En el último frente vasco de 1937
El segundo congreso organizado por el Museo de las Encartaciones actualiza estudios sobre la Guerra Civil
Barricadas en Zalla, soldados explotados como presos en las minas de Gallarta, el puente de La Conchita de Sodupe destruido en un intento desesperado de cortar el paso al enemigo, tanques camino de Gordexola y el centro de este municipio tomado por las tropas franquistas. El mismo destino que se abatió, el 29 de junio de 1937, sobre una villa de Balmaseda que aún lucía en fachadas cerca de la plaza de San Severino carteles alusivos a la República. Lo muestra una de las fotografías, muchas de ellas inéditas, que forman parte de la exposición que acoge el Museo de las Encartaciones. Escalofriante confrontar con estas 26 imágenes lo que relataron los quince ponentes del segundo congreso sobre la Guerra Civil y la represión de la dictadura en la comarca –Encartaciones históricas aglutinando Ezkerraldea y Meatzaldea– organizado por la entidad perteneciente a las Juntas Generales de Bizkaia. Una cita con nutrida asistencia que sirvió para poner al día investigaciones en torno a una materia sobre la que apenas se había indagado hasta hace diez años.
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Y eso que fue el último frente vasco en activo durante la contienda. Padeció “combates y bombardeos” desde la caída de Bilbao el 19 de junio hasta agosto de 1937, con los coletazos finales en zonas rurales, según contó Fernando Obregón Goyarrola, quien centró su intervención en la parte occidental de Enkarterri. Municipios eminentemente agrícolas y ganaderos con núcleos de población dispersos y conservadores en lo ideológico.
Tras cruzar Balmaseda y Sopuerta, la línea de acción bélica “quedó estabilizada siete semanas en Artzentales: desde la contraofensiva republicana el 6 de julio” que perseguía recuperar posiciones en Madrid hasta “la retirada a Santander el 23 de agosto”, explicó el investigador, que documenta ataques y víctimas en Euskadi y Cantabria desde hace veinte años. Proyectó varias instantáneas en las que se aprecia un infierno a punto de desatarse por las bombas. Su hallazgo por Xabier Irujo ayudó a tomar conciencia de que la Guerra Civil también arrasó Enkarterri cuando miles de refugiados se encontraban en la comarca. Y también el gobierno del lehendakari Aguirre, que buscó refugio en el palacio La Puente de Turtzioz, lo que pudo haber intensificado la furia de la aviación. En el caso de Karrantza y el papel del balneario de Molinar como hospital se centraron Jon Ortiz Domínguez y Rafa Arriola San Sebastián.
El historiador Xabier Herrero Acosta desentrañó el abastecimiento del engranaje de la guerra y cómo desde el Gobierno Vasco se impulsó la movilización de industrias que fabricaran no solo “cascos, cartucheras, cinturones, botas de goma, alambres de espino, granadas... “ en “nombres que se repiten como La Naval, Altos Hornos o Babcock Wilcox”, sino también desde el textil de “La Encartada de Balmaseda o La Conchita de Sodupe”.
Entre los objetos que se producían, máscaras para protegerse de un eventual uso de armas químicas, señaló Juan Pablo Domínguez Varona, Triskel, investigador de Aranzadi. Incluso existía un servicio preparado para neutralizar este tipo de elementos y prestar atención sanitaria en caso necesario, prevenidos por la experiencia de la Primera Guerra Mundial. Tan solo en 1937, “el bando republicano disponía de 118.073 máscaras antigás”, dio a conocer.
Cinturón de Hierro
La mayoría del cemento que salió de las fábricas estaba asignado al Cinturón de Hierro, la fortificación “de ochenta kilómetros de perímetro” diseñada para proteger Bilbao, recordó Aitor Miñambres Amezaga, director del Museo Memorial del Cinturón de Hierro. En Enkarterri se conservan tramos en buen estado en Galdames, Gordexola o Güeñes, algunos prácticamente intactos.
La jornada comenzó repasando el clima social y político de la República de la mano del investigador Eduardo Renobales Martín. Episodios como la detención de un hombre en la romería de El Sel, Sopuerta, a quien la Guardia Civil acusaba de portar un arma y su muerte posterior envuelta en misterio a consecuencia de la infección de una herida en el muslo, que podría haberse tratado de no haber permanecido durante horas abandonado en un caserío hasta que fue trasladado al hospital por un concejal del PNV, evidencian una creciente tensión que terminó de estallar con el golpe militar del 18 de julio de 1936.
También intervinieron el director del museo, Javier Barrio Marro, Luis Alonso Pascual, Juan Ignacio Rodríguez Camarero, Josetxo Álvarez Gutiérrez, Jon Penche González, Mikel Diego Barajas, Mónica Calvo Ortiz, Javier de la Colina Aranzeta, Juantxu Zorrilla Ruiz y Zunbeltz Matabuena Yarza, de la Asociación Memorialista Balmaseda 1937.