"El poder venir al centro social me ha dado la vida en este año de pandemia"

Más de medio millar de usuarios han vuelto a los centros sociales jarrilleros

15.06.2021 | 00:59
La labor del personal de Acción Social jarrillero hizo posible la rápida reapertura de los centros sociales tras el confinamiento para beneficio de los usuarios. Foto: Miguel A. Pardo

Portugalete – Desde hace casi año y medio, la sociedad vive pendiente de las cifras de contagiados y muertos por el coronavirus, sigue de cerca las restricciones que se aplican... Se habla del daño físico y económico que está generando la pandemia, pero ha quedado en un tercer plano un aspecto tan importante como es el daño que todo lo que se está viviendo está generando a nivel mental. Aislamiento, estrés, tristeza y la imposibilidad de dar un beso o un abrazo hacen que el golpe a nivel emocional esté siendo inmenso. Todo esto se multiplica en el caso de las personas mayores que, en muchos casos, viven solas o con dependientes.

Tradicionalmente, los centros sociales han sido un punto de encuentro de las personas mayores, un lugar de socialización y de desahogo, pero que en marzo del pasado año, tuvieron que ser cerrados. Dos meses después, el 11 de mayo de 2020, el Ayuntamiento de Portugalete decidió reabrir estos espacios siguiendo todas las medidas de seguridad. Segun es una de las usuarias que, tras la reapertura, apostaron por volver a estos centros sociales. Al igual que ella, más de medio millar de personas, de los más de 1.700 usuarios con los que cuentan estas instalaciones en una época normal, decidieron volver. "A mí poder volver aquí me ha dado la vida. Vivo con mi marido que es dependiente y el tener un rato para desconectar y estar aquí y recibir el cariño y la atención de las cuidadoras y compañeras te anima y te reconforta", explica esta mujer que participa en los talleres de pintura y de memoria. El de Segun es uno de los casos que pone en relieve la importancia de estos centros, de estos espacios que son de socialización, sí, pero en situaciones como la actual se convierten en lugar de apoyo y de respiro.

Asimismo, Fina, otra de las usuarias de los centros sociales de Portugalete, destaca por ser una mujer muy activa. No en vano, ha hecho de figurante en varias series y películas y es una persona inquieta. Todo eso se frenó en marzo de 2020, tocaba recluirse en casa y tocaba hacerlo lejos de la familia. En el confinamiento, la soledad y el no poder estar con los suyos hizo que los pensamientos se multiplicasen y, con ello, por desgracia, las preocupaciones. "Estoy agradecidísima a que decidiesen reabrir el centro porque yo, personalmente, estaba muy mal. Se me venía el mundo encima. Al principio, solo salía a por el pan y luego cuando salía a la calle sentía como si me fuese a explotar la cabeza. Tengo familia en A Coruña, Lugo, Santander... Al principio no podía ver ni a los familiares que tengo en Barakaldo y eso era muy, muy duro. La ayuda que nos han dado aquí ha sido tremenda. Hemos estado escribiendo en un libro la experiencia que hemos vivido durante este tiempo y eso, también, me ha ayudado".

Además, actividades como la gimnasia y los diversos talleres que se han desarrollado han servido para, por un lado, hacer que las personas mayores desconecten por un ratito de la dura realidad actual y, por el otro, que liberen esa adrenalina, esa tensión que esta situación está generando.

Por su parte, Pili es una de las usuarias más activas de los centros sociales de Portugalete. "Me apunto a todo lo que puedo y, en algún caso, si veo que hay gente que se anima a participar y que no suele participar tanto, pues doy un paso a un lado para que todos tengamos oportunidad de participar en actividades", explica esta mujer. Ahora, sin duda alguna, debido a las restricciones es más complicado poder formar parte de estas actividades, puesto que se han reducido los grupos a un máximo de cinco personas para garantizar la seguridad ante el coronavirus. Y lo han conseguido con estas medidas, ya que en casi año y medio no se ha registrado ningún positivo entre los usuarios de los centros sociales de la villa jarrillera. "Venir al centro social nos ayuda a hacer grupo. De hecho, mantenemos el contacto con la gente que aún no ha decidido volver. Estamos en contacto, hablamos, nos animamos, nos escuchamos... Y eso es algo que creo que nos viene bien a todos. A mí me ha servido de mucho poder venir aquí a hacer actividades porque te olvidas por un rato, desconectas de todo lo que por desgracia está pasando ahí fuera", indica Pili.

Paquita es otra de esas usuarias que durante el confinamiento no pudo ver a sus familiares. "Cada uno vive en un sitio y ellos han hecho que estemos con gente... Siempre siguiendo todas las medidas y eso me da mucha tranquilidad. Gracias al trabajo de mucha gente hemos podido seguir viniendo aquí y eso para mí significa tener algo que hacer y eso te organiza un poco la vida", subraya esta usuaria.

Constante adaptación En todo ello, la labor de las profesionales que dirigen e imparten los talleres de los centros sociales ha sido primordial. Han tenido que saber adaptar las sesiones, su labor diaria no solo a las normativas cambiantes en cuanto a las medidas a tomar a causa de la pandemia, sino también han tenido que saber enfocar su trabajo para dar un beneficio, sanar el alma de estas personas para las que el confinamiento, el miedo al contagio y el no poder estar con los suyos ha sido una pesada losa. "Durante estos meses hemos escuchado muchas vidas, muchas vivencias y las acabas haciendo tuyas porque quieres a las usuarias, son como de tu familia. El hecho de que pudiesen venir a los centros sociales ha sido una forma de poder hablar, compartir, encontrar cariño... Estamos muy agradecidas porque vemos que, también, gracias a ellas, toda la labor que hemos realizado ha llegado a buen puerto", explica Alba Bea, una de las trabajadoras sociales de estos centros.

"Este es un trabajo muy agradecido. Todo lo que hacemos es por y para ellas y, además, tienen una gran confianza en nosotras y eso ayuda", señala Nagore Trinidad, otra de las trabajadoras sociales de estos centros que, más que nunca, en tiempos de pandemia han servido para socializar, para hacer terapia colectiva ante una pandemia que más allá del daño físico, está haciendo un importante daño a nivel mental. Sobre todo a los más mayores, aquellos que con más temor están viviendo esta pesadilla.

"Venir al centro social nos ayuda a hacer grupo. Eso es algo que nos ayuda a todos"

PIli

Usuaria de los centros sociales

"Durante este tiempo hemos escuchado muchas vivencias, son como de nuestra familia"

Alba Bea

Trabajadora Social

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