Hoy en día, se otorga en el 37% de los casos

La custodia compartida se quintuplica en ocho años en Euskadi

La CAV es una de las cuatro comunidades que cuenta con una ley que favorece este régimen

Marta Martínez - Domingo, 14 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Oskar Suazo siempre tuvo claro que quería la custodia compartida.

Oskar Suazo siempre tuvo claro que quería la custodia compartida. (José Mari Martínez)

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Oskar Suazo siempre tuvo claro que quería la custodia compartida.

BILBAO.Más de uno de cada tres divorcios en Euskadi acaba hoy en día en custodia compartida, en concreto el 37%, un porcentaje muy superior al que se registraba hace ocho años, cuando apenas eran el 6,8%. El aumento ha sido gradual desde entonces, aunque 2013 marcó un punto de inflexión. “A partir de ese año, el Tribunal Supremo comenzó a variar el criterio jurisprudencial”, explica Nuria Cerván, presidenta de Federación de Euskadi para el apoyo integral en las crisis familiares-Kidetza. “Esto fue gracias, en primer lugar, a un cambio social que no sostenía la desigualdad entre padres y madres. Ello supuso una modificación en la doctrina jurisprudencial que recogió la realidad social, y sobre todo protegió a los menores y defendió su derecho a relacionarse con sus dos progenitores”, sostiene.

Pero ya antes, Kidetza presentó la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) sobre custodia compartida, que culminó en ley en octubre de 2015. Ese año, el porcentaje de custodias compartidas ascendió casi diez puntos. Cerván destaca que esta ley “aporta seguridad jurídica, fomenta la mediación, disminuye la conflictividad y, por encima de todo, protege a los menores”. Además de la CAV, solo Nafarroa, La Rioja y Catalunya cuentan con una ley de custodia compartida.

Oskar Suazo consiguió la custodia compartida en septiembre de 2016, “casi dos años y medio después” de su separación. “Es raro que los hombres veamos la custodia compartida como una victoria cuando es lo que te corresponde desde que nace tu hijo”, sostiene. La hija de Oskar nació en agosto de 2010 y la pareja se separó en marzo de 2014. Desde el principio tuvo claro que quería la custodia compartida y peleó por ello, porque el conflicto que mantenía con su pareja no permitía ningún acuerdo al respecto. “Estuve con siete abogados y todos me decían que tenía muy pocas posibilidades, que las cifras eran las que eran. Todos me hablaban de acuerdos económicos, pero yo lo tenía claro, no quería acuerdos económicos, quería la compartida”, explica. Hasta que conoció Abipase, la Asociación Vizcaina para el Apoyo Integral en las Crisis Familiares, y a Nuria Cerván, su actual abogada.

Provisionales

Oskar llegó a estar cinco meses sin poder ver a su hija y, a finales de año, un juzgado estableció las medidas provisionales: pernoctas los martes y fines de semana alternos, un tiempo que Oskar disfrutaba al máximo, pero que le resultaba insuficiente. De hecho, este sestaoarra lamenta que “te pierdes dos años de la vida de tu hija, dos años que son fundamentales, ella tenía entonces cuatro años”. Oskar, ajustador de troquelería, trabaja a turnos, por lo que, inmediatamente después de la separación, solicitó una reducción de jornada. Era la única forma de poder cumplir con las visitas y, sobre todo, con una futura custodia compartida.

“En las provisionales me dieron una pernocta intersemanal, que entonces no era lo normal. En estos juicios al final se trata de demostrar que eres normal. Presenté informes de los profesores, que acreditaban que siempre llevaba y recogía a mi hija del colegio cuando el turno me lo permitía, del pediatra privado, de la pediatra de la seguridad social y hasta de un cursillo de iniciación de natación. Para que te den la custodia compartida, como padre, necesitas pasar una prueba psicosocial, entonces no me la hicieron”, expone.

En febrero de 2016, padre e hija fueron examinados por un equipo psicosocial. “La psicóloga habló con la niña unos minutos y luego interactuó conmigo. Jugamos un rato y ya está, pero es raro, porque es una habitación aséptica, estás vigilado por un espejo, como que no es natural”, explica. La prueba fue favorable y, siete meses después, obtuvo la custodia compartida. “A mí me la han dado la primera, y aún así me ha costado dos años”, lamenta Oskar, quien pide que se aceleren los procesos, porque “es muy duro para los progenitores y, sobre todo, para el menor”. “Cuando no hay acuerdo entre las partes, la compartida se convierte en una lucha titánica por conseguir lo que deberías tener por derecho, siempre y cuando se den las condiciones”, apunta. “Si eras un buen padre cuando estabas casado y durante ese tiempo has cuidado a tu hija, cuando te separas sigues siendo el mismo padre”, reflexiona.

“Triunfo de todos”

Ahora, la niña vive una semana con cada progenitor y tiene visitas intersemanales los martes y jueves. Oskar está feliz, por lo que lamenta que muchas mujeres sigan viendo la compartida como una derrota, cuando, según él, el triunfo es para todos. “La custodia para la madre aboca a la mujer a ocuparse en exclusiva de los hijos, con lo que dificulta rehacer su vida y tampoco acceder a trabajo de mayor responsabilidad, porque eso implica tener que trabajar más horas”. “La custodia para la madre aboca a la mujer a estar siempre pendiente de su hijo y al hombre a ser una tarjeta de crédito y visitante”, considera. “Durante dos años yo he sido un papá tarjeta y un papá visita”, concluye.

Para Nuria Cerván, “las posibilidades laborales de las mujeres han de serlo en régimen de absoluta igualdad. Pues esa igualdad hay que aplicarla a todo, corresponsabilidad en la crianza incluida”.

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