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Especial diez años del fin de ETA

Maixabel Lasa y su hija María Jauregi. Foto: Pablo Viñas

Justicia restaurativa: más allá del perdón

La película Maixabel ha puesto en el primer plano el valor y el significado de los ‘encuentros restaurativos’ entre los victimarios y sus víctimas. Con todo, es importante dejar claro que cada experiencia es única e irrepetible

Un reportaje de Javier Vizcaíno

No, no todos los encuentros restaurativos son como los que mantuvieron Maixabel Lasa y el asesino de Juan Mari Jauregi, Ibon Etxezarreta. Es importante que empecemos por ahí. “A la víctima no hay que exigirle nada. A la víctima hay que ofrecerle. A partir de ahí, cada víctima hace lo que considera oportuno. Hay quien les pide que den pasos. Las víctimas no tienen que dar ningún paso que no quieran dar”, asevera Benito Agirre, director de la cárcel de Zaballa, que anteriormente lo fue de la de Nanclares, donde tuvieron lugar algunas de las experiencias más enriquecedoras de la la Justicia restaurativa.

¿De la justicia qué? Aclaremos conceptos. Al final, hablamos de algo bastante simple. “No significa impunidad, sino dar respuesta a una injusticia real, a un daño inmerecido”, explica la profesora de Victimología de la UPV Gema Varona. Es su colega Idoia Igartua, profesora de Derecho Penal y autora de una tesis sobre la materia, la que nos aporta la definición académica: “Se trata del conjunto de prácticas y principios que, utilizando la escucha y el diálogo como herramientas, busca reparar, en sentido amplio, los daños derivados de un delito, dando voz a las personas que lo sufrieron, a las que lo cometieron y a la propia sociedad en la determinación del qué reparar, a quién y cómo hacerlo”.

¿Reparar? ¿Y cómo reparar lo irreparable? “Evidentemente, cuando te han matado a alguien, eso no se puede reparar. Pero la justicia restaurativa, la misma palabra lo dice, pretende restaurar, reparar, aliviar”, dice el juez Jaime Tapia, actualmente asesor de Instituciones Penitenciarias del Gobierno Vasco tras la asunción de la competencia. “A mi me gusta citar a Reyes-Mate -tercia la profesora Varona- que dice que para reparar lo irreparable está la memoria. La memoria es una forma de reparación y de prevención”.

“Para reparar lo irreparable está la memoria. La memoria es reparación y es prevención”

Gema Varona Profesora de Victimología de la UPV

La profesora Idoia Igartua añade otra idea que, como poco, da qué pensar: “Si no puede cambiarse lo que pasó, sí puede transformarse éticamente la viviencia de lo que pasó, en la persona que lo sufrió, en la que lo cometió, en las personas de su entorno y en la propia sociedad de la que ambas son parte, gestionando las consecuencias de una manera responsable y saludable para sus protagonistas”.

Puede sonar a teoría voluntarista, pero hay un puñado de experiencias restaurativas -”No siempre tienen que ser encuentros directos”, nos aclara Jaime Tapia- que se han saldado con un resultado más que satisfactorio. “Tanto por su componente simbólico como por la interpelación social que implica, han probado que ante el delito, ante el sufrimiento que lleva aparejado, son posibles otros abordajes, otros caminos”, señala la doctora Igartua.

Esa utilidad probada para mejorar la convivencia es la que hará incidir en esta vía al Gobierno Vasco, una vez asumida la competencia. “Estas experiencias han ayudado a que tengamos una sociedad más equitativa, más justa y más pacífica. Es la vía por la que hay que seguir”, apunta Jaime Tapia.

“Todas las víctimas tienen la misma dignidad y merecen la misma consideración y respeto”

Jaime Tapia Asesor de Instituciones Penitencuarias

Una vía que va más allá del arrepentimiento del victimario y de la petición de perdón a su víctima. Estos conceptos, que indudablemente están presentes en las experiencias restaurativas, no deben contaminarlas. “Estos términos siguen ligados a lo religioso. Con arrepentimiento, podemos tener alternativas como rectificación, recapacitación oreparación”, apunta Gema Varona. En la misma línea, Benito Agirre añade: “Lo importante no son las palabras sino los sentimientos y las sensaciones que van asociados a esas palabras. Si hay un victimario que me dice que ha llegado un momento en que no soportaba su imagen que le reflejaba el espejo, pues esa persona está arrepentida y de alguna manera le está pidiendo un perdón sincero a la víctima”. Es también la opinión de Jaime Tapia: “Tampoco pretendemos hacer santos o beatos. El resultado final es menos delitos, una sociedad más justa y con menos delitos”.

“Si no puede cambiarse lo que pasó, sí puede transformarse éticamente la vivencia de lo que pasó”

Idoia igartua Profesora de Derecho Penal de la UPV

Otra cuestión delicada es el equilibrio entre la obvia discreción que hay que mantener sobre las experiencias y la necesidad de trasladar a la sociedad su utilidad. El primer mandamiento es huír de las presentaciones morbosas. “Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad -señala Varona- Es importante que se acerquen a los protagonistas dando a entender también que cada proceso es muy personal, que no se puede generalizar”.

En todo caso, nuestros interlocutores tien claro que hay que rendir cuentas a la sociedad sobre los resultados de estos procesos. “Lo que tenemos que hacer los que trabajamos en el sistema penitenciario es transmitir a la ciudadanía lo que se está haciendo”, sostiene Benito Agirre, que recuerda también un principio básico. Todo esto se hace para cumplir con uno de los preceptos del Estado de Derecho: las penas privativas de libertad están orientadas a la reinserción. Estas experiencias se están mostrando como una herramienta muy eficaz en ese sentido.

“A la víctima no se le exige. Hay que ofrecerle. Cada una hace lo que considera oportuno”

Benito Agirre Director de la prisión de Zaballa

Volviendo al inicio de estas líneas, la película Maixabel puede aportarnos las claves fundamentales de qué supone esta práctica que, sin pretender sustituir a la Justicia ordinaria, la complementa y la hace más humana. Siempre, y es un principio que nuestros interlocutores no dejan de subrayar, teniendo claro que no hay dos víctimas iguales.