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La Maskarada, lista para hechizar Lamiako el viernes

La representación alcanzará ya su 48ª edición con las nuevas generaciones implicadas en su inmortalidad

La Maskarada, lista para hechizar Lamiako el viernesM. H.

Lamiako celebrará, disfrutará y sentirá su Maskarada el próximo viernes, el último que desprende de mayo, como es legendario. Será la edición 50-2, porque es imposible no pensar ya en ese admirable medio siglo de andadura que alcanzará la cita en 2028 –vayan aquí todos los hechizos y encantamientos de las lamias posibles para que no haya ningún contratiempo, ahora que se habla tanto de virus...–. Desde luego, el propio corazón de esta representación popular late fuertemente con las nuevas generaciones volcadas. Por eso, Arkaitz Correa y Arene Albizu, los veteranos en estas lides, no pueden estar más contentos.

“Ahora ya va todo mucho más rodado porque los jóvenes están muy implicados y es algo arraigado en ellos”, subraya Arkaitz. “De hecho, vienen a los ensayos chavales de 10 y 11 años que aún no pueden bailar, y que ¡se han hecho sus propios zancos! Se ve el relevo llamando a la puerta, incluso”, añade el organizador, junto a la propia Arene, Zuberoa Astobieta y Tania Morgado.

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El primer acto de esta escenificación mitológica que sale de las entrañas del barrio leioaztarra comenzará a las 17.30 horas, con un recorrido por las calles de Lamiako con los vecinos, desde la rotonda de El Soplador. La fanfarria, el cuerno los gigantes y una cadeneta encabezada por el personaje mitológico Maiatza va por el pueblo anunciando el comienzo de la Maskarada a los sones de la lamiadantza. Media hora después, empieza la segunda parte, con la presentación de los personajes ante la fidelidad de todo el mundo: pequeños y mayores, los de Lamiako de toda la vida y los adoptados, los jóvenes en cuadrilla y las familias al completo... Después, por la noche: llamas, aura, y embrujo. Akelarre, a partir de las 22.30 horas. La leyenda, a fuego.

Cuentan que Prudentzia, ya anciana, enviudó mientras gestaba un embarazo incipiente. Nació Iñaki, lo crió amorosamente. Pero cuando éste creció, se hizo cargo de las posesiones familiares, vendiendo todas las heredades, y se embarcó para conocer el mundo. Prudentzia, sintió que el alma se le rompía. A partir de ese día, pasaba todo el tiempo mirando a la desembocadura del río, esperando ver arribar el barco de su amado hijo. Una tarde, encontrándose en Berriz, pudo ver un barco en el horizonte, por lo que esperanzada, bajó a la gran carrera a las Junqueras de Ondiz, pero al acercarse notó que no se trataba de la embarcación de Iñaki, por lo que fue tan grande su desconsuelo, que al regresar a su casa, le falló el corazón, muriendo en esas mismas junqueras. En ese momento, las lamiak se compadecieron de Prudentzia, y cantaron dulcemente, logrando que la acongojada madre se convirtiese en una de ellas. Desde entonces, este canto se puede oír siempre que un hijo de la región abandona las montañas.