Con la venia

¿Qué hemos hecho para merecer esto?

Por Pablo Muñoz - Domingo, 7 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 11:30h

columnista Pablo Muñoz

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Los que por oficio, o por afición, o por puro masoquismo, seguimos la actualidad política de este país y de sus nacionalidades o regiones -según definición constitucional-, vamos camino de la esquizofrenia. O de la más desesperanzada melancolía, por suavizar los efectos. Repasando las cuestiones pendientes de solución, podemos comprobar que todo sigue manga por hombro, que nadie acuerda nada, que nadie cede nada, que nadie resuelve nada.

Esta constatación se va agudizando día a día como en una desesperante Ley de Murphy según la cual si algo va mal lo más probable es que vaya a peor. Uno no sabe por dónde empezar, si por lo más importante o por lo más cercano, porque casi viene a dar igual, o sea, aquí, allá o acullá todo sigue empantanado y pendiente de solución.

Si comenzamos por eso que le dicen lo que de verdad importa, problema real, nos asomamos por ejemplo a las pensiones. Ahí andamos los yayos en manifestación permanente, reivindicando los 1.080 euros. Los que mandan podrán decirlo más alto, pero ya lo han dicho bien claro: de eso nada. Menos claro, ya han dejado caer que lo de ajustar las pensiones al IPC, pues a la larga que tampoco. Y no nos pongamos bravos, que hasta las actuales miserias pueden estar en peligro.

Si hablamos de lo de aquí, entre la crisis perpetua de Podemos, la destemplanza del PPN, la contumacia aldeana de UPN y su prensa y el pasmo atávico del PSN, todo es fustigar al Gobierno del cambio en Nafarroa y castigarle a hacer equilibrios en el alambre. En la CAV siguen en el aire los Presupuestos bajo la revancha de la línea roja que marca el PP, eso de o rompes con EH Bildu o ahí te quedas;o del mantra de Elkarrekin Podemos, nada con el neoliberalismo rapaz del PNV;o de la apuesta soberanista y nada más que soberanista de EH Bildu. Y quien dice Presupuestos dice nuevo estatus, transferencias eternamente pendientes y recursos por resolver. Los unos por los otros, la casa sin barrer.

¿Y de Catalunya qué? Pues de Catalunya nada. Vuelta simbólica en aniversario del 1-O, esta vez con las porras de casa arreando estopa, la kale borroka traducida en lluita de carrer ensayando el asalto al Parlament, los independentistas a la greña y el president lanzando órdagos por su cuenta y riesgo, más riesgo que cuenta porque hasta a los suyos les ha pillado estupefactos. Ojo, que las propuestas democráticas del soberanismo catalán quedan automáticamente convertidas por los unionistas en desafío, en ruptura, en hostilidad, en codicia… Provocación intolerable contestada a golpe de rojigualda, de regüeldo tertuliano, de exigencia de mayor rigor, de ilegalizaciones, de vuelta de tuerca al 155. Un ambiente sosegado como para dejar paso a la política.

Aún más pereza, por no decir náusea, siente uno al asomarse al ambiente político hispánico propiamente dicho. No sé si Pedro Sánchez se lo creyó, o fue un espasmo circunstancial, pero de hecho ni ha podido, ni ha querido, ni le han dejado respirar su presidencia. Se le han ido cayendo ministros, prometió lo que no podía cumplir en el calor flamante del cargo, la alianza derechona PP/C’s no le ha reconocido en ningún momento como presidente auténtico, la Brunete mediática se dedica inclemente a su acoso y derribo y, para colmo, se ha podido comprobar que esa España podrida ha quedado al azar de lo más apestoso de sus cloacas, en papeles, grabaciones y revelaciones dosificadas de un policía corrupto con quien unos y otros intimaron en alborozadas parrandas con la lengua suelta. Todo lo cual deriva en una bronca permanente sin que se haya dado un solo paso serio en solventar los problemas pendientes, que eran muchos y muy graves. Todo por resolver, todo atascado, todo pendiente, todo encabronado porque cada partido, con medio ojo mirando a las siempre próximas elecciones, no está dispuesto a renunciar a ninguna parte de sus programas estáticos en favor de las propuestas del adversario. En cualquier empresa, cuando no se alcanzan los objetivos ruedan cabezas y se despide a los responsables. En la gestión de la cosa pública, no. Repito, a nivel de Estado, de comunidades y de nacionalidades casi todo está por resolver pero ellos, los políticos, los empleados, siguen cobrando. Y los contribuyentes, o sea, la gente propiamente dicha, pagando a cambio de nada. Entre la frustración, el cabreo y la desesperanza -o la indiferencia, que es peor-, soportamos la incapacidad de los que gobiernan y la de los que se oponen a los que gobiernan. Esto es lo que hay.

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