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La colada, dos días entre trabajo y chascarrillos

Juanjo Hidalgo explicó ayer en Orozko el proceso que se seguía antaño para lavar y blanquear la ropa de cama y de vestir

Un reportaje de Susana Martín - Domingo, 7 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Los asistentes a la conferencia pudieron apreciar de cerca la gran piedra de lavar hallada en Zaloa. Fotos: S. Martín

Los asistentes a la conferencia pudieron apreciar de cerca la gran piedra de lavar hallada en Zaloa. Fotos: S. Martín

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Los asistentes a la conferencia pudieron apreciar de cerca la gran piedra de lavar hallada en Zaloa. Fotos: S. Martín

La limpieza y blanqueo de la ropa de cama y de vestir ha sido una de las tareas domésticas más duras que la mujer ha hecho durante siglos. Así quedó patente ayer durante la conferencia y visita guiada ofrecida en Orozko por el historiador Juanjo Hidalgo en el marco de las Jornadas Europeas de Patrimonio que, en esta edición, quieren poner en valor el papel de la mujer en la historia y desarrollo de sus municipios. La idea inicial era realizar una escenificación de una colada tradicional aprovechando una gran lixibari (piedra de lavar) hallada en el barrio de Zaloa “para demostrar y visibilizar el gran esfuerzo que tenían que realizar amonas, mujeres casaderas e incluso niñas en una tarea que podía durar dos días enteros”, explicó el ponente. Sin embargo, “fui demasiado optimista, se nos ha echado el tiempo encima y aunque hemos logrado mover y trasladar la piedra no ha sido posible aún su restauración”, se disculpó ante los asistentes al acto.

Aún así, Hidalgo ofreció una interesante charla con diapositivas en una sala del Museo para explicar, paso a paso, un proceso “tal y como se llevaba a cabo hasta mediados del siglo XX y que estaba unido a la elaboración de jabón y de la lejía purificadora”. Durante mucho tiempo, esa ingente labor se realizaba “bajando a los arroyos y ríos cercanos un día específico de la semana y en Euskadi nunca en Viernes Santo porque según la creencia popular salía la ropa roja”.

A partir de 1850 se empezaron a acondicionar lavaderos públicos en los pueblos, unas construcciones de piedra que contaban con fuente, abrevadero para los animales y alberque y que en el caso de Orozko “lamentablemente desapareció”. Ya sea en los ríos o en los lavaderos públicos, hacer la colada era para la mujer de antaño “una de las pocas ocasiones que tenía para relacionarse fuera de casa y el lugar donde te enterabas de muchas cosas”.

Cinco fasesLa colada tradicional de las antepasadas vizcainas constaba de cinco fases. En la primera, las mujeres “cogían agua para llenar el tinaco, un gran balde de madera, donde se ponía la ropa a remojo con jabón durante toda una noche”. A la mañana siguiente, “enjabonaban cada prenda y la frotaban sobre la tabla de lavar”. Después llegaba el momento de volver a meter las prendas, de una en una y formando diferentes capas, en una tina o especie de cuba. De manera paralela tenían que preparar la lejía de antaño “calentando en un caldero de cobre agua con ceniza vegetal previamente cribada”. La mezcla se convertía en potasa de gran poder blanqueante y limpiador “que se echaba caliente sobre la ropa, la cuba se tapaba y se tenía durante toda una noche en reposo”.

El proceso continuaba por la mañana cuando las mujeres “sacaban la ropa y la llevaban al río o al lavadero para hacer la limpieza final y ponerla a secar sobre la hierba o matorrales”. En caso de que el día fuera muy soleado, “debían humedecer las prendas de vez en cuando para que el secado fuera lento ya que, de esa manera, se conseguía un blanqueado más óptimo”.

‘Lixibarri’ de Zaloa Tras la conferencia, los asistentes acompañaron a Juanjo Hidalgo a la parte trasera del Museo para ver de cerca el gran lixibarri o piedra de lavar recuperada de un caserío del barrio de Zaloa. “Hay muchos en Orozko pero este es un ejemplar único por su tamaño de unos 5 metros de longitud y cerca de cuatro toneladas de peso”, precisó. La intención “es restaurarlo porque ahora mismo está en malas condiciones y partidos en dos piezas” y la idea es poder organizar, de cara al año que viene, “la teatralización del proceso de hacer la colada que para esta edición no ha dado tiempo”.

La siguiente parada fue junto a la fuente de estilo neoclásico construida en 1888 a instancias de Casilda Iturriza que “permitió, por primera vez, traer agua desde los manantiales y que consta de cuatro caños con cuatro pilas de caliza marmórea y un escudo en su parte superior de fundición de hierro que se realizó en Bolueta”. Frente a ella, pero en el cauce del río, “se montó un lavadero al que se accedía por unas escalinatas y que “tenía unas cuatro o cinco pozas”. El agua que llegaba hasta allí “procedía de la fuente y luego caía al río”. Y el acto culminó con una visita al lavadero natural al que acudían las mujeres en la ribera del río Arnauri.

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