La hostelería de Bilbao firma un fin de semana redondo con el rugby: "Como Aste Nagusia”
Las zonas más concurridas fueron la Plaza Nueva, Licenciado Poza y las inmediaciones del estadio, donde se llegaron a despachar casi 1.000 litros de cerveza en apenas dos días
De Indautxu al Casco Viejo, las barras no han parado. Las finales europeas de Rugby han convertido Bilbao en una fiesta continua, con bares a pleno rendimiento y un ambiente marcado por el respeto entre aficiones. Estas son algunas de las claves que han trasladado a DEIA distintos hosteleros de las zonas más concurridas por los visitantes: la Plaza Nueva, el entorno de Licenciado Poza y las inmediaciones del estadio, donde se han llegado a despachar casi 1.000 litros de cerveza en apenas dos días.
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Sin embargo, esta mañana la mayoría de los locales situados en los aledaños del estadio lucían las persianas bajadas. Cerrados a cal y canto. Uno de los puntos neurálgicos de la gran fiesta del rugby ha optado por la calma tras el fin de semana de actividad intensa, aunque algún establecimiento sí ha decidido aprovechar la jornada de sol para abrir. "Hemos estado a tope", señala Sigris Méndez desde la barra del bar Aterpe, a escasos metros de la Catedral. Cerca de la entrada se amontonan 19 barriles de cerveza que, en total, suman cerca de 950 litros despachados en apenas dos jornadas.
"En el marco de la hostelería se ha trabajo muy bien, al menos en esta zona. Han sido dos días de muchísimo trabajo, pero se ha vivido un ambiente muy tranquilo, de respeto absoluto", valora Méndez. La camarera destaca además que los aficionados de las formaciones francesas e irlandesas se marchan de Bilbao “absolutamente enamorados” y con la clara intención de volver.
Para poder atender a la afición como es debido, el personal del Aterpe llegó a triplicar el volumen habitual de pedidos para un fin de semana y, aun así, se quedó sin cerveza. “Este tipo de eventos te exige trabajar fuera del margen al que estás acostumbrado. Más que doblar, se triplican los pedidos”, remarca Méndez.
Factor clave: el buen tiempo
Este domingo, el local ha vuelto a la normalidad, despachando a sus parroquianos habituales, que dan cuenta de sus consumiciones apoyados en la barra o sentados en las mesas. Reina el silencio, solo interrumpido por el murmullo de la televisión. La estampa se repite en los locales de Indautxu y San Mamés, donde priman las persianas bajadas. Tras dos jornadas frenéticas, el centro de la ciudad recupera una calma tranquila, casi apacible.
Pero todavía es posible encontrar a algún aficionado que sigue con ganas de celebración. En el exterior del bar Anaiak —justo en la intersección entre Licenciado Poza y Areilza—, un seguidor del Leinster ondea con orgullo los colores de su equipo. Un buen tipo, seguro.
A juicio de José Manuel Pérez, a quien todos conocen como Boni, las aficiones de ambos equipos han demostrado un comportamiento cívico y ejemplar. “También han venido seguidores de este deporte de otros países, como Portugal. Ha habido muy buen ambiente. También lo hubo en la UEFA del año pasado. Las fotos que se hicieron virales no representan lo que realmente pasó aquí”, explica desde la barra del Anaiak.
Cuenta, asimismo, que el viernes fue el día de mayor actividad. Los camareros del Anaiak no cesaron de despachar clientes desde primera hora de la tarde hasta el cierre. “Ayer —el sábado— hubo bastante movimiento por la mañana, ya que el partido se jugó a las cuatro de la tarde. A partir de ahí, el trabajo fue menor pero continuado”, detalla Boni, quien también considera que muchos aficionados hicieron las maletas tras la final. De ahí que las calles luzcan hoy más vacías.
"Lo de ayer, como el sábado grande de Aste Nagusia"
El Casco Viejo dibuja una imagen diametralmente opuesta: calles llenas y terrazas a rebosar, donde las conversaciones se mezclan en un ruido festivo y constante. Ambiente de lleno absoluto. Si hay algún rincón de la villa que nunca luce realmente vacío esas son las siete calles. En la Plaza Nueva, inevitablemente reducida por el vallado perimetral de su zona interior, una extensión natural de las terrazas de sus bares y restaurantes, no cabe un alfiler. Toldos y sombrillas protegen del calor a cientos de clientes, muchos de ellos foráneos.
Los hosteleros de la Plaza Nueva temen que algunos aficionados no respeten el perímetro
“Al final, sí ha habido bastantes clientes que han saltado la valla”, confiesa Yolanda Etxebarria desde la cocina del bar Urdiña, donde prepara algunos pintxos para la jornada. La responsable del local se muestra más que satisfecha con el trabajo realizado este fin de semana, que resume en una imagen muy concreta: “Lo de ayer, como el sábado grande de Aste Nagusia”.
En definitiva, en el Urdiña se ha trabajado muchísimo, tanto que ayer tuvieron que pedir prestada una paletilla al Café Bilbao, tal y como recuerda Yolanda entre risas. "Seguíamos dando raciones a las once y pico de la noche, no te digo más", añade. Al igual que los otros hosteleros consultados por DEIA, destaca un ambiente inmejorable y un clima de respeto entre aficiones y también hacia los camareros.
Espera que Bilbao siga acogiendo eventos de este calibre, a los que define como “una inyección de efectivo para el Casco Viejo”. “Que se siga moviendo el barrio. Al final, eventos como este benefician a todos los negocios”, añade.
Cenando (casi) juntos
El jefe de cocina del restaurante Kasko, Goyo Padierna, suscribe las palabras de Yolanda. Desde el local, situado en la calle Santamaría, asegura que ya está “vacunado” contra la imprevisión: sabe que, llegado el momento, hay que reforzar los pedidos para dar de comer y cenar a las aficiones irlandesas y francesas que también se han dejado ver por el establecimiento, incluso compartiendo mesa en algunos casos. “Cenaban codo con codo, brindando de mesa a mesa. El ambiente, pues inmejorable, claro”, cuenta. En total, el Kasko ha acogido a alrededor de 300 comensales entre las noches del viernes y el sábado, una cifra en absoluto desdeñable.
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