Premio Fronteras del Conocimiento en Biología de la Conservación

Carlos Duarte: “Hay que recuperar el contrato intergeneracional para dejar un mundo mejor”

Firma: Nekane Lauzirika | Foto: Gorka Estrada  | 22.09.2021

"Hemos perdido aproximadamente la mitad de lo que podíamos llamar el capital natural del océano, pero la buena noticia es la constatación científica de que es posible en una sola generación recuperar la abundancia de vida de los oceános a niveles que podría haber conocido mi bisabuelo. Pero si no somos capaces de revertir los impactos negativos en un plazo de 10 años, el deterioro habrá sobrepasado el punto de no retorno", explica el biólogo marino Carlos Duarte, galardonado en 2020 con el XII Premio Fronteras del Conocimiento en Ecología y Biología de la Conservación de la Fundación BBVA.

El investigador comparte galardón con Terence P Hugles y Daniel Pauly. Los tres han sido distinguidos por sus contribuciones a la compresión de los océanos, y por aplicar ese conocimiento a la gestión y conservación de los hábitats marinos y las pesquerías.

Duarte, que se incorporó en 2015 a la Universidad Rey Abdalá de Ciencia y Tecnología en Arabia Saudí, donde es titular de la Cátedra de InvestigaciónTarek Ahmed Juffali en Ecología del Mar Rojo. Además, es catedrático en la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y en la Universidad de Australia Occidental. Este experto ha demostrado que ecosistemas costeros como las praderas oceánicas y los manglares tienen una inusitada capacidad de absorber carbono de la atmósfera.

Dramatizamos en exceso el deterioro de los océanos y no reconocemos lo suficiente su capacidad de recuperación"

"Nuestra generación tiene una responsabilidad particular en recuperar este contrato intergeneracional en el que los padres se comprometen a dejar un mundo y una vida mejor para sus hijos, algo que ha estado roto durante dos generaciones, que está en riesgo de seguir rompiéndose, pero que tenemos ahora una ventana de oportunidad única para reconstruirlo y poder legar un futuro más saludable a nuestros nietos".

PLANETA OCEANO

Por la importancia del mar, ¿a nuestro planeta en lugar de Tierra no le debiéramos llamar 'Océano'?

— El inventario de exoplanetas crece, pero seguimos sin haber descubierto otro Oceáno, ese que da su color único a nuestro planeta. Por eso sería más razonable conocerlo como planeta océano. Además, ayudaría a entender mejor porqué es realmente único y porqué se ha desarrollado en él la vida.

¿Cuáles son las actuaciones antropogénicas más graves contra nuestros océanos? (plásticos, contaminación química y biológica, sobrepesca, transporte marítimo, destrucción de marismas, manglares y zonas intermareales...)

— Están todas interrelacionadas, pero tienen distintos grados de severidad. La que más daño ha causado, desde luego, es la caza y la pesca, la que venimos ejerciendo desde hace más tiempo, pero que se ha intensificado a lo largo del siglo XX. Ahora hemos empezado a reducir el impacto de la caza, pero también poco a poco de la sobre pesca para llegar a niveles de los stocks pesqueros que puedan ser más compatibles con un estado sostenible de esos recursos. Tras la sobre explotación de caza y pesca, la destrucción de hábitat es un impacto sustancial y hemos perdido aproximadamente la mitad de todos los hábitat marinos importantes para la biodiversidad, aunque estas pérdidas se hayan ralentizado debido a políticas introducidas en los 80 y 90; y está el problema del cambio climático, con una presión más intensa que añadimos sobre el océano, haciendo peligrar el resultado de políticas de conservación, porque el aumento de temperaturas no entiende de límites de áreas protegidas y afecta tanto a áreas protegidas como no. Y padecemos la contaminación como problema antropogénico encallado.

¿Más que el de los plásticos?

— El problema de los plásticos, aunque sea tan visible, tangible y fácilmente perceptible por la población, no está al mismo nivel que los otros en cuanto a la severidad de sus consecuencias sobre el ecosistema marino. Se ha de resolver, para lo que ha ayudado la concienciación cívica, pero no tiene el efecto de los demás.

Como el cambio climático.

— Es un problema creciente en el Océano, sobre todo para algunos ecosistemas que viven en rangos extremos climáticos, como son los arrecifes de coral y los asociados al hielo marino, en el Ártico en particular. Hay otro problema que tradicionalmente se ha olvidado y que es muy importante como es la contaminación acústica de los océanos. Y el doble problema de que, por un lado, estamos introduciendo ruido de forma creciente con la actividad humana y a la vez silenciando a los océanos, porque la pérdida de abundancia de vida marina ha silenciado la banda sonora marina y ha hecho que la comunicación entre animales marinos con sus sonidos para guiar su ecología, esté enmascarado; más aún por esta cacofonía de sonidos que los humanos introducimos en el mar.

LOS BOSQUES COMO ECOSISTEMAS

Habíamos oído del "carbono verde", pero usted introduce el concepto de "carbono azul", ¿qué explica? ¿quizás nos falte educación biológica marina?

— El papel de los bosques como ecosistemas capaces de secuestrar carbono o retirar carbono de la atmósfera y acumularlo en biomasa y también en suelos, es algo que se ha reconocido desde hace muchas décadas; lo que aportamos nosotros es otro color a la capacidad de ecosistemas para actuar sobre el cambio climático, el carbono azul oceánico. Azul para poner en valor el hecho de que los océanos contribuyen de forma decisiva a retirar exceso de carbono de la atmósfera; en ese sentido, tenemos ecosistemas que son los campeones de la biosfera en secuestro de carbono: los manglares, marismas y praderas submarinas. Hasta hace escasamente una década su importancia como grandes sumideros de carbono no se había reconocido. Ahora está claramente establecido y más de 70 países incluyen la conservación y restauración de estos importantes ecosistemas en sus actuaciones para alcanzar los objetivos del acuerdo de París para la estabilidad climática.

Y siendo mucho mayor su eficacia, ¿por qué se han tardado tanto en conocer? ¿Quizás por considerarlos ecosistemas marginales?

— Muchos de esos ecosistemas como marismas y manglares, se consideraban no solo de escaso valor, sino como insanos e insalubres; en muchos casos se talaban. En España se han desecado muchas marismas para convertirlas en zonas de cultivo, pensando que eso iba a generar unas condicione de mejor salud pública. Estos ecosistemas, al estar en la línea de costa, estaban en tierra de nadie. No eran considerados parte del Océano por los oceanógrafos tradicionales, ni tampoco bosques terrestres; estaban olvidados. Hace 12 años publiqué un artículo en el que me refería en particular a las praderas submarinas de posidonia como los patitos feos de la conservación de la biodiversidad, porque entonces ni siquiera a las ONG mediambientales les interesaban esas praderas. Esto ha cambiado y se reconoce su valor.

Carlos Duarte. Foto: Gorka Estrada

Mediterráneo, ¿'mare nostrum o nostri maris cloaca'? ¿Exagero si digo que utilizamos este mar (y otros) como nuestro estercolero?

— Hay puntos negros en todo el océano y en el mar Mediterráneo, pero no les llamaría estercoleros a ninguno de ellos. Creo que dramatizamos en exceso su deterioro porque no reconocemos su capacidad de recuperación o de resiliencia, ni tampoco el hecho de que si reducimos las presiones sobre los océanos, o el mar mediterráneo, podemos recuperar rápidamente la abundancia de vida marina y su estado ecológico positivo, porque tienen muchísima más capacidad de recuperación que los ecosistemas continentales.

Así pues, al hablar de ecología, calentamiento global o biodiversidad, ¿no habría que dirigir el debate más hacia los mares?

— La comunicación de las crisis planetarias inhibe la acción; en este sentido, he publicado en una página web de Naciones Unidad un artículo de un síndrome creciente en nuestra juventud, la ecoansiedad. Porque una gran proporción de jóvenes veinteañeros entiende que los problemas de nuestro planeta son difíciles, dolorosos y por tanto irresolubles; se sienten impotentes para resolver los problemas de forma positiva y eso genera apatía. Se necesitan políticas de choque para que los jóvenes se involucren en estos problemas y vean el Océano como fuente de soluciones para una sociedad que busca desarrollar economías compatibles con un planeta saludable.

‘OCEÁNO 2050’ CON ALEJANDRA COUSTEAU

¿Cuáles son sus planes de investigación? ¿Seguirá en el mar Rojo? ¿Se dedicará más a la divulgación científica de calidad?

— Tengo planes centrados en actuaciones. No me sirve haber propuesto un marco desde la ciencia para generar un océano saludable en el 2050 si no ayudo a que ese marco de actuación se convierta en una realidad. He creado junto a Alejandra Cousteau, la organización Océano 2050, cuyo objetivo es traducir a hechos tangibles la hoja de ruta para conseguir ese océano que necesitamos. También he contribuido al desarrollo de una nueva plataforma del G20 para acelerar nuestra capacidad científico-tecnológica para conservar y restaurar los arrecifes de coral; no quiero claudicar ante la predicción agorera de que perderemos entre un 75-95% de los arrecifes de coral debido a cambio climático; incluso si conseguimos los objetivos de París, no quiero que esa predicción se convierta en una realidad sin presentar una buena lucha. El artículo sobre ecoansiedad lo he publicado con una modelo joven modelo rusa, muy inteligente, que vive en Nueva York, y que ha participado en muchas campañas medioambientales contra plásticos, etc. Estoy muy interesado en el desarrollo intergeneracional y trabajar con las generaciones Z y Alfa para que contribuyan con sus capacidades únicas a resolver problemas.