Tribuna abierta

O todo o nada

Por Iñaki Anasagasti - Lunes, 8 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Iñaki Anasagasti

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Columnista Iñaki Anasagasti

LOS ciudadanos macedonios rechazaron, al no alcanzar la participación necesaria en el referéndum, el cambio de nombre de la antigua República yugoeslava de Macedonia. Grecia y Macedonia se lo disputan. No es, pues, algo baladí ni anecdótico esto del cambio de nombres. Y, sin embargo, en Euzkadi, un buen día, alguien decidió que la designación permitida durante el franquismo, Euskal Herria, sustituyera a Euzkadi dejando a esta solo encerrada en la Comunidad Autónoma Vasca sin tener en cuenta que en la Administración Aguirre, Leizaola y Garaikoetxea, en la selección de Euzkadi, el nombre de nuestro país fuera ese, Euzkadi, y lo fuera asimismo en el grito de los gudaris antes de ser fusilados. Y hasta en las siglas de la propia ETA (Euzkadi ta Askatasuna). Pero hay que dejar claro que Sabino Arana no existió. Y en eso están.

Ciudadanos marcó terreno en un decálogo de diez puntos, de los que dos nos afectan. Y lo hacen como su gran oferta a España. Ataque demoledor al Cupo y eliminación de la Transitoria Cuarta de la Constitución en lo referente a la posibilidad de que Navarra pueda unirse al resto de Euzkadi. Nunca UCD, ni tampoco el PP, fueron tan beligerantes y agresivos. Mientras damos vueltas al derecho a decidir como un mantra, a pesar de haberlo enunciado Sabino, estamos ante un grave intento colateral de impedir decidir una reunificación vasca, lo que además demuestra que lo logrado por los negociadores constitucionales del PNV en 1978, hace cuarenta años, fue un éxito mientras HB apoyaba a ETA y el Comité Central Socialista Vasco, con Navarra incluida, comenzaba su demolición. Quien vio lejos fue el PNV. Y lo digo y repito porque aquí podría parecer que los que aciertan son los que se han equivocado siempre.

En Foronda se volvió a celebrar el Alderdi Eguna. A la idea se le dio cuerda en 1977, y vive por sí sola porque toca de cerca a la familia, a la política, al sentirse juntos y fuertes, a la gastronomía y al mensaje. Este año, como novedad, con una txosna dedicada a Venezuela que tuvo un gran éxito. Vendimos todas las arepas y tequeños y sacamos un pellizco para enviar medicinas a aquel atribulado país en riesgo de hambruna sin que Maduro admita declararlo en crisis humanitaria, como se lo pidió la ONU la semana pasada, mientras los venezolanos huyen de aquella dictadura sin alma. En la txosna y fuera de ella había muchos venezolanos que en el desfile fueron muy aplaudidos. El hecho de que el PNV conecte con este colectivo de emigración continua y tan necesitado es fundamental.

Cuando en septiembre de 1977 celebramos el primer Alderdi Eguna en Aralar, ETA había decidido continuar la lucha armada, es decir, el terrorismo. Y cuanto más cruel, mejor. ¿Quién inventó aquello de la socialización del sufrimiento? La idea genial fue toda una canallada para las inmediatas víctimas y una canallada para la sociedad vasca. Nos esperaban décadas de sufrimiento y de ver envuelto nuestro nombre en una sucia lucha que nada tenía que ver con nosotros sino con unos fanáticos que con capucha y el puño cerrado decían que nos iban a liberar. Toda una brillantísima decisión ética y estratégica que nos vendieron como lo mejor para Euzkadi. Estos intelectuales empachados de marxismo-leninismo y con el puño en alto nos ofrecieron una Euzkadi socialista, reunificada y euskaldun a la vuelta de la esquina. Solo hacía falta dejar hacer a los comandos justicieros y poner un cierto número de secuestrados y muertos encima de la mesa y, en una década, viviríamos en la Arcadia feliz.

El PNV, que había acudido a las elecciones de junio de 1977, le dijo a la sociedad vasca que el camino sería largo, duro, sinuoso, lleno de ataques y contratiempos y que delante teníamos muchísimos enemigos, entre ellos a los salvadores de ETA y a quienes le apoyaban, pero que la apuesta tenía que ser ética, democrática, política, humana, gradual, y continua.

Han pasado 41 años de aquel primer Alderdi Eguna y EAJ/PNV sigue su camino, trazado por Sabino Arana en 1895, sabiendo muy bien lo que tenemos delante y cuáles son nuestros adversarios y enemigos, como lo supimos en 1977, cuando subíamos al Alderdi de Aralar. Familias, trabajo de hormiga, fiesta y respeto. Y la tortilla en la tartera.

La víspera, el sábado, viendo la noticia de la II Conferencia en Iruñea de Sortu y escuchando a su secretario general, Arkaitz Rodríguez, se colegía que Sortu sigue tan desnortada como HB en 1977, esta vez, y afortunadamente, sin apoyar a ETA, porque terminaron dándose cuenta de su inmenso error. Celebraban su segunda conferencia política para decirnos que sin derecho a decidir no hay tu tía, nada de nada. El todo o la nada que dice el lehendakari, porque se puede seguir avanzando con el pelotón sin abdicar un ápice de tu ideología, pero sin que sea imprescindible romper la sociedad en dos porque, como en 1977, los del todo o nada no tienen la brújula en su sitio y creen que eso del abertzalismo es levantar el puño y lanzar órdagos. Ese ha sido todo el aporte de esa II Conferencia Política en la que todos cantaron al final el himno de los gudaris del PNV, el Euzko Gudariak, que fue un precioso himno de guerra, el de sus 26 batallones, sí, pero de guerra y del PNV, no de Sortu. Como gran aporte de esta organización solo pusieron los puños cerrados con mucho donaire. Como en el Coliseo romano.

Magra aportación al debate político se sigue viendo en este sector de la sociedad vasca, que solo ha hablado de ETA el sábado en Iruñea para reivindicar a sus presos, que sí, que tienen que estar lo más cerca de su lugar de residencia, pero siguen sin hacer la menor pedagogía política y sin decir ni una sola palabra sobre lo que fue la barbarie de matar y matar para liberar Euzkadi, ni del inmenso fracaso cosechado desde 1977 en Txiberta. Dos años después, en 1979, si hubieran estado en la negociación estatutaria con su todo o nada, no hubiéramos tenido nada.

Por todo lo anterior el contraste entre Iruñea (Sortu) y Foronda (PNV) este fin de semana, fue muy elocuente. El PNV puede sentirse muy orgulloso de sus apuestas. Concierto, Estatuto, Osakidetza, EITB, recuperación del euskera, Guggenheim, turismo, calidad de vida, investigación, desarrollo, máquina-herramienta... Eso sí, con los instrumentos estatutarios que hemos tenido, logrados en 1979, aunque sin haber logrado todavía cumplir el Estatuto de Gernika, pero superando crisis tras crisis y poniendo una clausulita al final diciendo que el Estatuto no significa renuncia a nuestros derechos.

Pasar de la adolescencia política a la madurez no es fácil. Mucho menos cuando se confunde la madurez con Maduro, puño en alto y diciendo ese grito tan revolucionario del todo o la nada. Se equivocaron y se siguen equivocando.

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