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Elecciones el 26 de mayo, elecciones municipales, forales y europeas. Elecciones de ámbito interno en Euskadi y en Nafarroa, elecciones de ámbito europeo. Retos locales y a su vez comunes y globales a nivel del continente. Retos comunes, sí;locales y globales también, fotos de nuevas realidades que han venido para quedarse. Ocasión de elegir, decidir y optar por distintos caminos y alternativas.
Por José Manuel Bujanda Arizmendi - Jueves, 16 de Mayo de 2019 - Actualizado a las 06:00h

CAMINAMOS ya hace tiempo en Euskadi, y en general en Europa, hacia unas sociedades cada vez más multirraciales, multiculturales, multilingües y multirreligiosas, con unos sentimientos de pertenencia e identidades compartidas cada vez más plurales y complejas;no hace falta más que acercarnos un poco a nuestro sistema educativo y concretamente a nuestras aulas de ESO repletas de adolescentes. Motivo, entiendo, de profunda reflexión y necesaria meditación. Como ciudadano vasco, además de tener que recordar que a lo largo de nuestra azarosa y convulsa historia hemos tenido que emigrar, me planteo nuestro papel cara a la futura sociedad vasca muy abierta, en la que los nuevos vascos también están naciendo en Senegal, Nigeria, Marruecos, Ecuador, Perú, Polonia o Rumania. Deberemos ser conscientes de que estamos ante nuevos fenómenos, que han venido para quedarse, a los que deberemos dar adecuada respuesta porque vengan de donde vengan, tengan el color que tengan, dispongan de medios o no, hablen como hablen, piensen como piensen, son personas en igualdad de derechos y obligaciones. Euskadi deberá ser sensible y estar abierta a este futuro. En primer lugar, por ética, moral y humanidad. Y en segundo lugar, porque si no lo hacemos, tendríamos dificultades de “seguir siendo” nación vasca. Nuestro reto es intentar integrar de la manera más acertada posible a esos nuevos vascos. A los que vengan, a sus hijos e hijas, habrá que hacerles partícipes de nuestra comunidad y de nuestra cultura, lengua e identidad. Pero también tendremos que aprender lo mejor que nos puedan transmitir. Así lo hicimos en su día con la trikitrixa de los dinamiteros del Piamonte Alpino venidos por 1850 a construir los túneles del trazado ferroviario en Euskadi. No caigamos en el error de la Iglesia de entonces, que la calificó de “infernuko hauspoa” porque a su entender podría alterar, contaminar, sanas costumbres de la época.
Ciertamente, todos somos fruto de diversos fermentos, una buena porción de nosotros pertenece a una biología y a una cultura de mestizaje, tal como afirma Joseph Antoni Duran i Lleida en su libro Entre una España y la otra(Ed. Temas de hoy, 2007). Hemos de prepararnos para este mestizaje multicultural porque si no lo hacemos sufriremos las consecuencias, ya que nos encontramos ante un proceso irreversible. Pero mestizaje no significa abandonar por cada una de las partes su propia cultura, sino recoger elementos de una y de otra, integrar elementos de la ajena y transformar esto en algo que asume los valores de las dos partes. Mestizaje es mezcla. Interculturalidad es relación entre culturas. Y supone diálogo, pacto de renuncias recíprocas entre lo que dejamos y lo que cogemos y reconocimiento de los valores profundos de las otras culturas. El mestizaje integra los distintos valores profundos de las distintas culturas, significa incluso replantearse la propia, cambiar esquemas y valores supuestamente de siempre.
Porque ¿quién es capaz de afirmar que tiene una cultura mejor que la del otro? En Londres, en Birmingham, hay una sociedad basada en la multiculturalidad, hay una mosaico de sociedades diferentes, pero no existe una sociedad londinense integrada: judíos, árabes, guineanos, jamaicanos, chinos... compran en sus tiendas, comen en sus restaurantes, hablan su idioma, comen sus comidas particulares... No existe integración, no conforman una sociedad;en resumen, viven en compartimentos estancos, conforman un mosaico multicolor pero no una sociedad integrada. Existen culturas diferentes, pero no interaccionan. La multiculturalidad para devenir en mestizaje e interculturalidad necesita relación, comunicación, diálogo, integración inclusiva y respeto.
La propia Francia, supuesto ámbito de libertad, fraternidad, acogida, asilo e integración de culturas, mujeres y hombres venidos de otros lares, fue hace diez años testigo de una explosión de asombro e incredulidad. Una explosión de rabia contenida, miles de coches calcinados, barrios periféricos de grandes urbes donde la penuria, marginación e inmigración creaban un caldo de cultivo explosivo acabaron con una leyenda que no se sostenía más tiempo: la multiculturalidad no había devenido en interculturalidad integradora. Lo que ocurrió concretamente en Clichy-Sous-Bois fue un ejemplo más del drama que viven cientos de barrios diseminados por toda la geografía francesa, guetos que brotan en los cinturones periféricos de las grandes ciudades creados en los 60-70, donde el Estado alojó a olas de inmigrantes magrebíes y subsaharianos. Una explosión social parecida ocurrió posteriormente, para sorpresa de propios y extraños, en agosto de hace cuatro años en algunas ciudades de Reino Unido como Londres, Manchester, Birmingham, Leeds, Bristol, Glasgow o Liverpool cuyos barrios fueron testigos de saqueos, incendios y batallas campales con centenares de detenidos. Marginación, paro, miseria, conflictos raciales y grandes bolsas de emigración no integradas.
Pero en nombre del multiculturalismo no es tolerable lo que atente contra los Derechos Humanos porque por encima de cualquier otra consideración están estos, inalienables. Hay costumbres y ritos ancestrales que no merecen ser tolerados: ablación de clítoris, lapidación a la adúltera, amputación de miembros a ladrones, persecución de la homosexualidad, racismo, esclavitud, prepotencia de lo masculino, violencia de género... No todo tiene que ser digno de respeto. El abuso, la mentira, ignorancia y sus derivadas -violencia y desigualdad, menosprecio y fanatismo- no deberán tener cabida en eso que entendemos por tolerancia. Ninguna situación debe nunca jamás vulnerar la inclusividad, equidad, igualdad, respeto, libertad, fraternidad, solidaridad, democracia y justicia.
Europa: culturas y conflictos;Euskadi: culturas y conflictos. Hace muy poco, el reciente 9 de mayo, se celebró el Día de Europa, en que se conmemoró el 70 aniversario de la creación del Consejo de Europa, organización que tenía, y tiene, como objetivo la defensa, protección y promoción de los Derechos Humanos, la democracia y el estado de derecho. Precisamente, el próximo 19 de septiembre Donostia recibirá el Premio Europa de manos de la Asamblea parlamentaria de dicho Consejo. Sí, el 9 de mayo fue el día del compromiso con Europa. Meses antes, el 8 de febrero, el Partido Demócrata Europeo (PDE) se reunió en Bilbao -teniendo como anfitrión al presidente del PNV, Andoni Ortuzar- y dio a conocer la llamada Declaración de Bilbao en la que se advertía que, por primera vez en su historia, la UE podría dejar de existir bajo el efecto combinado de los trastornos causados por una globalización mal regulada, las graves consecuencias económicas y sociales de la crisis financiera, el impacto de una revolución tecnológica sin precedentes y la gestión caótica de los flujos migratorios. Se reflexionaba sobre la exclusión y el destino de las personas sin las cuales la UE no es viable.
Termino: “La actuación de la UE con los refugiados es vergonzosa”, se lamentaba Francesca Friz-Prguda, responsable de Acnur en España. “Estupor y dolor”, manifestaba el lehendakari, Iñigo Urkullu, en carta fechada el 8 de enero del pasado año al presidente de la Comisión Europea Juncker. Comparto ambas opiniones, porque mi Europa (y mi Euskadi) tiene alma, es la de Adenauer, Monnet, Schuman, De Gasperi, Aguirre, Landaburu e Irujo, es humana, integradora y solidaria con personas y culturas, es la de la libertad y Derechos Humanos. Son inadmisibles las obscenidades contra Schengen y el drama humanitario de los refugiados;es vergüenza ante los miles de ahogados en el Mediterráneo. Europa se la juega. Su futuro, hoy quizás más que nunca, está en nuestras manos, es el compromiso con Europa. El 26 de mayo tiene su palabra, inapelable palabra.
Por Europa. Por Euskadi. Sea.
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