié a raudales; o si eres espectador deportivo, porque tendrás juegos olímpicos en Tokio, pero en la tele claro, que el sol naciente está lejano. Pero no te aportará una gota de alegría democrática la sentencia favorable de la TJUE a los políticos catalanes, porque con uno u otro subterfugio les harán morder su injusta condena.

Pero como no hay gobierno, ¡yloqueterondarémorena¡, los presupuestos Montoro-pperos siguen en prórroga y las pensiones también, de modo que casi 10 millones de pensionistas tendrán que esperar a mejor momento para buscar causa de alegría en su raquítica jubilación, 1080?/mes sine die.

Dicen que bajará el paro, pero no sé si los 3,2 millones actuales de parados lo saben o se enterarán, porque probablemente concatenarán contratos precarios con sueldos de miseria: seguirán siendo igual de pobres aunque trabajen, mientras los ricos, riquísimos y ricachones se han multiplicado por cinco durante esta crisis pendular que alguna mano mece con fruición para generar incertidumbre e inestabilidad en los más pobres, que ya suman casi 10 millones en el Estado, con 2,5 en pobreza severa.

Podríamos esperar alegría en no ser tan ricos, pero sí algo mejor formados, pero ni eso, que PISA nos reporta fecundas calabazas. O al menos disfrutar de la alegría de calles inundadas con gritos de la chiquillería, pero esto tampoco, porque hay más mascotas-perros que niños menores de 15 años, para alegría (esta sí) de veterinarios y del mercado en explosión de la alimentación animal-mascoteril. Sumen lo que deseen al año bisiesto que agregará un día a mayor goce en unos pocos y 24 horas a la frustración en la mayoría. Esto sin mirar a las fronteras ni a lo que allende de ellas sucede: inmigración, Brexit, más Trump, Siria, Mogadisco, Gaza, Sudán?

Pero como no quiero ser masoca, en mi felicitación Urte berri on me ceñiré a la escala estrictamente íntima, donde la felicidad se cimenta en tener grandes expectativas y pocas necesidades. Y en esto no hay ricos, gobierno ni inquisición que nos la pueda arrebatar. O eso espero.