La adolescencia es una etapa llena de cambios y en un mundo cada vez más exigente y en el que se vive cada vez más deprisa, la salud mental puede resentirse y más si cabe en esa edad tan complicada. El pasado lunes, la Casa Torre de Santurtzi acogió una charla organizada por DEIA y que contó con el inestimable apoyo del Ayuntamiento de Santurtzi en la que se abordó la salud mental de los adolescentes de la mano de la directora de Enfermería del Hospital San Juan de Dios, Marian Lanzagorta; la psicóloga clínica de San Juan de Dios, Olaia Arrese; y la farmacéutica y vocal de Salud Mental en el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Bizkaia, Ana Ruiz Sarasola; además de la alcaldesa de Santurtzi, Karmele Tubilla. Los problemas de salud mental entre los adolescentes son, cada vez, más comunes, puesto que uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años, según la Organización Mundial de la Salud, cuenta con algún tipo de trastorno mental, siendo la ansiedad, la depresión y los trastornos de comportamiento las enfermedades mentales más usuales en este rango de edad. “Esas son las cifras de adolescentes, pero se estima que el 25% de los jóvenes padecen algún tipo de trastorno mental”, indicó Olaia Arrese poniendo un contexto más amplio a esta problemática en la que una detección temprana del entorno es esencial.
Así, desde su experiencia profesional, Arrese enumeró algunos de los síntomas o de las muestras que pueden denotar que un adolescente está padeciendo algún tipo de problema mental. En este aspecto, algunas de esas señales que pueden indicar que un adolescente está sumergido en un problema mental son “la irritabilidad, la tristeza, el abatimiento, el aislamiento, cambios en los patrones del sueño, cambios en el apetito, apatía, desesperación y hasta la respiración es muy característica hay muchos síntomas”, señaló la psicóloga clínica de San Juan de Dios. “Como padres y madres debemos de ser capaces de aceptar que a nuestro hijo le pasa algo”, reconoció Karmele Tubilla. Una vez se ha detectado por el entorno o la familia que el o la adolescente está pasando por algún problema de índole anímica, el siguiente paso es actuar para tratar de empezar a controlar y tratar la situación. En ese sentido, el diálogo familiar es clave. “Nunca debemos presionarles para que hablen, pero debemos estar ahí cuando quieran hacerlo. Si se les presiona, lo único que hacemos es alejarles aún más y si cuando quieren hablar no estamos ahí, los tendremos perdidos en ese aspecto. No es una cuestión fácil”, ahondó Marian Lanzagorta.
La comunicación con los jóvenes y el fomento de la salud fueron algunos de los aspectos puestos en valor por las expertas. Ademas, el uso de los fármacos de manera concreta en casos de ansiedad o depresión fue una de las ideas clave del encuentro
Un recurso para tratar los problemas de salud mental son los fármacos y, en ese sentido, Ana Ruiz Sarasola indicó que “evidentemente, hay problemas de salud mental que requieren de una medicación porque son cuestiones que han de estar reguladas y controladas, pero para otras problemáticas como la ansiedad y la depresión la base debiera de ser la terapia. En ella tendría que recaer el 95% del peso y luego, en los casos que sea necesario, apoyarse en los fármacos durante un tiempo concreto y para momentos concretos. La medicación te va a ayudar a resolver los problemas de una manera más ordenada y calmada, pero no te los va a quitar”. En ocasiones, se recurre a los medicamentos de forma prolongada e, incluso, casi protocolaria para cualquier cuestión y la automedicación es una práctica demasiado extendida. “No creo que los medicamentos tengan que estar fuera del alcance de los adolescentes. Ni mucho menos. Tiene que haber una educación en el buen uso de los medicamentos. En las farmacias tratamos de hacer pedagogía diciendo cómo tomar los medicamentos y las pautas para los mismos”, desarrolló Ruiz Sarasola. En ese mal uso de los medicamentos y fármacos, las personas más mayores son todo un espejo para los y las adolescentes y así lo expuso de una forma muy gráfica Olaia Arrese. “Al igual que ocurre con otras sustancias, si un adolescente ve que su padre o su madre se toma un lorazepalm y le va bien, ellos harán lo mismo”. En este asunto, el mensaje que lanzó Marian Lanzagorta ante el público que se dio cita en la Casa Torre de Santurtzi fue muy rotundo y claro. “No nos automediquemos. La educación en la prevención y la promoción de la salud es lo más importante”.