El sacacorchos

Llegan las agujetas

01.09.2020 | 01:01
Llegan las agujetas

INCLUSO atendiendo a todas las peculiaridades de este raro y pálido verano, estos días de cambio de guardia entre los días festivos y los laborales siempre traen consigo una certeza: la llegada de las agujetas. Aparecen como consecuencia del sobreesfuerzo cuando falta la costumbre y por mucho que este verano de freno echado estuviese repleto de advertencias, ¡atchungs!, cancelaciones, cautelas y cuarentenas es innegable que la primera semana de trabajo se hace eterna: como las primeras rampas del Tourmalet, pongamos por caso. Esas molestias musculares en nuestros hábitos no guardan relación alguna con la pandemia vivida. Es un mal crónico.

Lo que se ha hecho costumbre es escuchar cada mañana el parte. Tantos contagios, equis hospitalizaciones, un considerable número de bajas (una sola ya es de consideracion...), determinada zona catastrófica alcanzada por el rayo del coronavirus. Y junto al preocupante y mareante baile de cifras, la letanía de advertencias sobre lo que puedes o no puedes (sobre todo lo que no puedes...) hacer. A ello hay que añadir el producto de temporada, si se me permite expresarlo así: la incorporación de niños y niñas al colegio. Es normal que preocupe el asunto pero no se si hasta el grado de hoy en día. Parece que van a clase con una mochila al aire y un cinturón explosivo de virus como camuflaje. Sensatez, sentido común y las cuatro reglas nuevas para la convivencia. Con eso debiera ser suficiente.

Dio miedo el éxodo vacacional y ahora preocupa de lo lindo el día a día. Los mensajes que llegan a la sociedad son machacones. Se pregona tanto el miedo que todo nos parecen ruidos en la noche. Resulta imposible recetar a la carta, según cada cual, pero se escucha tanto y tan malo que aun sabiendo que muchas verdades asustan, es más preocupante nuestra imaginación.