Aniversario fin de ETA :: Grupo Noticias

DEL INVIERNO A LA PRIMAVERA

Por Iñigo Urkullu

E l 20 de octubre de 2011 fue un día especialmente significativo en nuestra historia. ETA anunció oficialmente el “cese definitivo de su actividad armada”. Fue una noticia esperada. No cogió a nadie por sorpresa. Todas y todos respiramos aquel día aliviados. Éramos plenamente conscientes de que aquel anuncio significaba el fin de un capítulo especialmente negro de nuestra historia y el comienzo de un nuevo tiempo. El duro invierno del terrorismo llegaba a su fin. Respiramos aliviados porque fuimos conscientes de que, por fin, podríamos volar y vivir libres sin el pesado lastre de medio siglo de violencia terrorista.

Han pasado diez años. En el recuerdo, nuestra primera mirada se dirige a las víctimas de ETA. Seguimos recordando a las 854 víctimas mortales; también a las miles y miles de personas heridas, secuestradas, amenazadas, coaccionadas o extorsionadas. Conforman la memoria viva de la peor pesadilla. Ser víctima no otorga la razón política, pero sí referencialidad moral. Las víctimas nos han dado un enorme ejemplo de resiliencia y generosidad. Su derecho a memoria, verdad y justicia se torna en deber para todos nosotros y nosotras. Un deber que no siempre hemos cumplido diligentemente. Hemos pedido disculpas por ello, muy especialmente por nuestra actitud en las décadas de los ochenta y noventa del pasado siglo. Ahora, mantenemos el compromiso con un deber en términos de reconocimiento legal, institucional, social y moral. Felizmente, hemos dejado atrás el crudo invierno y, en estas últimas décadas, se han dado numerosos y significativos pasos en positivo. Hoy las víctimas encuentran en la sociedad vasca la solidaridad, el calor y el reconocimiento debidos.

“Ese cese definitivo fue forzado, fue el resultado de la sinrazón ética, política y democrática del terrorismo”

Iñigo Urkullu

Con motivo de este aniversario es importante recordar que ETA no fue la consecuencia natural de un conflicto político. Fue el resultado de una decisión voluntaria y consciente de utilizar la violencia con fines políticos. Personas concretas optaron por la violencia y el terror, mientras otras muchas, la gran mayoría, en el mismo contexto y circunstancias, la rechazaron de plano. El cese definitivo de hace diez años tampoco fue un acto heroico y no convierte en “artífices de la paz” a quienes más gravemente han vulnerado en Euskadi el derecho a la vida durante cinco largas décadas. Ese cese definitivo fue forzado, fue el resultado de la sinrazón ética, política y democrática del terrorismo. Fue, el octubre de 2011, el resultado de la extemporaneidad de ejercer la violencia con fines políticos en el occidente de Europa en pleno siglo XXI. Fue, también, consecuencia directa del compromiso creciente y la determinación de la sociedad vasca en favor de la paz y la libertad, de la deslegitimación más radical del terrorismo. Este rechazo social fue frontal, creciente y asumido por la inmensa mayoría de la sociedad vasca. ETA fue derrotada por su propio sinsentido.

Fueron muchas las personas, organizaciones e instituciones que contribuyeron decisivamente a hacer realidad el final del terror en Euskadi. Hoy, diez años después, queremos reconocer y poner en valor todas aquellas contribuciones, y rechazar cualquier intento de patrimonializar o instrumentalizar el resultado de aquel compromiso colectivo que propició el cese definitivo, completo, unilateral y sin condiciones de la violencia.

En estos diez años hemos avanzado, el invierno de la violencia ha ido quedando atrás. Euskadi vive mejor, abraza la primavera de la convivencia. La sociedad vasca convive mejor. Caminamos en la buena dirección, aunque también es justo reconocer que muchas de las heridas están todavía sin cicatrizar. Tenemos tarea por delante y la afrontamos con menor tensión, pero con la misma determinación. El Plan Udaberri 2024 para la convivencia, los derechos humanos y la diversidad es la mejor prueba de nuestro compromiso permanente con estos objetivos en el nuevo tiempo. La dura experiencia ha servido también de aprendizaje. No podemos, no debemos, no queremos olvidar, pasar página, hacer borrón y cuenta nueva sin hacer una lectura crítica y ética de ese pasado que nos pesa. Una lectura que nos interpele a todas y todos, pero, muy especialmente, a quienes ejercieron o justificaron la utilización de la violencia con fines políticos. Una lectura crítica y ética que concluya con un simple, claro y sincero: fue injusto. Una lectura crítica que favorezca un compromiso colectivo: anclar nuestro modelo de convivencia en la deslegitimación social y política del terrorismo y de cualquier otra expresión de violencia. Asentar la convivencia en los sólidos principios y valores éticos y democráticos. Este es nuestro compromiso y será nuestro mejor legado.

“Euskadi vive mejor, abraza la primavera de la convivencia. Caminamos en la buena dirección aunque muchas de las heridas están todavía sin cicatrizar”

Iñigo Urkullu

Hoy Euskadi mira al futuro con ilusión y esperanza, somos conscientes del camino que queda por recorrer, pero avanzamos con paso firme y decidido. Podemos y, sobre todo, queremos vivir juntos. Queremos convivir, sobre la base del reconocimiento, el respeto, el diálogo y la empatía. Convivir en una Euskadi políticamente plural y socialmente diversa, solidaria y abierta. Más y mejor convivencia, sustentada sobre el pilar de la dignidad de la persona, de todas las personas; y sobre la protección y garantía efectiva de los derechos humanos, todos los derechos para todas las personas. Es la Euskadi que queremos, la primavera vasca a seguir construyendo entre todas y todos.