DURANTE más de 170 años, instituciones civiles y religiosas, así como bilbainos han participado en el reparto de comida que ha permitido que personas sin recursos o bilbainos que atravesaban periodos de adversidad climática, económica o social pudiesen cubrir las necesidades alimentarias básicas. Un recorrido por sus experiencias, los datos que reflejan y las situaciones vividas, algunas, ya historia, es también un repaso por Bilbao a través de los comedores sociales de la ciudad de la mano del doctor Aranceta.

Desde el siglo XIX cuando en las ciudades y pueblos las porterías de los conventos, hospicios, iglesias y la caridad de algunas casas potentadas se convierten en la fuente de suministro de alimentos de subsistencia para los menesterosos, hasta los actuales servicios sociales, la historia de Bilbao también se ha transformado en este aspecto.

En 1925, por ejemplo, continuaba la distribución domiciliaria con raciones de lentejas (400 g), aceite (30 g), arroz (400 g), alubias (400 g), carne (200 g), garbanzos (100 g), leche (1 litro), patatas, pan (500 g) y tocino (50 g).

Los comedores económicos de carácter permanente fueron instituidos en 1918 para ayudar a la manutención de las clases pobres ante la carestía de la vida. Entre 1918 y 1930 funcionaban en Bilbao cuatro comedores económicos que suministraron más de 60.000 comidas anuales y hasta 1930 se habían suministrado 650.000 desayunos, cinco millones de comidas y más de cuatro millones de cenas.

Hoy siete instituciones ofrecen comida a los sin techo de la ciudad.