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Mari Puri Herrero, artista: "De niña no me gustaban los juegos, mis recuerdos son siempre con las manos manchadas de colores”

A sus 83 años, la creadora bilbaina sigue trabajando todos los días en su taller de Menagarai

Mari Puri Herrero, artista: "De niña no me gustaban los juegos, mis recuerdos son siempre con las manos manchadas de colores”irekia

Euskadi ha vuelto a Venecia en el marco de la Bienal, uno de los principales escenarios internacionales del arte contemporáneo, cincuenta años después de su primera presencia en 1976. Lo hizo con el proyecto I Baschi alla Biennale 1976/2026, una propuesta que se presentó el 6 de mayo en la ciudad de los canales como un diálogo entre pasado y presente», reuniendo obras clave de la presencia vasca en la Bienal de 1976 junto a creaciones contemporáneas que actualizan aquellos lenguajes desde nuevas perspectivas. Entre las obras destacaba la de Mari Puri Herrero (Bilbao, 1942), de la que se expuso su obra sobre el Proceso de Burgos (1971), el juicio sumarísimo contra 16 miembros de ETA durante la dictadura de Franco que acabó convirtiéndose en un símbolo de la represión del régimen.

En aquella época estaba en París, donde vivía con mi marido (Alfonso Pérez-Agote Poveda), que mantenía un vínculo profesional y académico muy estrecho con la sociología francesa. Poníamos Radio Nacional para tener noticias de lo que pasaba aquí, era un momento de una tensión tremenda. Y tenía que pintarlo. Era un poco dibujo automático, con cosas que se me ocurrían mientras oía la radio”, confiesa la creadora bilbaina en un pequeño descanso de su intensa actividad creativa en su casa-estudio situada en Menagarai.

Una necesidad vital

Mari Puri Herrero es una de las creadoras más admiradas y reconocidas de la escena artística vasca. A sus 83 años, sigue trabajando frenéticamente; para ella pintar y dibujar es una necesidad vital. Es también grabadora y escultora, pero la pintura ha sido el centro de su trayectoria, la disciplina que considera atávica y que cree que no tendrá fin. “Me levanto prontísimo y estoy aquí prácticamente toda la mañana y la mayor parte de las tardes. Me gusta mucho pintar con la luz natural; he creado alguna obra con luz artificial, pero rara vez. También paso muchos meses en Madrid donde tengo otro estudio. Me gusta alternarlos porque así dejo un poco reposada la obra que estoy haciendo y cuando vuelvo, la veo con ojos nuevos y eso siempre es interesante. Normalmente, los veranos los paso aquí y los inviernos, cuando los días son tan cortos y tan oscuros, en Madrid”, explica la creadora bilbaina. 

Así transcurre su vida, pintando, dibujando, repasando cosas que ha hecho, dejándose absorber por ese territorio íntimo que siempre ha sido el arte. “Pero es lo que me gusta y cada vez disfruto más con ello. Al principio, te interesa todo, luego ya vas seleccionando y vas centrándote en lo que de verdad importa”, reconoce.

¿Y en qué está trabajando en la actualidad? “Continuo interesada en las figuras, siguen siendo importantes en mi pintura. Aunque en estos últimos 4 años se han convertido en algo más fugaz, siempre aparecen por algún lado, aunque estén más escondidas. Pero ha tomado más importancia la naturaleza. Me ha envuelto mucho, me ha impresionado siempre. Yo, la verdad, nunca he hecho un salto al vacío en mi obra, al contrario de otras artistas que rompen e inician otro camino”, dice. Ella, en cambio, habla de continuidad, de una evolución silenciosa. Desde que comenzó a exponer en 1963, su obra ha cambiado lentamente, desplazándose hacia nuevos colores, técnicas y atmósferas sin perder nunca del todo su identidad. “Vas encontrando la manera que te conviene en el momento, las técnicas, los colores...”, asegura.

La última vez que expuso fue en 2023, cuando meses después de recibir el Premio Gure Artea, la artista bilbaina regresó a la Galería Arteko de Donostia para exponer su obra reciente, realizada en su mayor parte sobre papel. “Sé que tengo algunas exposiciones previstas, pero trabajo más a gusto cuando no pienso en ellas. Cuando estoy pintando, me distraen mucho”.

La creadora bilbaina confiesa que nunca ha querido imponer al espectadorlo que tiene que ver en su obra. “El hecho de sacar los cuadros de casa aporta otra mirada. Miro las obras en la galería y están distintas a cómo se pueden ver en el estudio. Por eso, me parece bien que el público tenga una visión diferente a la mía, no quiero que vean algo premeditado. Lo bueno es que la gente las contemple con sus propios ojos, con sus propias experiencias porque el arte tiene que ser así”.

De Bilbao a Madrid... y al mundo

La infancia de Mari Puri Herrero transcurrió entre la Casa Montero, en el número 34 de Alameda Rekalde y el internado de las Irlandesas en Zalla. Siempre ha reconocido que fue una mala estudiante. Se dedicaba a pintar y a dibujar, le gustaban los colores, los pigmentos, las tierras, la luz, las ilustraciones de los libros... En sus recuerdos de infancia aparecen siempre sus manos manchadas de colores. “A mí no me gustaba ni jugar con muñecas ni a ningún otro juego. No destacaba en ninguno de ellos, pero tampoco me importaba porque con lo que me lo pasaba bien era pintando. No tengo en la memoria cuándo empecé con el gusto por el dibujo, por la pintura. De todos modos, estoy segura de que siempre hubo algo, porque, sin ser muy consciente, con cualquier cosa que me cayera en las manos, con las tizas, con la tierra... empezaba a trabajar con ello”, confiesa. 

Mari Puri Herrero comenzó su trayectoria artística a principios de la década de 1960. Pronto hizo la maleta y se marchó de Bilbao, se formó en Madrid y, gracias a una beca de la Diputación de Bizkaia y el Gobierno holandés, continuó su formación en Ámsterdam. Amplió sus conocimientos de pintura y grabado y viajó por Europa. En 1982 se catalogó su obra gráfica y en 1992 sus dibujos. Por su lápiz de dibujante y su sensibilidad de grabadora, siempre ha pasado la realidad. 

"Me sorprende el éxito de Marijaia'

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En los años 70, aceptó el encargo de crear la Marijaia festiva, símbolo de la Aste Nagusia de Bilbao y cada mes de agosto renace de sus cenizas. “No soy una persona de fiestas, soy bastante aburrida, aunque no me aburro jamás; me voy a la cama muy pronto, soy bastante solitaria, me molesta el ruido y la diversión no me hace mucha gracia. En cambio, es sorprendente que la gente amante de la diversión haya aceptado Mari Jaia como un símbolo de las fiestas”, añade.

¿Y qué le pide a la vida Mari Puri Herrero? “Seguir pintando, no tengo un motivo para cambiar”, dice categóricamente.