La crisis que pone a prueba al gobierno de Senegal
La situación política en Senegal vuelve a estar en el centro de atención de África Occidental. Los jóvenes Bassirou Diomaye Faye, presidente del país, y Ousmane Sonko, hasta hace poco primer ministro, protagonizaron entre 2023 y 2024 una movilización popular sin precedentes que logró frenar los intentos del entonces presidente Macky Sall de modificar el marco político para facilitar su continuidad en el poder. Aquellas protestas, impulsadas principalmente por una juventud cansada de la falta de oportunidades, de la dependencia económica exterior y de una clase política percibida como alejada de las preocupaciones reales de la población, convirtieron a Faye y Sonko en símbolos de esperanza. Con el respaldo de millones de ciudadanos, ambos lograron conquistar el poder ejecutivo y su formación política, PASTEF, obtuvo además una sólida mayoría parlamentaria.
Para muchos senegaleses, aquella victoria representaba mucho más que un cambio de gobierno. Era la posibilidad de iniciar una nueva etapa en la que los jóvenes pudieran encontrar oportunidades en su propio país sin verse obligados a emigrar, una etapa de mayor soberanía económica y de recuperación de la confianza en las instituciones. Sin embargo, apenas dos años después de llegar al poder, esa esperanza comienza a mostrar grietas. La destitución de Ousmane Sonko como primer ministro por decisión del presidente Diomaye Faye ha evidenciado profundas diferencias dentro del proyecto político que ambos construyeron juntos. Según distintas fuentes, los desacuerdos acumulados durante meses terminaron siendo irreconciliables.
Diomaye Faye considera que Sonko se ha centrado excesivamente en los grandes discursos patrióticos y en propuestas de difícil aplicación inmediata, mientras que el país necesita respuestas urgentes a problemas concretos como la deuda pública, el desempleo juvenil, la inflación o la gestión de los recursos energéticos recientemente descubiertos. Desde esta perspectiva, el presidente habría optado por una línea más pragmática, nombrando como nuevo primer ministro al tecnócrata y experto en gestión económica Ahmadou Al Aminou Mohamed Lô.
Por su parte, Sonko acusa a Faye de alejarse de las promesas transformadoras que llevaron a PASTEF al poder y de mantener una relación excesivamente cercana con Francia y con los intereses occidentales. El ex primer ministro defiende una agenda más soberanista que incluye una mayor cooperación con países como Mali, Níger y Burkina Faso, la revisión del papel del franco CFA, la retirada de las bases militares extranjeras y un mayor control nacional sobre sectores estratégicos como la pesca y los recursos naturales.
Muchos jóvenes senegaleses consideran que Francia podría estar interesada en evitar un acercamiento de Senegal a modelos como el impulsado por Burkina Faso bajo el liderazgo de Ibrahim Traoré. Sin embargo, más allá de las sospechas y de los debates geopolíticos, la verdadera prueba para el gobierno senegalés seguirá siendo la misma: ofrecer resultados.
Los ciudadanos no juzgan a sus gobernantes por la calidad de sus discursos, sino por los cambios que perciben en sus vidas. Empleo, educación, sanidad, acceso a la vivienda, oportunidades para emprender y perspectivas de futuro para la juventud son las cuestiones que determinarán el éxito o el fracaso de cualquier proyecto político. Sonko seguirá siendo una figura central de la política senegalesa desde la Asamblea Nacional, donde PASTEF mantiene una mayoría parlamentaria suficiente para influir decisivamente en el rumbo del país. Esto significa que, pese a la ruptura, ambos líderes están condenados a entenderse si quieren preservar el proyecto que los llevó al poder.
En muchos países africanos se suele decir que cuando las comadres se enfadan, el niño se queda sin madrina. La sabiduría popular resume perfectamente el riesgo que enfrenta hoy Senegal. Si la rivalidad entre Diomaye Faye y Ousmane Sonko se convierte en una batalla permanente, quienes acabarán pagando el precio serán los ciudadanos que confiaron en ellos para construir un futuro mejor.
Senegal sigue siendo una de las democracias más importantes y estables de África Occidental. Dispone de recursos naturales, de una población joven y dinámica y de una posición estratégica que podría convertirlo en uno de los motores económicos de la región. Pero para lograrlo, sus dirigentes deberán recordar que la historia rara vez premia a quienes llegan al poder prometiendo cambios y terminan consumiendo sus energías en disputas internas.
La esperanza llevó a Diomaye Faye y a Ousmane Sonko al gobierno. Ahora, solo los resultados podrán mantenerla viva.
Trabajadora social, doctorada en Administración y Política Pública por la EHU y activista por los Derechos Humanos