Joseba IraragorriHijo de José Iraragorri

“Mi aita fue embajador de Euskadi por todo el mundo”

16.11.2020 | 01:05
“Mi aita fue embajador de Euskadi por todo el mundo”

Joseba Iraragorri, hijo del legendario jugador del Athletic y de Euskadi, recuerda la figura de su aita, uno de los que enamoraron al mundo con la tricolor

Bilbao – "Mi aita tuvo una vida de película", advierte con absoluta devoción Joseba (Galdakao, 4-III-1974), orgulloso a más no poder de la imborrable huella futbolística y personal que dejó José Iraragorri, integrante de la primera delantera mítica del Athletic, de la selección de Euskadi que maravilló al mundo tras huir de Franco y en cuya memoria brilla con luz propia en la actualidad el antiguo caserío familiar, convertido en hotel con restaurante incluido. Idolatrado por el Che Guevara y tormento de Hitler y Mussolini, su historia, de un impacto mayúsculo, merece ser recordada.

¿Le recuerdan a menudo lo mucho que significó la figura de su aita?

—Sí, soy consciente de ello, porque, además, soy periodista de formación y he investigado bastante sobre la gira mundial que hizo con la selección de Euskadi. Por las vivencias de ama y lo que ella nos cuenta siempre, le tenemos muy presente y mantenemos vivo su recuerdo al sentirnos muy orgullosos. Que pasado el tiempo la gente le valore, le reconozca y sepa lo que hizo para nosotros es algo que nos llena de orgullo.

¿Cómo era en su día a día fuera del fútbol?

—Murió por desgracia siendo yo pequeño, pero ama siempre dice que fue un hombre muy tranquilo y orgulloso de su trayectoria como futbolista, como entrenador y por haber sido de los primeros en formar parte de la selección de Euskadi, siendo para él muy bonito poder volver al final a su tierra, a la casa donde nació y crear una familia. Esos valores de lealtad y unión a tu tierra son los que nos inculcó.

El antiguo caserío familiar es ahora un hotel en honor a su memoria.

—Así es. Es la casa donde él vivió y donde nacimos nosotros. Cuando decidimos transformarla en hotel intentamos mantener en la reforma todo lo que pudimos para que siguiera siendo originaria de los quinientos años que tiene. Para la familia era muy importante mantener ese recuerdo vivo y, de hecho, como mi padre siempre jugó con el número ocho tanto en el Athletic como con Euskadi, el hotel consta de ocho habitaciones y el restaurante Petit Komité tiene también ocho mesas en su homenaje. Tenemos, además, una pared llena de fotos de su etapa como jugador, entrenador y de aquella gira con Euskadi, además del escudo. Es una forma de mantenerlo vivo aquí para siempre.

Con el balón en los pies fue un genio. Un elegido.

—Sí, con las estadísticas que traen los nuevos programas informáticos han ido saliendo numerosos récords que tuvo aita. Fue, por ejemplo, el autor del primer gol de España en un Mundial, mientras que el primer repóquer de goles en la liga española también lo tiene él, además de ser uno de los máximos goleadores del Athletic, con el que ganó cuatro ligas y cuatro copas en cinco años. Ganó también una Copa como entrenador, una liga argentina y una liga mexicana.

Hoy vuelve a jugar Euskadi y cabe recordar y reconocer también la aportación de su aita a la selección en plena Guerra Civil.

—Hay un documental precioso de Enrique Ballesteros, un periodista mexicano, que se titula Un equipo de hermanos. Cuenta que cuando hicieron la gira por Europa y América era un espectáculo verlos jugar, porque daban auténticos recitales de fútbol siendo unos portentos físicamente y muy buenos técnicamente. Aita siempre contaba que en Rusia les recibían miles y miles de personas y llenaban campos con capacidad para 40.000 y 50.000 espectadores. Después cruzaron el charco para hacer la gira por América con sus txapelas y sus gerrikos y estuvieron en Estados Unidos, Cuba, México, Argentina...Siguieron llenando todos los campos siendo muy respetados por allí, además de tener entre ellos mismos un gran sentimiento de unión al saber que lo hacían por un fin, que era recaudar dinero para los niños vascos de la guerra, lo cual a mi aita siempre le llenó de orgullo. Yo, como hijo, también me siento muy orgulloso de todo lo que hizo y de cómo lo hizo, siendo un embajador de Euskadi por todo el mundo.

¿Por qué decidió regresar de América cuando todos sus compañeros se quedaron allí por la complejidad del momento?

—Era hijo único, huérfano de padre y su ama estaba sola aquí en el caserío, por lo que para él fue muy importante venir para estar con ella y poder cuidarla. Cuando regresó de América, en un momento muy complicado por lo que se estaba viviendo, tuvo un recibimiento multitudinario en el puerto de Santurtzi.

Vivió momentos históricos en una época muy complicada.

—Tuvo una vida de película, porque de nacer y vivir en un caserío en Galdakao, el fútbol le brindó la oportunidad de recorrer el mundo y hacerlo por una causa muy bonita.

Llegó a ser admirado por el Che Guevara.

—Sí. El padre de Che Guevara les organizó el recibimiento y la gira por el país cuando la selección de Euskadi llegó a Argentina, pero en aquella época los vascos eran como revolucionarios y no interesaba mucho que la hicieran, por lo que a Ernesto Guevara Lynch le dijeron que no eran bienvenidos a nivel político. Estuvieron allí unos meses aun así y el Che Guevara, siendo más bien un niño, quedó fascinado hasta el punto de guardar cromos como los de mi aita al contarle su padre que los jugadores vascos eran gudaris, buena gente y los mejores del mundo jugando al fútbol.

Hitler y Musolini no le admiraron tanto.

—No, porque fíjate qué época fue aquella. Mi aita jugó con España y bandera republicana el Mundial de 1934, en el que les robaron por orden de Mussolini al comprar al equipo arbitral en el partido que jugaron contra Italia. Después, en 1936, jugó un partido en Alemania, siendo la única vez que la selección española ha ganado a Alemania en suelo alemán. Tenemos fotos saliendo al campo rodeados de todas las esvásticas y militares, con Hitler presente en el palco.

Poco o nada tendrá que ver el fútbol que ve en la actualidad con el que le contó su aita.

—Desde luego. Era otra cosa. Aita siempre decía que tuvieron ofertas de muchos equipos y él nunca pensó cambiar al Athletic por el Real Madrid, el Barcelona o ningún otro club. Había un fuerte vínculo emocional con tu equipo, tu gente y tu tierra que ahora se ha perdido en buena medida.

¿Qué sentirá al ver jugar hoy de nuevo a la Euskal Selekzioa?

—Mucho orgullo. Y me encantaría que lograra la oficialidad para verlos competir algún día de verdad. Mi aita y sus compañeros de época dieron el primer paso y ver a Euskadi en algún torneo oficial sería un sueño para mí.

"Euskadi llenaba los campos en su gira; sus jugadores eran muy respetados y entre ellos tenían una gran unión"

"El Che guardaba cromos como los de mi aita; su padre le contaba que los jugadores vascos eran gudaris"

"Mi aita y sus compañeros de época dieron el primer paso y ver a Euskadi en algún torneo oficial sería un sueño"