Treinta días en barbecho

07.04.2020 | 00:09
Jonathan Rousselle deja una bandeja en el último encuentro liguero disputado por el Bilbao Basket.

El Bilbao Basket no compite desde el pasado 8 de marzo, confía aún en la reapertura de la competición y navega en un mar de incertidumbre que atenaza en mayor o menor medida el futuro de todos los clubes de la Liga Endesa

HAN pasado treinta días desde que el Bilbao Basket saltó por última vez a cancha para disputar un partido de baloncesto. Aquel 8 de marzo que ahora queda tan cerca y tan lejos a la vez, los hombres de negro batieron por un contundente marcador final de 99-72 al Monbus Obradoiro para mantener su extraordinaria quinta posición en la clasificación de la Liga Endesa con un balance de catorce triunfos y nueve derrotas y dos victoria de ventaja con respecto al noveno clasificado, el Unicaja. Aquel día, todo se desarrolló con relativa normalidad en el Bilbao Arena. El covid-19 empezaba a ser algo más que una amenaza lejana, pero más de 8.800 personas se congregaron en las gradas del recinto de Miribilla para ver una gran demostración de autoridad de los de Álex Mumbrú. Disfrutaron de volver a verse triunfantes pese a la venta de Axel Bouteille, su gran referente, de un notable partido de los Ondrej Balvin, Emir Sulejmanovic y Sergio Rodríguez, del creciente acoplamiento al grupo de los recién llegados Tyler Haws y Quentin Serron, incluso del notable partido en las filas visitantes de Kostas Vasileiadis, ídolo eterno para la marea negra cada vez que regresa a Bilbao luzca la camiseta que luzca.

Aquel 8 de marzo, mientras se dirigían a sus casas a comer tras degustar el triunfo deportivo como riquísimo aperitivo, tanto jugadores como aficionados, técnicos y dirigentes intuían ya que aquella maldita palabra que llevaba ya semanas en boca de todos, coronavirus, iba a entrometerse en sus vidas, pero nadie intuía que iba a paralizar la actividad de toda la sociedad de manera tan profunda y durante tanto tiempo. Quien más quien menos intuía la posibilidad de jugar algunos partidos a puerta cerrada, quizás el aplazamiento de un par de encuentros, pero no un cierre a cal y canto de la Liga Endesa –y del 99,9% de las competiciones deportivas mundiales– que tiene ya al Bilbao Basket y al resto de equipos en un barbecho de treinta días al que nadie se atreve por el momento a ponerle una fecha de finalización y que coloca en el horizonte importantes incógnitas deportivas y económicas.

En este mes de confinamiento, el Bilbao Basket ha dejado de disputar cuatro encuentros (visitas a Andorra y Baskonia, como local ante Murcia y Joventut) y ha perdido a un jugador, Tyler Haws, que optó por regresar a Estados Unidos en contra de las directrices proporcionadas por el club. El resto de la plantilla sigue entrenando como puede en sus respectivos hogares con la esperanza de que la competición pueda reanudarse en algún momento, opción que cada vez parece más complicada porque los plazos van alargándose y el calendario no es infinito. La entidad de Miribilla sigue confiando en retomar la temporada y por ello, a día de hoy, no ha tomado el camino del ERTE como otros equipos de la categoría. Su tesorería, como es sabido, no rebosa billetes, pero la venta de los derechos deportivos de Bouteille a Unicaja ha supuesto un magnífico colchón.

Pero las arenas movedizas en caso de que la persiana del curso 2019-20 no pueda reabrirse amenazan a los 18 equipos de la competición, porque entonces pasarán a depender de factores que no están en sus manos. Asumido que los ingresos por taquillaje del tramo final de la temporada regular y de unas hipotéticas eliminatorias por el título están ya perdidos –cualquier posibilidad de retomar la liga pasa por jugar a puerta cerrada–, habrá que ver qué ocurre con el dinero de los derechos televisivos de Movistar, parte fundamental del presupuesto de los conjuntos más modestos, si la operadora se queda sin poder emitir más de un tercio de la competición, y también con los patrocinadores y abonados.

Y las incógnitas no se limitan al presente ejercicio, sino que se extienden también al siguiente y afectan a la totalidad de los conjuntos de la Liga Endesa en mayor o menor grado. No será fácil poner en marcha una campaña de abonos el próximo verano a falta de saber a ciencia cierta cuándo volverán a ser seguros los eventos multitudinarios a puerta cerrada y con los expertos apuntando que nuevos brotes de la enfermedad, y por lo tanto nuevos confinamientos, no son descartables. Tocará estudiar también el músculo financiero que estén dispuestos a aportar los patrocinadores en una crisis general que afecta a casi todos los sectores de la economía y las cifras salariales en el mercado estival de fichajes y renovaciones podrían abrir brechas aún más profundas entre poderosos y modestos.

La entidad de Miribilla mantiene inalterable el funcionamiento de sus engranajes porque cree que el curso podrá reanudarse

Los clubes asumen que las consecuencias de la pandemia también pueden afectar a la planificación y al desarrollo de la próxima temporada