La Vuelta y el Giro chocan en el calendario

La carrera italiana se aferra a las tres semanas, que irían del 3 al 25 de octubre, mientras que la prueba española se situaría entre el 20 de octubre y el 10 de noviembre según el borrador del nuevo calendario

24.04.2020 | 00:14
Roglic, en el centro de la imagen, con el maillot rojo en la última etapa de la pasada edición de la Vuelta. Foto: Afp

Ubicado el Tour de Francia entre el 29 de agosto y el 20 de septiembre, –donde le apeteció a ASO, la organizadora de la carrera francesa– para salvaguardar la endeble salud del ciclismo por culpa de la pandemia del coronavirus, menguó de forma inmediata el espacio para el resto de carreras en un calendario, que de concretarse arrancará en el WorldTour el 1 de agosto. Solo el Tour dispone de fechas concretas entre las tres grandes. A la sombra de la Grande Boucle, el Giro y la Vuelta pugnan para proteger sus intereses y en el último esbozo de calendario, que aún se discute, ambas carreras cruzarían sus caminos durante seis días, entre el 20 y el 25 de octubre, según ha podido saber DEIA.

Los organizadores de la Corsa rosa, que perdieron la Grande Partenza de Budapest (Hungría), donde se iban a disputar tres etapas, no están dispuestos a recortar la duración de la carrera. RCS, ente que traza el Giro, quiere mantener las tres semanas de competición y se ha enrocado en esa posición. No están dispuestos a ceder ni un palmo y su idea es colocar la carrera en octubre, entre el 3 y el 25. Su postura es firme. La decisión italiana, si finalmente se aprueba, colisiona frontalmente con la idea que manejan en la Vuelta a España, que no desea que toda la carrera, que perderá salvo sorpresa su salida en los Países Bajos, transcurra en noviembre, un mes muy limitado por la meteorología, más si cabe en una edición que acampará en el norte.

La organización de la ronda española pretende ubicar la competición entre octubre y noviembre, a modo de bisagra. En principio, las fechas sobre las que se trabajan son las que van desde el 20 de octubre al 10 de noviembre. Sin las etapas de Países Bajos, la Vuelta tiene todos los visos de arrancar con la jornada entre Irun y el santuario de Arrate, en Eibar. La prueba alzaría el telón un martes. La carrera concluiría en Madrid el 10 de noviembre, por lo que no alcanzaría las tres semanas. Posiblemente se quede en 18 días de competición. La Vuelta también asoma como la última prueba del nuevo calendario, que aún está en proceso de debate y podría oficializarse en los próximos días.

Si el Giro y la Vuelta certifican sus fechas, dos de las tres grandes, se solaparán durante seis días, algo inaudito y que refleja el escaso margen de maniobra y las precarias condiciones que el covid-19 ha dejado para armar el mecano de la competición. Ante semejante situación, y con los Mundiales de Martigny y Aigle (Suiza) fijados entre el 20 y 27 de septiembre, las escuadras deberán afinar para elegir en dónde y con qué corredores se presentan en cada frente. Disputar el Giro supondría renunciar a la Vuelta y viceversa, algo que en condiciones normales era impensable. De hecho ese doblete era una alternativa muy válida para aquellos que no tenían intención de alistarse al Tour.

AGOSTO, MES CLAVE Fuera del alcance del radar de las tres grandes, el mes de agosto, punto de ignición del WorldTour, siempre y cuando la situación sanitaria lo permita, se presenta cargadísimo según el borrador que se está perfilando. El 1 de agosto es la fecha fijada para la disputa de la Strade Bianche. Entre esa cita y el 8 de agosto se acomodarían varias clásicas italianas, entre ellas el Lombardía. El Critérium del Dauphiné, prueba que se emplea como campo de pruebas y ensayo general para el Tour de Francia, también abordaría las primeras fechas de agosto. Habitualmente, la prueba concluye tres semanas antes del comienzo del Tour, por lo que la carrera, una de las más prestigiosas del calendario, ocuparía un lugar preferencial en el nuevo ordenamiento. Además, el Dauphiné, es una cita organizada por la misma empresa que diseña la Grande Boucle, la que impone las líneas maestras del ciclismo.

Con un agosto tan apelmazado, repleto de competición, se antoja cada vez más complicado que la Clásica de San Sebastián encuentre un hueco para fijar la cita, algo que Julián Eraso, director de la prueba, ya dejó entrever días atrás en este periódico. La propuesta de los organizadores de la clásica vasca era poder acomodar la carrera en agosto, pero son muchísimas las citas que se centran en ese mes puesto que una vez que comience el Tour, el calendario no dará respiro alguno y serán numerosas las pruebas que puedan pisarse entre sí porque una de las prioridades de la UCI es dar visibilidad a los cinco Monumentos: Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja y el Lombardía. De hecho, en ese escenario, comprimido el calendario competitivo del WorldTour en poco más de un tercio de su duración habitual, la pelea por situar las carreras dentro de las fechas dispuestas es un galimatías y un quebradero de cabeza en el que colisionan demasiados intereses. Sin apenas espacio, el Giro y la Vuelta chocan en el calendario.