La cumbre del clima en Brasil es un buen momento para reflexionar sobre el daño que estamos haciendo contra nuestro planeta o, por decirlo de una forma más dramática, para pensar sobre la violencia que el ser humano ejerce sobre los ecosistemas que, dramáticamente contradictorio, nos permiten vivir. No será la inacción de los creyentes en la crisis climática lo que solucione el problema si dejamos además que los negacionistas tomen la iniciativa. Y no hay que olvidar que los grandes contaminadores ocupan cada vez más posiciones de poder. Hay que actuar ya.