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Un plan que apenas amaga el despegue

En sus primeros cien días en el Athletic, Eduardo Berizzo no logra un funcionamiento fiable del equipo y los resultados tampoco lo compensan

José L. Artetxe - Domingo, 14 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Eduardo Berizzo.

Eduardo Berizzo. (Asier )

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Eduardo Berizzo.

Bilbao- El martes se cumplen los primeros cien días de Eduardo Berizzo en el Athletic. Un período que en otros ámbitos se estima prudencial para calibrar una gestión y que acaso no sea extrapolable al fútbol dado que en buena parte de esos tres meses largos el equipo no juega partidos oficiales, que son el auténtico termómetro, al estar inmerso en la pretemporada, un tiempo dedicado a la preparación donde se intercalan amistosos entre múltiples sesiones de entrenamiento. Pero la fecha está ahí, el 9 de julio el técnico de origen argentino dirigió por vez primera a su plantilla en Lezama y hoy su balance, aún escueto pues comprende siete compromisos de liga nada más, arroja un triunfo, cuatro empates y dos derrotas. Por tanto, resulta imposible afirmar que Berizzo haya empezado con buen pie en Bilbao. Lo impiden las estadísticas así como la sensación general dejada por el equipo, que lógicamente comparte signo con esos números y con otros que objetivamente alimentan la inquietud. Por ejemplo, no tranquiliza el relativo a goles recibidos o el que resume la producción ofensiva;esto es, las pocas oportunidades convertidas o no vienen fabricando los rojiblancos desde finales de agosto.

Parece evidente que los síntomas son los propios de un grupo en fase de construcción. La plantilla ha podido mejorar en determinados aspectos, pero no lo suficiente como para dar por superado el bache vivido durante la campaña previa y cuyo origen habría que situarlo en las dos precedentes, especialmente la última de Ernesto Valverde. Berizzo fue contratado con la misión de transformar un funcionamiento decadente en una propuesta que devolviera al club a la dinámica positiva que ha presidido la mayoría de las campañas desde el paso de Marcelo Bielsa y que se prolongó en buena parte de la etapa de Valverde.

El objetivo de reactivar el carácter competitivo pretende que el Athletic vuelva a figurar entre los aspirantes a plaza continental. Con dicha meta en el horizonte se daba por supuesto que Berizzo, perfecto conocedor del ámbito tras su paso por Celta y Sevilla y de otros clubes en calidad de jugador, alguien que además carecía de vínculos con la entidad, sería capaz de invertir una tendencia que había enterrado la ilusión del entorno y puesto en entredicho la imagen del equipo.

PALABRAS Y HECHOSSobre el papel se trataba de una elección interesante, válida para pasar página y empezar a escribir una historia distinta. Es posible, probable incluso, que realmente lo sea, pero de momento los frutos cosechados por Berizzo en estos cien días no alcanzan para que el Athletic se exprese como él quiere que lo haga y como anhela una afición expectante y un tanto perpleja ante la sucesión de actuaciones donde la voluntad de los jugadores no logra subsanar las deficiencias del fútbol practicado ni lo compensa en los marcadores.

La idea de Berizzo todavía no ha arraigado y lo peor es que ya asoman motivos para cuestionar su idoneidad. La elocuencia de que hace gala en su discurso, muy celebrada en el arranque y, por qué no, bien recibida posteriormente, se difumina por culpa de la ejecución. Las palabras y los hechos transitan por caminos diferentes. Al contrario que en otros destinos, Berizzo no ha firmado en el Athletic una irrupción convincente.

Es pronto para emitir juicios y seguramente el paso de las semanas favorecerá que las consignas que repite sin cesar vayan plasmándose e incrementen su índice de eficacia. Berizzo dispone de un año para culminar su obra, tal es la duración del contrato que suscribió, aunque no es cuestión de aguardar tanto para hacer realidad el plan. Convendría que articulase los mecanismos necesarios antes de que el equipo se vea en la tesitura de salvar el curso porque la meta que persigue le queda demasiado lejos. Hoy, con un partido menos que el resto, permanece varado en la frontera del descenso. Ni siquiera ha aprovechado la circunstancia de un calendario más despejado de lo habitual, sin engorrosas y traicioneras eliminatorias en pleno verano y sin la sobrecarga que en otoño supone participar en un torneo europeo.

Lo peor de la coyuntura es que la irregularidad y los resultados adversos remiten a la trayectoria más reciente. De hecho ya circulan las comparativas y sucede que Berizzo sale perdiendo en la balanza que compartiría con José Ángel Ziganda, con quien el Athletic alcanzó guarismos similares en Liga y eso que previamente tuvo que superar un par de rondas para acceder a la fase de grupos de la Europa League. El personal anda muy sensible, de ahí que se ceda fácilmente a la tentación de poner el nuevo proyecto delante de un espejo que proyecta la versión de la que se pretende huir. Un ejercicio que no le hace ningún favor a Berizzo, básicamente porque el listón estaba muy bajo y lo que en principio se antojaba una ventaja se está volviendo un lastre.

LOS AJUSTESSegún Berizzo la clave descansa en la puesta en escena de un estilo concreto que precisaría más rodaje. El término “ajustar” es uno de sus favoritos, lo emplea a menudo, consciente de que son unas cuantas las facetas del juego que ciertamente reclaman revisión, corrección y mejora. Presión alta, intensidad máxima, cultivo de la posesión como fórmula que garantice la iniciativa y la mirada fija en el área contraria, serían las líneas maestras de su ideal futbolístico, de modo que no son negociables.

Todo lo anterior, impecable en su enunciado, hasta la fecha no ha sido asimilado por el equipo. Hay días que aprieta a fondo y le cunde, pero no pasa de ser un éxito parcial, pasajero, inconsistente, porque el balón se ha convertido en un problema, en una fuente de complicaciones que impide sacar adelante los partidos. El Athletic tiene más balón que sus rivales, pero es en vano. La posesión no le luce, no acierta a darle un sentido, ni para ser profundo ni para defenderse con ella si el resultado le sonríe. Su impericia en la circulación le acaba condenando y provoca disgustos importantes, algo que en casa siempre duele más.

Cien días de trabajo no han bastado para aleccionar a la plantilla, toca seguir puliendo detalles y también conceptos. A partir de ahora, Berizzo se adentra en una fase de la temporada donde excusas y atenuantes tienen peor encaje. El tiempo no pasa en balde para nadie.

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