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Jesús, fuerza sobre ruedas

Nacido en el concejo asturiano de Piloña, Jesús del Valle sigue enamorado a sus 71 años del ciclismo

A pesar de que padece Parkinson, este directivo de la S.C. Rebonza mantiene intacta su afición

Emilio Zunzunegi - Martes, 9 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Jesús Manuel del Valle practica todas las semanas spinning, rodillo y carretera para mantenerse en plena forma con la Sociedad ciclista Rebonza de Sestao.

Jesús Manuel del Valle practica todas las semanas spinning, rodillo y carretera para mantenerse en plena forma con la Sociedad ciclista Rebonza de Sestao. (E. Zunzunegi)

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Jesús Manuel del Valle practica todas las semanas spinning, rodillo y carretera para mantenerse en plena forma con la Sociedad ciclista Rebonza de Sestao.

Sestao- Las decenas de personas que el pasado día 30 de septiembre se agolpaban a ambos lados de la empinada cuesta de La Iberia de Sestao para disfrutar de la cronoescalada que organiza la Sociedad Ciclista Rebonza, jalearon y aplaudieron a rabiar a Jesús Manuel del Valle Costales, un apasionado de la bicicleta que a sus 70 años -hizo 71 este pasado sábado- y con un molesto Parkinson subió con un gran pundonor los 600 metros del recorrido. “Tardé poco más de 5 minutos pero claro, yo no me puedo levantar del sillín para apretar porque puedo perder el equilibrio”, comenta este animoso asturiano nacido en el pueblo de Santianes del concejo de Piloña cuya villa principal es Infiesto. “Yo me preparo a lo largo de todo el año. Hago spinning y rodillo un par de días y luego salgo a la carretera donde hago unos 30 kilómetros. Cuando estoy aquí sobre todo suelo ir por el bidegorri a Somorrostro hasta la playa de La Arena y Pobeña y vuelta, y cuando voy en verano al pueblo burgalés de Manzanedillo, en el valle de Manzanedo, cerca de Villarcayo, suelo subir el alto de Soncillo. Allí el alto tiene unos 15 kilómetros de ascensión con un tramo de unos 5 kilómetros muy exigentes para corredores como yo, claro, que subimos al tran-tran”, matiza este afable abuelo que desde hace varios años padece un Parkinson que no es capaz de achantarle como demostró subiendo la Iberia, una cuesta que en algunos tramos cuenta con un 14% de desnivel.

“Yo ya andaba de niño en bicicleta en mi pueblo. Con 13 años emigramos a Madrid y allí empecé a andar otra vez y me apunté al club ciclista Chamartín que estaba en el distrito de Tetuán en frente del Ayuntamiento. Luego me federé y corrí alguna temporada en juveniles y otra temporada entrené en pista en el Palacio de Deportes de Madrid aunque nunca competí en esta modalidad”, recuerda este soldador jubilado que reconoce que la afición por las dos ruedas ha sido su vida. “Me formé como soldador en Madrid y con 19 años una empresa nos trajeron aquí a una empresa que trabajaba para AHV y chico , esto es el norte y a mi me gustó mucho y me quedé aunque luego tuve que volver Madrid para hacer la mili porque estaba allí empadronado”, señala este abuelo de dos nietos a los que aún no ha logrado transmitir el encanto del ciclismo, algo que si logró con su hijo Josu, el menor de la familia que ha tenido con su mujer Lázara Vargas. “Mi hija mediana hace algo de spinning pero no sale con el club”, comenta este veterano que ha seguido de cerca las últimas décadas de esta popular sociedad ciclista creada en 1989 en la calle Marcos Grijalvo con varios cargos en su directiva como el de Tesorero que aún hoy ostenta. “Yo soy más de apunte con bolígrafo y con la informática estoy un poco liado, pero bueno... Todo sea por los cerca de 100 socios del la sociedad”, señala este gran aficionado que por motivos laborales tuvo que distanciarse durante más de una década de sus queridas dos ruedas. “Era una época en la que trabajaba en montajes de aquí para allá en fábricas, en barcos mercantes, petroleros, en la central nuclear de Almaraz... y claro no había manera, así que tuve que aparcar la bici. Pero en cuanto pude retomé mi gusto por la bicicleta”, señala Del Valle.

Una afición que le llevó a impulsar un grupo de aficionados en la empresa de autobuses TCSA en la que recaló como soldador hasta su jubilación. “Me costó casi un par de años ponerme otra vez a tono pero ahí tuve la oportunidad de empezar un grupo con todos los chavales del taller. Era un pique con los chicos del taller con los aprendices y trabajadores. Solíamos hacer salidas en grupo por aquí por la zona”. Una dedicación a la bicicleta que con el paso de los años, le está sirviendo de asidero para encarar la dura escalada que le propone el Parkinson. Miembro activo de la asociación de Parkinson de Bizkaia, Jesús del Valle resalta que “esta es una enfermedad grave pero el ciclismo me ayuda a luchar para retrasar todo lo posible sus efectos”.

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