Unidad: la vacuna para vivir 125 años

Un reportaje de Míriam Vázquez

Los cinco presidentes que ha tenido el PNV y que se encuentran con vida para relatar su experiencia repasan los hitos de la historia jeltzale, que desemboca en el tándem Urkullu-Ortuzar. Ambos han llevado al PNV a sus mayores cotas de representación y, desde su sintonía, son la plasmación práctica del funcionamiento fluido de la bicefalia, un sistema que hace posible el control mutuo. Apuestan por mantener la unidad interna

EL PNV se suele representar a sí mismo como una cadena que no se rompe, como un conjunto de eslabones entrelazados desde su fundador, Sabino Arana, hasta sus líderes actuales durante los 125 años de historia que cumplió el pasado 31 de julio. En el contexto del suplemento por el aniversario del PNV, los micrófonos de Onda Vasca han recogido en un programa especial los testimonios de todos los que han ocupado la presidencia del partido y se encuentran con vida para relatar su experiencia y, además, han retransmitido la primera entrevista conjunta del actual líder, Andoni Ortuzar, y su antecesor en el cargo, el lehendakari Iñigo Urkullu, los dos jeltzales que han afianzado la unidad del PNV y lo han conducido a sus mayores cotas de representación institucional. En ese encuentro se pusieron sobre la mesa las claves que explican la salud del PNV, que la cadena se mantenga sin herrumbre. El PNV cree que siempre se ha situado en el lugar correcto interpretando los deseos de la sociedad vasca y que, en una trayectoria que puede tener errores, ha acertado en las decisiones más relevantes como el rechazo a la dictadura, a ETA o la apuesta por un avance gradual en el autogobierno; que ha sabido sobreponerse, recuperar la unidad interna y aprender la lección tras la escisión de Eusko Alkartasuna; y que ha colocado a las personas en el centro de sus políticas.

Urkullu resalta la apuesta por un avance gradual en las aspiraciones de Euskadi, y Ortuzar ve una trayectoria de aciertos que ahora otros quieren emular con retraso

Urkullu y Ortuzar encarnan el tándem Gobierno-PNV, dos eslabones de acero inquebrantable por la sintonía entre ambos que, a su vez, permite que funcione con fluidez la bicefalia característica del partido: una misma persona no puede ocupar al mismo tiempo la presidencia de la formación y la Lehendakaritza, y ambos planos ejercen mutuamente de contrapeso. Esta bicefalia es, al mismo tiempo, una garantía de control mutuo y democracia interna, pero también un riesgo de choque si no se gestiona bien y no se instala un diálogo constante, como ocurrió con la escisión.

Ortuzar: "El PNV ha sabido estar donde tenía que estar en todo momento"

Precisamente Urkullu alcanzó la presidencia del PNV en 2008 tras otro momento de tensión. Recuperó la unidad cuando tomó las riendas como solución de consenso tras la retirada de Josu Jon Imaz y de Joseba Egibar de la carrera para evitar un cisma en el partido. Ortuzar ha afianzado ese consenso y ha unificado el discurso. El PNV quiere perservar la cohesión y el diálogo que le permiten gestionar su diversidad. Todos están “vacunados” tras la escisión de EA en los ochenta, el gran lunar en la historia del PNV, y no quieren que se repita esa ruptura entre el entonces lehendakari Garaikoetxea y el partido, ocasionada por la Ley de Territorios Históricos y la apuesta del que sería fundador de EA por concentrar el poder en el Gobierno vasco en detrimento de las diputaciones. Ortuzar celebra que en el PNV no se lleven los “personalismos” que imperan ahora en la política, sino que la sigla está por encima de cualquier dirigente.

Hubo dos momentos en que la cadena jeltzale se situó en el centro de una sokatira, con sectores enfrentados que tiraban en direcciones opuestas, y esa división terminó quebrando algunos eslabones. Se vivió en sus albores con Aberri y Comunión Nacionalista Vasca pero, sobre todo, con EA. Ortuzar recalca que la fuerza del PNV es la “unidad”, hasta el punto de que cree que el lema “batasuna eta indarra (unidad y fuerza)” ha mutado a “Batasuna da indarra (la unidad es la fuerza)”.

TÁNDEM La entrevista, conducida por Javier Vizcaíno, reunió a Ortuzar y Urkullu en torno a la misma mesa en Sabin Etxea, la sede del partido erigida en el solar que ocupó la casa del fundador del PNV, y que en las últimas horas acababa de recibir, además, una remesa de artículos de la Fundación Sabino Arana para organizar la exposición Nor gara gu.

Ortuzar desgrana las bondades de la bicefalia, en la que ve un modelo de buena gestión. “Todos los códigos de buen gobierno lo que hacen es repartir el poder. La bicefalia es un reparto para que ninguna de las figuras principales tenga todo en su mano, que el partido no pueda imponer al lehendakari cómo gobernar el país porque el país es más grande que el partido; pero que el partido no pierda la capacidad de tener contacto con la sociedad y de contrapeso”, explica. Urkullu recuerda las crisis del pasado y lo “difícil” que es recomponer relaciones. Ve clave “poder tener ideas diferentes y saber gestionarlas en un contraste compartido”, con una bicefalia que “aporta riqueza, sabiendo cuál es el sitio que corresponde a cada uno” y con un “contraste permanente” entre el PNV y las instituciones para saber qué pide la sociedad.

Pero ambos son los eslabones más recientes de una cadena que se remonta más de un siglo atrás en el tiempo. Haciendo balance, Ortuzar cree que el PNV ha estado donde tenía que estar, aunque en ocasiones esa posición no fuera cómoda: al principio, frente a quienes negaban la identidad vasca, frente a Primo de Rivera, después frente a Franco y a favor de la República, e incluso impulsando el espionaje a favor de los aliados frente a Hitler y Mussolini. Ya en la Transición hacia la democracia, en 1977, abogó por “jugar el partido frente a quienes ponían la pistola encima de la mesa”, y en las décadas siguientes se opuso tanto a la violencia de ETA como a los abusos policiales o los GAL, e hizo todos los esfuerzos para alcanzar la paz en Lizarra o en Loiola. “Hemos acertado la mayor parte de las veces. Nuestros oponentes están dando tarde la misma respuesta que dimos hace dos o tres décadas”, sostiene.

Urkullu destaca la apuesta por avanzar de manera “gradual” en las aspiraciones del PNV, y cree que no se puede hablar de errores, sino de “un acierto paulatino en lo que pide la sociedad en cada momento”. Acaba de comenzar un tercer mandato como lehendakari marcado por el coronavirus, pero recuerda que sus antecesores tuvieron que padecer “la guerra, el exilio, el terrorismo, la crisis en la industria...”. El PNV llega a este escenario “con una salud extraordinaria, unido, con claridad de ideas” y una apuesta por la democracia social.

Ortuzar evoca cómo se afiliaron juntos a mediados de los setenta, y él tenía la sensación de que no había muchos simpatizantes en la zona minera, hasta que acudió al primer Alderdi Eguna en Aralar y conoció a jeltzales de los cuatro puntos cardinales. Después llegaría la escisión de EA, que “nos vacunó a todos para que no volviera a suceder”. Tras escuchar un extracto del cuestionario al fundador de EA, Carlos Garaikoetxea, quien considera que la escisión hubiera llegado de todos modos para crear un espacio al margen del PNV, Urkullu aclara que “las escisiones nunca debieron haberlo sido”.

COSER HERIDAS Román Sudupe fue el encargado de llevar el timón en plena tempestad, desde mayo de 1984 hasta febrero de 1985, cuando se fraguaba la escisión. Entra en el programa de Onda Vasca a través de una entrevista telefónica donde recuerda las “turbulencias” y, como muestra, un botón: él llegó a la presidencia un 16 de mayo, y el 19 “la Asamblea Nacional decidía la autoexclusión de la organización navarra”.

Sudupe valora la capacidad del PNV de recomponerse tras la escisión de Eusko Alkartasuna y que sepa aportar certidumbre en tiempos convulsos

“Una ruptura nunca es buena. Fallamos todos. Las responsabilidades no hay que achacarlas solo a una parte. En el EBB, seguro que fallaríamos en muchísimas cosas, sobre todo en intentar mantener una relación de fluidez con los representantes institucionales, en este caso concreto con el lehendakari (Garaikoetxea), y tampoco había una relación de confianza con la organización navarra después de todo un año de incumplimiento de unos acuerdos de la Asamblea Nacional. Aquello supuso mucho, una pérdida de confianza, hubo una ruptura en Gipuzkoa también muy importante, y el partido se debilitó enormemente. Después vino la escisión. Eso para el partido y para el país fue un desastre”, evoca.

Urkullu: "La juventud vasca debe ver en el PNV a un partido que con principios y conciencia social"

A pesar de todo ello, aclara que el PNV supo recomponerse y “resituarse” (de hecho, también Ortuzar señala en el programa radiofónico que el PNV ha sido capaz de gobernar con su escisión). Sudupe destaca que lo más positivo de la formación en los últimos tiempos ha sido su capacidad para dar “certidumbre al país”, un horizonte de “seguridad”, algo que valora en tiempos convulsos como el actual por el coronavirus. “Los partidos no deben generar más incógnitas ni incertidumbre. El PNV pelea por los intereses del país por encima de los del partido”, defiende.

CONTRIBUIR A LA CONVIVENCIA No es nada habitual que Josu Jon Imaz haga declaraciones políticas. Se retiró de la primera línea tras renunciar a la reelección como presidente del EBB, y se encuentra volcado en sus tareas de gestión al frente de Petronor. Desde la perspectiva que le dan la distancia y el tiempo, analiza en una entrevista grabada para el Grupo Noticias que fue “todo un honor haber podido liderar el EBB en un momento muy convulso”, con el “terror, el radicalismo” haciendo mella en la sociedad vasca. Imaz tomó el relevo de Xabier Arzalluz allá por el año 2004 con el propósito de modernizar el partido, apaciguar el país y abrir un escenario de convivencia, todo ello desde una línea política pragmática. Se implicó en las conversaciones para alcanzar la paz en el proceso de Loiola.

Imaz valora el “esfuerzo por la convivencia y la paz” y “haber contribuido todos a una Euskadi diferente”. Apunta también la satisfacción que supuso “haber pasado el testigo a una persona de valores tan profundos como Iñigo Urkullu”. Sobre la principal contribución que cree que ha realizado el PNV, señala la capacidad que ve en el partido para hacer compatibles el aprecio por la cultura propia y, al mismo tiempo, la apertura al mundo y no vivir de espaldas al resto del planeta. Cree que las personas “amamos lo propio, la cultura”, pero vivimos en un mundo abierto, y el PNV ha sabido “mantener el equilibrio necesario entre el amor a lo propio y la apertura”. También pone en valor la apuesta por situar a las personas “siempre en el centro”.

Ortuzar: "Ojalá disolvamos pronto el PNV porque se han alcanzado sus objetivos fundacionales"

Imaz ha vivido los estragos de la pandemia desde la esfera de la economía. Su posición en este terreno es muy similar a la que ha mantenido el PNV, a favor de preservar el empleo. Recuerda que en pleno confinamiento los camiones necesitaban combustible para llevar alimentos, y las ambulancias también para trasladar pacientes, además de que eran necesarios materiales sanitarios que se fabrican en sus plantas químicas. Además del sufrimiento personal, señala la afección del virus en el empleo.

Tras la intervención de Imaz, Urkullu toma la palabra para evocar cómo relevó a Arzalluz, una figura que no tiene “parangón” y que es imposible sustituir, aunque en aquel momento “se apostó por intentar evolucionar al siglo XXI”, ganar proyección internacional y gestionar un país convulso para abocarlo a la paz. Urkullu relevó a Imaz como solución de consenso tras su retirada de la política y tras el paso atrás de Egibar, que también renunció a presentarse. El proceso para cerrar las heridas y unir a las dos almas, la más pragmática y la más soberanista, desembocó en un simbólico abrazo en 2011 con Xabier Arzalluz, que en los últimos tiempos había protagonizado cierto alejamiento de la dirección jeltzale.

FUTURO El PNV se enfrenta ahora al reto de mantener su fuerza electoral ante las nuevas generaciones, que no viven la política de la misma manera o con tanto poso ideológico porque han nacido en una época en la que ya se encuentran asentadas grandes conquistas del autogobierno y la vasquidad, como las ikastolas, Osakidetza o la Ertzaintza, nacieron bajo su paraguas, y lo que hacen es plantear desafíos de futuro como el empleo o los servicios sociales. A todo ello se le suma el estigma que atribuyen al PNV sus detractores: ser un partido para veteranos y no para jóvenes. Ortuzar se refiere a las dos cuestiones y recalca, por un lado, que los jóvenes han nacido con la ikurriña legalizada y han podido ir a las ikastolas o ejercer su vasquidad, de manera que su relación con la política es más “desapasionada”, y lo que hay que hacer es “estar atentos para dar respuestas a sus problemas”, como el envejecimiento de la sociedad o la baja natalidad. De hecho, esos asuntos han escalado posiciones en el debate interno del PNV para la Asamblea General que ha tenido que aplazarse por el coronavirus, serán temas estrella junto al cuidado del planeta, y acompañarán en los próximos años a las reivindicaciones más históricas de los jeltzales, como el nuevo estatus de autogobierno.

Imaz ve a las personas en el centro de las políticas del PNV, y destaca su capacidad para hacer compatible el amor a lo propio con la apertura al mundo

Ortuzar admite que no es fácil para un joven identificarse con un partido de gobierno porque la juventud se asocia más a la contestación, pero “probablemente el PNV tiene el grupo parlamentario más joven, y el alcalde más joven de los siete territorios”. “Tenemos un partido joven que prima el relevo generacional”, argumenta. Acaba de ser reelegido para afrontar un tercer mandato en el EBB, en una muestra de la cohesión interna que impera en el PNV, aunque pretende aprovechar estos cuatro años para generar el clima necesario que propicie mover el banquillo y dar vía libre a un relevo generacional.

Urkullu, por su parte, se compromete con el ejercicio de la política desde “la honestidad” que, a su juicio, es lo primero. Señala que el PNV combina principios y voluntades: la voluntad de ser, que Euskadi alberga como pueblo; y los principios humanistas. “Construcción social y nacional, en la que el beneficiado sea todo aquel que viva en Euskadi”, resume, y enumera su defensa de la solidaridad, el medio ambiente o la cultura, una apuesta por el desarrollo como pueblo más allá del beneficio personal.

Ortuzar destaca, asimismo, el valor crucial que han tenido históricamente los escaños del PNV en Madrid. “Dicen que nos hemos cargado a un presidente, que hemos puesto a otro... Lo que nos mueve es preservar la identidad vasca, y que esta sociedad progrese”, defiende, para añadir a modo de colofón que, aunque se tomen decisiones que parecen “marrones”, no supone ningún problema siempre y cuando se tenga clara la defensa de la sociedad vasca.

Sabino Arana ▲ 1895-1903.

El fundador del PNV fue el artífice del despertar de la conciencia nacional vasca y la dotó de símbolos.

Ángel Zabala ▲ 1903-1906.

Impulsó la creación de un Archivo-Biblioteca General Nacionalista.

Luis Arana ▲ 1908-1915 Y 1932-1933

Tomó las riendas tras una presidencia colegiada compuesta por Santiago Alda, Alipio Larrauri, Antonio Arroyo, Vicente Larrinaga y Eduardo Arriaga. El hermano de Sabino expandió el PNV y es oficialmente el primer presidente del EBB, que no se había constituido como tal y con ese nombre hasta la fecha. También se crearon el Araba y el Napar Buru Batzar. Su mandato se vio interrumpido y fluctuó por fricciones con el PNV.

Ramón Bikuña ▲ 1930-1932

Bikuña tuvo una breve presidencia entre 1915 y 1917, y fue sucedido por Gorgonio de Renteria e Ignacio de Rotaetxe. Bikuña retomaría la residencia en 1930. Hasta ese año, el PNV vivió una etapa convulsa, con una escisión. El PNV fue refundado como un grupo escindido del partido oficial, que era Comunión Nacionalista Vasca. Tuvo tres presidentes (Juan de Eguileor, Alipio de Larrauri y Ceferino de Jemein) hasta la reunificación bajo el mandato de Bikuña, que había formado parte de la comisión negociadora en este conflicto.

Jesús Doxandabaratz ▲ 1933-1934

Primer presidente navarro.

Isaac López Mendizabal ▲ 1934-1935

Concejal en Tolosa, fue prolífico en obras sobre el euskera y dedicadas a los niños.

Doroteo de Ziaurriz ▲ 1935-1951

Fue presidente del PNV durante la Guerra Civil y parte de la dictadura. Puso en peligro su vida para rescatar de entre las llamas en el bombardeo de Gernika una obra clave para el euskera.

Juan Ajuriaguerra ▲ 1951-1957

Fue uno de los dirigentes más determinantes en el PNV y una figura clave en la clandestinidad durante la dictadura.

Fue decisivo para mantener viva la llama del PNV en el interior, desde Hegoalde. Antes de presidir el EBB, lideró la ejecutiva vizcaina y se situó al lado de la República frente al fascismo durante la Guerra Civil. Negoció el Pacto de Santoña con los italianos y, tras su incumplimiento por parte de estos, hizo huelga de hambre en la cárcel. Pasó por las cárceles franquistas, fue condenado a muerte, y también tuvo un papel clave en las elecciones generales tras el franquismo y en la recuperación de las instituciones y el Estatuto de Gernika.

Negoció la restauración de los derechos históricos. Tras el paréntesis de José Aguerre al frente del EBB, siguió desempeñando funciones en la Ejecutiva.

José Aguerre ▲ 1957-1962

Profesor de euskera, fue detenido por los golpistas tras un asalto a su periódico. Sufrió varias detenciones y era el hombre de confianza de Ajuriaguerra en Nafarroa.

Mikel Isasi ▲ 1971-1975

Tras una dirección colegiada de Joseba Rezola, Jesús Solaun e Ignacio Unceta, Isasi presidió el EBB. Estuvo en el exilio y, al regresar, formó parte del Consejo General Vasco.

Ignacio Unceta ▲ 1975-1977

Fue el primer presidente del partido tras la muerte de Franco, y orquestó un mandato de transición, con una dirección de la que surgirían los futuros presidentes del PNV.

Carlos Garaikoetxea ▲ 1977-1980

Personificó el relevo generacional en el partido. Fue elegido como presidente del PNV con la intención de renovarlo y darle una imagen de modernidad, ante otros dirigentes con una larga trayectoria como Juan Ajuriaguerra. Fue el momento de sentar las bases del PNV en democracia, con la asamblea de Iruñea y la actualización de sus principios, en una línea pragmática. Las tensiones a cuenta de las competencias de las diputaciones forales llevaron a la escisión de EA que fundó él mismo.

Xabier Arzalluz ▲ 1980-1984 Y 1987-2004

Arzalluz venía de representar al PNV como diputado en Madrid (1977-1979), y también condujo al PNV hacia la modernidad y a la legalidad como Ajuriaguerra, desde una Euskadi resistente a la dictadura y golpeada por la crisis económica, hasta una Euskadi que recuperaba sus instituciones y autogobierno.

Alcanzó pactos en el Estado con Felipe González (PSOE) y con José María Aznar (PP), en ese último caso para dar un salto ampliando la capacidad fiscal del Concierto Económico, y también con Arnaldo Otegi, de la izquierda abertzale. Su aportación ideológica fue clave para el PNV. A él se le atribuye haber sido uno de los artífices de que la Constitución de 1978 incorporase la disposición adicional primera sobre los derechos históricos. También participó en la redacción del Estatuto.

Román Sudupe ▲ 1984-1985

Tomó las riendas del partido tras la salida temporal de Arzalluz, y en un momento difícil donde se estaba fraguando la escisión de EA. Tuvo que hacer valer los principios del PNV hasta su salida de la ejecutiva en plena pugna con Carlos Garaikoetxea.

Jesús Insausti ▲ 1985-1987

‘Uzturre’ fue una de las figuras clave del PNV en el exilio, participó en la red de información antifranquista y colaboró con el lehendakari Aguirre en París. Activista por los derechos humanos y sindicalista, luchó en contra del ‘apartheid’ en Sudáfrica. Impulsó el Archivo Histórico del Nacionalismo. Era militante de ELA y defendía la justicia social.

Josu Jon Imaz ▲ 2004-2007

Este líder pragmático asumió la presidencia en un momento en que el lehendakari Ibarretxe defendía el Nuevo Estatuto y el derecho a decidir. Tras algunas tensiones, decidió no presentarse a la reelección, retomó su actividad profesional como gesto de generosidad y evitó un pulso con Joseba Egibar, que también renunció a presentarse.

Iñigo Urkullu ▲ 2008-2013

Fue el candidato de consenso que se encargó de coser las heridas en el PNV, y le tocó hacerlo, además, en un contexto adverso tras la traumática pérdida del Gobierno vasco por el pacto PSE-PP en un Parlamento con la izquierda abertzale ilegalizada. Urkullu hizo valer la influencia del PNV en Madrid para alcanzar acuerdos con el Gobierno español de Zapatero para completar el Estatuto de Gernika, y ofreció en Euskadi pactos de estabilidad presupuestaria. Moderado y pragmático, fue después designado como candidato a lehendakari.

Andoni Ortuzar ▲ 2013-ACTUALIDAD

Ortuzar tomó el relevo de Urkullu y, bajo su mandato, el PNV ha alcanzado sus mayores cotas de representación institucional. También ha recuperado la senda de acuerdos y gobiernos de coalición con el PSE, y ha mantenido su influencia en el Congreso de los Diputados, con acuerdos con Rajoy y Sánchez.

Garaikoetxea: “el tiempo supera las heridas; lo que ocurrió fue inevitable”

Bilbao. Carlos Garaikoetxea (Iruñea, 1938) fue uno de los rostros del PNV en los primeros años de la transición tras la dictadura de Franco. Fue el líder del partido, y desempeñó cargos públicos en un momento clave, marcado por la incipiente recuperación de las instituciones propias: ocupó la presidencia del Consejo General Vasco (el órgano preautonómico antes de conformar el Gobierno) y fue el primer lehendakari tras el franquismo. Su trayectoria en el PNV se vio truncada, sin embargo, por la traumática escisión de Eusko Alkartasuna, que él mismo fundó y que ahora forma parte de la coalición EH Bildu con la izquierda abertzale. Echa la mirada hacia atrás, y dice que “el tiempo supera las heridas” y solo le queda “cierta tristeza de algo que resultó inevitable”: cree que tarde o temprano habría surgido un partido al margen del PNV.

Garaikoetxea acepta responder a un cuestionario de Onda Vasca que repasa los principales hitos de su mandato. Recuerda sus inicios en el PNV y que se involucró “de lleno” como portavoz de la dirección navarra a instancias de García Falcés y los Irujo (Manuel y su sobrino Pello). Fue aupado a la presidencia de la Ejecutiva nacional del PNV (de 1977 a 1980), y niega que existiera controversia, o una alternativa deseada por otros y encarnada en Juan Ajuriaguerra. “Ajuriaguerra era, sin duda, la persona de referencia y autoridad en la clandestinidad. A mí me apoyó desde el principio”, dice, para añadir después que “la decisión tuvo respaldo unánime de todos los representantes de los territorios”. “Aunque yo hice una declaración para que siguiera Ajuariaguerra, él aludió a su cansancio”, zanja.

Recuerda que en la Asamblea Nacional de 1977 se sentaron las bases de la política pragmática por la autonomía, aunque “hubo propuestas para un protocolo interno en el que se afirmara la independencia como objetivo irrenunciable”. En 1979 pasó a presidir el Consejo General Vasco en sustitución del socialista Rubial por el mayor peso que había obtenido el PNV en las elecciones municipales. Pone en valor que presidió “un equipo de concentración donde estaban desde Mayor Oreja de UCD hasta Solchaga del PSN-PSOE y Bandrés de Euskadiko Ezkerra”. Trataron de impulsar el marco estatutario. Él mismo tuvo que ser “la última instancia en la negociación” del Estatuto con el presidente español, Adolfo Suárez, quien le propuso que mantuvieran “una sesión casi permanente en su despacho”.

A Garaikoetxea le tocó perfilar la posición del PNV sobre la Constitución española. Los jeltzales se decantaron por la abstención. Deseaba que los derechos históricos forales “tuvieran que ser objetivo del pacto para su actualización entre los representantes del Estado y del País Vasco”. “No se aceptó ese carácter bilateral y en Madrid tuve que pelear con propios y extraños”, dice. En cuanto a Nafarroa, lamenta que el triunfo de la derecha en las elecciones de 1977 condujera a que la comunidad foral siguiera un camino “aparte” de la CAV. “Posteriormente, yo apunté a fórmulas de corte confederal, hablé de una Dieta Vasco-Navarra, y ahora parece que la izquierda abertzale acepta y propone la confederación…”, defiende.

Cuando pasó a ser lehendakari del Gobierno vasco, tuvo que abandonar la presidencia del PNV para cumplir con la bicefalia. Su elección fue algo “tremendamente emotivo”. Contó con un “magnífico equipo” en sus dos gobiernos.

Sobre las tensiones en el PNV, dice: “El tiempo supera las heridas y solo me queda cierta tristeza de algo que resultó inevitable”. Dice que la crisis la desataron “la expulsión de los navarros, que no aceptaron el apoyo a un representante del antivasquismo más duro de la derecha española y navarra”, y “el choque con las exigencias provincialistas, de las diputaciones forales, especialmente impulsadas por Guevara”. “Fueron utilizadas como un yunque contra mi Gobierno, que se resistía a una regresión neoforalista, que me parecía desastrosa, al tener gobiernos con duplicidad de competencias y recursos, ingobernable y despilfarrador”, sostiene.

“Mirando hacia atrás, con respeto y hasta afecto, sin resentimiento, pienso que, si no hubieran existido esos detonantes de la crisis, el tiempo habría producido el fenómeno inevitable: que además del partido histórico democristiano PNV, que merece todo mi reconocimiento, este país requeriría el nacimiento de una opción soberanista y socialdemócrata, clara en su reivindicación nacional y templada en su reformismo socialdemócrata, que además contribuyera a desterrar el extremismo violento. El PNV tiene su espacio tradicional amplio y seguirá siendo fundamental desde ese espacio político”, argumenta.