Rey de la montaña en la Vuelta de 2019 y monarca de las cimas del Giro el pasado año, Geoffrey Bouchard disfrutaba entre los paisajes alpinos hasta que giró el cuello para asomarse a la perspectiva de la persecución, siempre puñetera cuando uno es el fugado. Se le fueron cayendo los granos de arena del reloj. Palidecía el francés. Del deleite anterior no hubo rastro. Del silbido, al balbuceo. Un repecho, donde otros se ahogan, le insufló la vida para suspirar en meta con su bautismo en el profesionalismo.

Bouchard es un profesional tardío. Debutó a los 26 años y en la jornada inaugural del Tour de los Alpes destapó su palmarés. El francés se ganó la victoria pulgada a pulgada. El último superviviente de la fuga apretó los dientes y golpeó el cielo con el puño. Abrió la puerta de su primera victoria. Nada como las primeras veces. Una sensación imbatible.

Bouchard se bautizó en San Martino di Castrozza, el pueblo que nació de la institución religiosa del antiguo hospicio de San Martín y Juliano que acogía a los peregrinos o caminantes. Bouchard escenificó aquellos peregrinajes en una fuga que compartió desde el amanecer con Asier Etxeberria, Zwiehoff, M. Bais, y Rangel, un brasileño en los Alpes. Una distopía. Etxeberria, excelso el navarro en su campaña de estreno con el Euskaltel-Euskadi, tuvo que dimitir cuando Bouchard, el más fuerte de la fuga, emprendió la aventura en solitario.

En el Passo Brocon tomó vuelo el galo, sufriente cuando detectó al grupo de los favoritos salivar. Soportó la tortura. No le pudieron hincar el diente. Bouchard tenía hambre de victoria. En lugar de las campanas de la iglesia de San Martino, con un campanario románico, en honor del francés sonaron los cencerros, el cascabel de las cumbres, la banda sonora que musicaliza un ecosistema bucólico, refractario al bullicio.

PELLO BILBAO, AL ACECHO

En la persecución de los mejores, Pello Bilbao, segundo en la pasada edición del Tour de los Alpes, demostró el reprís que atesora, esa aceleración con la que derrotó a Alaphilippe en la Itzulia. El vizcaino se quedó con la segunda plaza. De paso agarró la saca de la bonificación. Seis segundos para él. El de Gernika es sólido, competitivo y resolutivo. Inteligente, calculador, supo interpretar el final y tomó ventaja gracias al premio de los segundos que repartió la organización. Bardet rascó cuatro segundos. Bouchard lidera la prueba con nueve segundos sobre Pello Bilbao. Mikel Landa acumula algo más de retraso.

Eficaz, Pello Bilbao, que no tiende a los arabescos y a la pose, ofreció otra lección de sentido común y saber estar. "Hemos demostrado lo que podemos hacer", dijo. Camuflado en las tripas del grupo de favoritos, encontró el hueco para acceder a la segunda plaza y situarse en el escaparate de la carrera italiana, que contempló a los favoritos arrullados en el mismo plano. Nadie se descompuso y se vincularon en la misma cordada en la primera jornada de expedición a través de los Alpes, una carrera nerviosa y que sirve como lanzadera del Giro. Varios de los opositores al mayo rosa de Italia se midieron en las distancias cortas.

Pello Bilbao, Bardet, Porte, López y Chaves bailaron sobre la misma baldosa. Landa, Pinot y Carthy cedieron unos segundos. Froome, que dice estar de vuelta, se perdió en el olvido otra vez. Intrascendente, el británico perdió más de siete minutos. En el repecho que antecedía a dos curvas de aviesas intenciones que soldaban el descenso que embocaba en el final, ideadas por un ingeniero de caminos retorcido, ninguno de los candidatos a la victoria final pudo destemplar al resto. Tibieza. Balas de fogueo.

En cualquier caso, Pello Bilbao y Landa respondieron con contundencia a la agitación promovida por Porte, eléctrico en esa clase de subidas. Los favoritos firmaron tablas en el tablero alpino. Bouchard jugaba con negras, pero venció con una movimiento muy lejano. Procedente de la escapada en la que se subrayó Etxeberria, que solo cedió con el ataque definitivo del galo, el corredor con mayor rango de la escapada, Bouchard se bañó en champán. Pello Bilbao no lo probó, pero piensa en él. Burbujeante, se descorchó en el esprint de los mejores. Pello Bilbao avisa en el Tour de los Alpes.