el protagonista

Muniain, el rey de los mares

El capitán asume galones con dos goles y participa en el tercero para traer la calma en medio de la tempestad

09.02.2020 | 20:56
Iker Muniain celebra uno de sus dos goles frente al Espanyol.

OH capitán, mi capitán! Nuestro viaje ha terminado; el barco capeó los temporales, el premio que buscamos se ha ganado...", decía el poema de Walt Whitman. El Athletic ha sorteado la tormenta que arreciaba sobre Bilbao provocada por la peor racha del equipo desde que llegara el técnico Gaizka Garitano, cinco partidos sin conocer la victoria. Lluvia, viento, niebla para una tripulación que surcaba los mares con bravío y solvencia en los albores de la temporada. El capitán. La eficacia del capitán, trasladada a la máxima expresión, devolvió la calma. Dos goles en 17 minutos, el primero de ellos en el minuto 4, para virar la dirección y poner rumbo hacia la gloria. Iker Muniain, un jugador que no se prodiga por sus goles en los mares del fútbol, hizo de su brazalete una vela para dar honores a su condición. Se engalanó de goleador para exprimir dos rechaces de la zaga del Espanyol para izar las sonrisas de la parroquia en tiempos de zozobra. Fue una suerte de Poseidón. Domó la tempestad. Un rey de los mares.

En líneas generales no hubo clarividencia, el Athletic no fue una oda a la triangulación, Muniain no trenzó todo lo que hubiera deseado desde la mediapunta. Pero el capitán, sin pata de palo, se aferró a la eficacia con la pierna de una precisa carta de navegación para despejar la mala inercia, para llamar al sol y el sosiego.

Hasta el minuto 17, el Athletic había generado tres ocasiones: dos de Muniain y una de Unai López. Tres disparos, dos goles. En el minuto 4, un rechace de la defensa catalana fue a parar a las botas de Muniain, que cruzó el balón al primer toque y batió por raso a Diego López. "¡Oh capitán, mi capitán"!

En el minuto 17, el mediapunta se benefició de un nuevo despeje de los periquitos al saque de un córner y Muniain, como ese capitán con pájaro domado al hombro, acomodó la pelota con el pecho para enganchar un zurriagazo que dibujó por alto una diagonal que invalidó la estirada del arquero. 100%. Eficacia plena. "¡Oh capitán, mi capitán!". El Athletic vio rayos de luz. Buenos vientos para afrontar el resto de la navegación.

Muniain correspondía de este modo a la decisión táctica de Garitano. El ayer mediapunta aprovechó la ubicación en esa zona en la que admite sentirse a gusto, "cómodo", como indicó -"jugaré donde el míster crea oportuno", matizó desde el respeto y con espíritu de colectivo-, porque lo suyo es tener contacto con el esférico, distribuir, dominar el sino del encuentro, los compases del tiempo. Ayer atracó el ámbito de la dirección para ser ejecutor. Para mandar al Espanyol al agua. Para pasarlo por la quilla. Así firmó el tercer doblete con el Athletic; el primero aconteció en 2013, cuando celebró su vigésimo primer cumpleaños con dos tantos; el segundo llegó en 2017. "He creado bastante peligro", dijo con la boca pequeña, sin alzar la voz. Los estruendos fueron los cañonazos de balón que hundieron al Espanyol. A pique.

Una vez firmados los goles, Muniain no fue el de los primeros 17 minutos. Tampoco el Athletic se las gastó como hasta entonces. El 2-0 trajo una calma chicha. Pero, "¡oh capitán, mi capitán!", en el minuto 79 Muniain cumplió la máxima que dicta que los de su condición son los últimos en abandonar la nave. Su entrega en la disputa del esférico propició el 3-0. Fue partícipe de la acción en la que Víctor Gómez marcó en propia meta. Sin repeticiones televisadas, quizás hubiera engañado al árbitro para apuntar el hat-trick del patrón, que, paradojas del destino, fue reemplazado por el considerado hombre-gol de la historia reciente del club bilbaino, Aritz Aduriz, que cumplió 400 partidos con el Athletic.

"Es una victoria muy importante", señaló Muniain. "Nos volvemos a enganchar a la zona alta", estimó, como capitán de un buque que sigue a flote, que llega a buen puerto después de superar la tormenta. Vítores para Muniain. Dos oportunidades y media suyas, tres goles para el equipo. Eficacia. La tripulación está a salvo. "¡Oh capitán, mi capitán!".