Periodista y euskaltzale

Josu Torre Altonaga, el alma de la 'Fiesta' (cartas desde la Estafeta)

31.07.2020 | 00:09
Josu Torre falleció el 7 de julio a los 72 años en Mungia.

Tituló su última colaboración con DEIA Gaixoa ni!, expresión que en castellano se traduce como Pobre de mí, en referencia al final de las fiestas de San Fermín, de las que Josu Torre era un enamorado declarado. Pobres de nosotros, pensaron su familia y amigos, porque el corazón del periodista y euskaltzale de Mungia dejó de compartir vivencias curiosamente el pasado 7 de julio, de madrugada.

Otro apasionado de los Sanfermines, el célebre literato Ernest Hemingway, escribiría que la calle Estafeta debe su nombre a que en ella se instaló la primera estafeta de correos de Nafarroa en el siglo XVIII. Si coinciden en algún lugar Hemingway y nuestro Torre, Josu ilustrará al barbudo cano que el vallado es de madera de pino roncalés u oscense, y algunos tablones veteranos de madera de olmo tienen más de cien años de antigüedad.

Y a través de misivas enviadas desde esa estafeta hasta tal punto de encuentro, las amistades que Josu cultivó con interminables charlas y carcajadas, el vizcaino finado a los 72 años sabrá que, por ejemplo, sus amigos le echan en falta de forma infinita. A él, de apellido materno Altonaga, a quien entabló complicidades con Gabriel Aresti, a quien fue eslabón en la revista Anaitasuna de Euskaltzaindia, al cronista de partidos de pelota, música o bertsolaritza.

Así, por ejemplo, su compañero coordinador del contenido de Iri-tzia en este diario, Jose Uriarte, remite que todo cuanto puede decir de Torre es "todo bueno". Y ahí, el zornotzarra subraya tres ejes: euskera, periodismo y talante empático. "Era un enamorado del euskera, de su euskera, que sonaba igual hablado que escrito, con la dificultad que eso entraña siempre", arranca y continúa con su análisis: "Un periodista dispuesto siempre a escribir, a opinar, a decir lo que pensaba y sentía, que nunca decía que no a la petición de un esfuerzo, de un artículo, de otra columna".

Y Uriarte completa su txanpa final con la arista humana de su colega. "Sobre todo, era un hombre preocupado y ocupado: por su entorno, sus compañeros, nuestro país en toda su diversidad y expresiones, desde el deporte, especialmente la pelota, a la política, por la cultura, por la sociedad y su deshumanización€".

Torre fue militante de la izquierda vasca, tanto en Aralar como Podemos. Fue protagonista, además, de lo que en su momento fue inaudito: ganó, se estima, la primera condena por torturas al cuerpo de la Guardia Civil. Le detuvieron porque su hermano era miembro de ETA. Así, lo daba a conocer otro compañero de redacción como es Kike Santarén, adjunto al director, quien también le manda acuse de recibo. "Josu fue para mí un maestro y compañero en lo profesional y siempre estuvo cerca para lo que necesitara en lo personal. Un referente en el modo de abordar, entender y difundir la cultura vasca, con un euskera a la vez jatorra y exquisito, algo nada sencillo", subraya y va más lejos en su recuerdo: "Tenía carácter. Un par de veces discutimos y me enfadé un poco con él, era tozudo en algunas cuestiones. Pero era imposible mantener el enfado mucho tiempo, enseguida te volvía a cautivar con una sonrisa o un chiste. Era lo que yo más aprecio en alguien: buena persona".

Buena persona y que sabía disfrutar. Un ejemplo es que también se le recordará como activo miembro de la konpartsa Txomin Barullo. "No se perdía una sola Aste Nagusia de Bilbao", agrega Santarén quien le cede la pluma a la también periodista Itziar Gorospe para seguir escribiendo carta desde la Estafeta. "Josu era un disfrutón que exprimía al máximo las reuniones de amigos. Con él descubrí lo que era disfrutar de Aste Nagusia en los inicios de los años 90 desde su txosna de Txomin Barullo", apunta quien compartió redacción en El Mundo y en DEIA. "Marino mercante, agricultor, irakasle en AEK, periodista... Yo –enfatiza Gorospe– siempre me reía con él porque le había dado a todos los palos laborales. Y en todos fue un maestro. Ahora, su vida estaba centrada en su grupo de teatro y en sus nietos".

Y, mientras tanto, ya tenía un encargo más en este diario: escribir en vez de una vez a la semana en la tribuna coral titulada Zirrikituetatik begira, hacerlo por partida doble, los domingos también para una sustitución. Pero con el Pobre de mí, se recibió el día anterior su último email, es decir, su carta del siglo XXI. Bien lo sabe, la compañera de la sección de Cierre Irantzu Ayestaran. "Creo que Josu Torre ha sido el único de los periodistas con los que he trabajado que no me ha hecho esperar por sus escritos. Estoy segura de que en su día a día era madrugador, porque siempre me mandaba sus colaboraciones con días de antelación e impolutos. Ni una coma había que corregirle. Y mejor que no lo hicieras, porque su genio era igual de vivo que esos ojillos sonrientes que se gastaba", sonríe la bilbaina.

Además del cariño (de)mostrado por sus compañeros en los medios de comunicación, en su pueblo fue profeta. El popular músico Rafa Rueda le manda circular con sello personal. "Josu era una buena persona, de corazón generoso, euskaltzale, kulturzale, salsero. Era muy de su pueblo, pero siempre abierto al mundo. Ha dejado un gran vacío en muchos corazones y los de Mungia también le echaremos mucho en falta", aporta mientras imaginamos que Torre y Hemingway siguen de charleta recordando la cita ilustre del escritor estadounidense que tituló a una de sus novelas Fiesta: "La gente buena si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre". Josu, sonriendo, asiente mientras siguen llegando las cartas de aquella estafeta. Nunca dejarán de hacerlo.

Las amistades que Josu Torre cultivó con interminables charlas y carcajadas le echan en falta de forma infinita


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