El callejón de las botxerías

¡Lo que dan de sí cinco minutos!

09.02.2020 | 01:29
Iñaki Alegría, Marta Prieto, Anabel Prieto, Susana Prieto y Boni Prieto, junto a uno de los modelos de Lotus expuestos. Fotos: José Mari Martínez

LA hermandad entre los motores y la aerodinámica, fórmula que da de sí para la creación de un coche deportivo como Dios manda (si no es mucho suponer que Dios ejerza de ingeniero...) logra que la velocidad se convierta en un artículo de lujo o vista de esmoquin. De todo ese universo de rayos y centellas, aceleradores a fondo y siluetas apasionantes se habló ayer en un nuevo concesionario, Lotus Carwagen, donde la santísima trinidad laica de la escudería Lotus -Elise, Evora y Exige- se luce en 1.300 metros cuadrados dispuestos como si fuesen una pasarela de París. Según advierten los gestores, los coches expuestos llevan chasis de fibra y fibra de carbono, motores centrales y propulsión trasera. Tanta que se aconseja disfrutarlos en un circuito, como si estos coches deportivos cogiese el reprís necesario para alcanzar la luna. Se hablo, del mil por hora, ya digo, aunque no faltó quien recordó al piloto australiano Frank Gardner y su sentencia morrocotuda: para llegar primero, primero hay que llegar. Buen consejo aunque los locos de la velocidad tuerzan el morro. No diremos quién lo dijo para no señalarle.

De todas las cualidades de Lotus sabe mucho Iñaki Alegría, director comercial del nuevo concesionario puesto en pie, por el empuje de Boni Prieto y sus hijas Anabel, Sonia y Marta Prieto, ayer presentes en el despegue junto a su madre Ana Rovira, y el consejero del Grupo Carwagen Vicente Adrián. Hombres que aman la velocidad de las ruedas como el piloto de rallies Javier Villa y el piloto de motos Herri Torrontegi, y hombres que aprecian la velocidad de los puños como los púgiles Andoni Gago y Jon Míguez, que acudieron a la cita acompañados por Brian Smith; el entrenador Txutxi del Valle y Pedro Aketxe entre otros.

¡pisa el acelerador! ¿Cómo podemos conocer los límites si no tratamos de sobrepasarlos?" se preguntó en cierta ocasión Gilles Villenueve. Ayer ocurrió algo así, el aliento que impulsaba al Grupo Carwagen respondía, en la tarde, a un viejo impulso: ¡Pisa el acelerador! Todo ello lo vivieron, de manera trepidante, los ayer presentes entre los que se encontraban Raúl Pradales, Lorena Corral, Pedro García, Juan Zubeldia, Josu Molinos, piloto de DEIA; Alberto Negro, Alberto Martín, Óscar Moro, Álvaro Tejera, Ibon Molinos, Kepa Amantegi, Naia Solaun, José Andrés Etxebarria, Iñigo Olaizola. Ander Etxebarria, Daniel Martínez, Iban Famoso, Ángel Llaguno, Asier Molinos, Mikel Aranguren, Aitor Mendizabal y un buen puñado de hombres y mujeres prestos a vivir la conducción al filo de la navaja. Ese vértigo que empuja a los amantes de la velocidad es contagioso. Tanto que el cronista, amante de la cámara lenta, oyéndoles a los presentes, se acordó de aquello que dijo Mario Benedetti de que cinco minutos bastan para soñar toda una vida. Cinco minutos a bordo de un Lotus te da no para una sino para dos vidas. O eso creo.