Rojo sobre blanco

Salir del laberinto, por José L. Artetxe

27.01.2020 | 06:22
Asier Villalibre celebra el gol al Espanyol

CON el paso de las semanas, que luego se convirtieron en meses, se hacía más y más incomprensible el ostracismo a que estaba sometido Asier Villalibre. Desde que en mayo ampliase contrato hasta 2023, cuanto sucedía a su alrededor parecía ir en sentido contrario a lo que se interpretó como una firme apuesta de futuro por parte del club. Vivió el verano con pie y medio fuera de Lezama, entre rumores varios sobre una cesión que le sirviera para proseguir con su formación. Finalmente, no se movió. Se habló de la imposibilidad de hallar un destino apropiado después de las malas experiencias anteriores y también de que en realidad era él quien se negaba a hacer la maleta. Hasta mediados de noviembre su nombre no asomó en una convocatoria. Un mes después su presencia en competición se limitaba a cinco minutos. La renovación de Aduriz, anunciada pocos días antes de la del protagonista de esta historia, y la llegada de Kodro en enero, sumadas a la baza de Williams, completaban un panorama desmoralizador para Villalibre.

Ante la perspectiva de que consumiese una campaña en blanco, cobraba sentido la opción de una salida en el mercado invernal, aunque poco antes del parón navideño se percibió un ligero cambio en la situación del canterano. Garitano empezó a darle entrada en su alineación con la disculpa de la Copa, mientras le iba concediendo ratitos en las citas ligueras. Encadenó siete apariciones, objetivamente un avance espectacular, hasta que el pasado sábado salió de titular frente al Espanyol y el chaval ofreció un nivel impropio en un futbolista sin contraste en la élite.

La forma en que celebró su gol permite hacerse una idea de lo que Villalibre ha sufrido estos años en que, por proyección y edad, se hallaba en medio del siempre delicado trance de saltar de las categorías inferiores al primer plano. Desde fuera daba la sensación de que jamás llegaría y que acabaría convirtiéndose en el enésimo caso de jugador que apunta alto en Lezama y a la hora de la verdad es incapaz de asimilar el grado de exigencia que comporta codearse con los mejores. Su condición de delantero alimentaba dicha creencia, a pesar de que quienes le han antecedido en su demarcación en el Athletic necesitaron un período más dilatado que el suyo para dar la talla en Primera División.

Todavía no ha hecho nada Villalibre, salvo demostrar que merece un margen de confianza. Lo merecería por lo apuntado en Cornellá y porque, sencillamente, el club tiene un problema pendiente en su delantera que no se le escapa a nadie que siga con un mínimo de atención las vicisitudes del Athletic y que, por pura lógica, tiende a agravarse según el tiempo avanza. El incuestionable declive de Aduriz, cuya continuidad se enmarca en ese temor que infunde la falta de rematadores; un Raúl García, recurso de urgencia que aún compensa con oficio el desgaste a que se ve abocado y superando holgadamente la treintena; y en vista de que Williams está sumido en la búsqueda de su identidad en el ataque rojiblanco, urge descubrir un relevo.

Es el sino del Athletic, obligado a regenerarse, preferentemente mirando a lo que hay en casa pues la extrema mercantilización del fútbol actual le penaliza para pescar fuera, ni aún con la caja llena. De ahí la perplejidad que provocaba ver a Villalibre sentado en la grada. Cabe imaginar a Garitano debatiéndose entre el día a día, ese calendario que reclama resultados inmediatos que satisfagan las ilusiones deportivas y las metas económicas de la entidad, y la proyección de futuro a la que el Athletic no puede permanecer ajeno. Debe resultar difícil compatibilizar el corto y el medio plazo, pero aplazar esa ecuación es un suicidio. En ocasiones, el entrenador ha transmitido una excesiva prudencia, que incluso se ha interpretado como racanería, en la promoción de los elementos más jóvenes, pero cómo pensar que Garitano no es consciente de cuál es la clave para la supervivencia del proyecto.

Se diría que Villalibre sale del laberinto para correr por la pradera. A ver.