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Y tras el aniversario del 1-O, ¿qué?

Por José Luis Úriz Iglesias - Lunes, 8 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jose Luis Uriz

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Columnista Jose Luis Uriz

sERÍA más adecuado señalar los aniversarios, porque en un primero de octubre ocurrieron varios acontecimientos reseñables en nuestro país, aunque debemos ceñirnos a los más recientes. En orden cronológico, el 1 de octubre de 2016, en un convulso Comité Federal del PSOE, a pesar de no coincidir la fecha, los idus de marzo aparecieron en la vida de Pedro Sánchez. Fue traicionado, apuñalado, asesinado, en este caso políticamente, en el seno de un plenario que rememoraba al Senado de Roma. Sánchez entró como secretario general y salió como militante socialista vapuleado. Aunque en este caso los traidores se salvaron y aún circulan a sus anchas por el partido, algunos incluso con cargos de relieve.

Aquella fecha convulsionó la vida de nuestro país, produjo un verdadero terremoto político que una parte de la izquierda tardó en poder superar. Aunque al final lo logró y primero recuperó a Sánchez para el máximo cargo del socialismo y después como presidente de gobierno. La vida como se ve da muchas vueltas. Haría bien Sánchez en revisar todo lo ocurrido en aquellos instantes para evitar que le vuelva a ocurrir lo mismo, porque la traición aún anida cerca de él azuzada por una situación política convulsa.

Pero aún más impacto, especialmente desde el punto de vista emocional, produjo el 1 de octubre en 2017, cuando un independentismo catalán empecinado en la confrontación chocó de frente con un gobierno del PP de iguales características. Un choque que afectó de manera de momento irreparable, a la convivencia entre ambas comunidades, la española y la catalana. Una situación que hoy, un año después, dista mucho de haberse solucionado.

Aquel día se produjeron errores muy graves. Los halcones de ambas orillas se impusieron a las palomas, que se vieron arrasadas por un sinsentido para enmarcar en nuestra reciente historia. Quizá en el futuro, para poder estudiar qué no se debe de hacer en situaciones similares, debamos recurrir a los acontecimientos de aquel momento. Hubo quien, en ambos contendientes, se empeñó en que ese brutal choque de trenesse produjera y se dedicó a echar gasolina al fuego para que la combustión fuera aún más violenta.

Cierto es que este año ese aniversario ha estado cargado de menos tensión, a excepción de los incidentes protagonizados por unos CDRechados al monte. Se han producido cambios de relieve, por un lado en el gobierno, con un Pedro Sánchez más proclive a soluciones dialogadas;y por otro en el independentismo, en el que la quiebra entre una ERC sensata y pragmática, colisiona con PDeCat, CUP y los CDR, igual de beligerantes que hace un año. Y existían elementos peligrosos que podían provocar la repetición de aquellos lamentables acontecimientos. Incluso durante este año se ha consolidado una quiebra que parece irreconciliable entre las dos mitades de la ciudadanía catalana. La reciente guerra de los lazos amarillos da fe de la misma.

Nos preguntábamos qué iba a ocurrir ese día, deseábamos que fuera lo menos posible. Desde luego que no se repitieran aquellos hechos, que no se cometieran los mismos errores y lo más importante, que alguien desde ambas orillas comenzara la construcción de puentes por los que comunicarse. La respuesta ha sido inequívoca. Porque afortunadamente así ha sucedido. Han ocurrido pequeños y puntuales incidentes que distan mucho de la tensión brutal que sufrimos hace un año.

Ahora, una vez pasado el peligro, se puede y se debe iniciar un periodo de distensión. Desde la audacia, imaginación y generosidad, mucha generosidad. El gobierno, creando las condiciones para, evitando el choque entre poderes judicial y ejecutivo, favorecer que los políticos presos salgan a la calle. Se necesita gente como Junqueras en estos momentos. Por parte del independentismo, ERC debe imponer su criterio actual de sensatez y cordura. Después, deben abrir vías a corto, medio y largo plazo que resuelvan las tensiones centro-periferia heredadas de la Transición y agravadas con el lamentable gobierno de Rajoy.

A corto ya se observan signos de distensión con una comunicación más fluida Estado-Generalitat. A medio plazo, sería bueno negociar de manera eficaz los temas de financiación de Catalunya. Y a largo, explorar la aplicación de una vía Quebec, acorde con nuestra legislación vigente, tal y como apuntó Pedro Sánchez en su reciente visita a Canadá. ¿Es esto posible en nuestro país sin un cambio en la Constitución para el que no dan los números? Quizás lo fuera si, como han apuntado algunos expertos como el profesor Pérez Royo, se aplicara su artículo 92.1 de manera aperturista y flexible en espera de otra correlación de fuerzas más favorable en Congreso y Senado.

Cierto es que esa consulta solo podría ser consultiva y no vinculante, pero sería un primer paso para satisfacer una demanda mayoritaria de la ciudadanía catalana que en ese aspecto, el deseo de expresarse libremente en las urnas, supera con amplitud el 70%. Podría dar una radiografía real de lo que opinan los catalanes y debiera ser con una pregunta absolutamente clara y dejando perfectamente definidas las consecuencias de una u otra respuesta.

Para ello resulta imprescindible profundizar también en la pragmatización del independentismo, que tenga claro de que aquella vía solo le llevaba al fracaso y la frustración. Y hemos comenzado con mal pie con el pulso que nuevamente un desnortado Torra ha echado al gobierno de Sánchez incluso poniéndole plazo, un mes, ya que de lo contrario le retirará su apoyo y eso nos podría llevar a elecciones anticipadas, posiblemente en marzo. Ignora que ese referéndum, aunque Sánchez quisiera propiciarlo en los términos que se lo exige, que no es el caso, no podría realizarse porque no dan los números. Y

convendría igualmente que los señores Torra, Sánchez, Puigdemont, Junqueras, o Iglesias no olvidaran que lo más probable es que éstas nos trajeran una mayoría absoluta C’s-PP y entonces sí que sabríamos lo que son problemas. Quizás sea esa espada de Damocles la que paradójicamente nos ayude a desbloquear este complejo asunto.

El 1-O ha sido la fecha, pero una vez salvado solo debe suponer el inicio de algo mejor. Un punto de partida para el diálogo, la negociación y el acuerdo, sensato y realista, conscientes de que para llegar a él todos deben estar dispuestos a dejar pelos en la gatera.

Seamos, a pesar de todo, optimistas, confiemos en que a veces en política el milagro se produce. Y si no que se lo pregunten a Sánchez.

Posdata: Curiosamente existe un elemento común en ambos acontecimientos del 1-O, la presencia en 2016 de Quim Torra, actual president de la Generalitat, en la puerta de la sede del PSOE. Supuestamente en apoyo de Pedro Sánchez. Por eso haría bien ahora en ponérselo un poco más fácil.

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