Ama y Aita recalaron en funcionarios que se sentían servidores públicos y Ama repetía como letanía aquello de “no pagan mucho pero es trabajo para toda la vida”. Yo también he dedicado mi vida al trabajo público, que hoy se paga mejor, y puedo decir que, como mis aitas, sentí el objetivo profesional de lograr más bienestar para mis conciudadanos, quienes, además, pagaban con impuestos mi salario. La mayoría de mis amigos, que trabajaban en el ámbito privado, también tenían como propósito ayudar a la empresa que les abonaba los sueldos. Veo en el funcionariado de hoy en día, y me fijo en los médicos, actitudes que huyen de sentir el servicio público, de vocaciones que, además de cobrar sueldos que valoren su esfuerzo académico y su trabajo especializado, tengan como objetivo profesional atender a los ciudadanos. La actitud del ministerio ante sus demandas es deplorable pero no responde a un dogmatismo igualitarista como alguien lo ha llamado, porque todos los que atienden a la sanidad pública deben responder a un mismo sistema y a iguales objetivos. Todos deben cuidar públicamente de sus conciudadanos y el salario es lo que debe marcar sus diferentes responsabilidades, no un marco estatutario diferencial. Eso sí, los médicos recurren cada vez que un decreto otorga nuevos cometidos a la enfermería, no sea que se les acerquen profesionalmente. Mi trato con la sanidad pública es oscilante, lo mismo mi médica de atención primaria me salvó la vida, que alguna especialista ni me miró o no me comunicó una posible dolencia grave. La primera atendió su función de trabajadora pública, la segunda no pensó que yo era un ciudadano vasco que merecía atención, porque su trabajo es ese, solo ese. En general mi relación con Osakidetza es correcta, espero que así siga siendo.