Coordinador del proyecto imaginando el futuro

Javier Castro: “Hay que hacer inversión pública en las pequeñas áreas rurales”

Arranca hoy en Baiona el XVIII Congreso El futuro que nos (re)une, de Eusko Ikaskuntza, que celebrará sus cinco sesiones en cada una de las capitales vascas

Una entrevista de Agurtzane Salazar - Viernes, 5 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Javier Castro.

Javier Castro. (Fotografía de Pilar Barco)

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Javier Castro.

Gasteiz- Javier Castro, director ejecutivo de Innology Lab, es el coordinador del proyecto científico Imaginando el futuro: la sociedad que queremos, la sociedad que tendremos, cuyos resultados de los trabajos desarrollados en los últimos años se empezarán a presentar hoy dentro del XVIII Congreso de Eusko Ikaskuntza El futuro que nos (re)une, que se inicia en Baiona.

De acuerdo a su proyecto, frente al futuro, las personas podemos adoptar cuatro actitudes: el avestruz pasivo que sufre el cambio, el bombero reactivo que se ocupa de combatir el fuego una vez que este se ha declarado, el asegurador preactivo que se prepara para los cambios previsibles porque sabe que la preparación sale más cara que la prevención y el conspirador proactivo que trata de provocar los cambios deseados. ¿En qué actitud se encuentra Euskadi?

-Eusko Ikaskuntza está en la de parte conspiracional, en el buen sentido de la palabra. La idea es crear vínculos, comentar qué es lo que va a suceder, cómo vemos el futuro y en ese sentido es el de conspirar, en el de crear proyectos nuevos con otros para atender ese futuro que se viene. Por eso, la estrategia fue anticipar muchos elementos del futuro, de manera que tengamos una agenda que no nos pille por sorpresa.

Eusko Ikaskuntza es conspirador proactivo, ¿pero la sociedad en qué punto está?

-La sociedad no es la sociedad, hay muchas: universidad, empresa, sector público... Pero en todos estos mundos se encuentran conspiradores proactivos. Por tanto, nuestra idea es encontrar alianzas en todos esos mundos, con los conspiradores. Nuestro público no es la administración burocrática, nuestra estrategia es conectar con estos núcleos activos y conectarlos.

Precisamente, uno de los objetivos de su programa es paliar la apatía y la desvinculación de la sociedad de Euskal Herria hacia los temas que nos afectan, entrenando a las personas en la pausa, la reflexión, el diálogo y la convivencia. En este sentido, se dice que los menos participativos son los jóvenes. ¿Está de acuerdo?

-No estoy de acuerdo. Hay muchas clases de apatía. Las personas mayores son muy activas, en términos de implicarse en la sociedad por lo que les ha tocado vivir y porque tienen experiencia en donde la participación activa, formaba parte de la construcción del mundo. Cuando tú ves a los jóvenes, con el modo en el que ellos construyen el mundo, no forma parte de la participación activa, en el sentido de cómo entendemos ésta desde una perspectiva de las décadas pasadas, sino que forman parte de un proceso de participación muy activa a nivel de digitalización. Participan mucho en ese lugar, pero no en el sentido clásico, de estar en la calle, hacer reuniones, etc. Pero no es que sean apáticos, es que tienen un sentido distinto de participación. Hay que encontrar ésta en otros sitios y construir nuevos espacios de participación. Esta estrategia es la de Eusko Ikaskuntza, la de encontrar el lugar de la participación donde ésta sucede.

Dentro de las actividades, en el marco de este proyecto, está el de los retos de la longevidad. ¿Qué soluciones se proponen, teniendo en cuenta el envejecimiento progresivo de la sociedad vasca?

-El gran desafío de Euskadi es el envejecimiento, pero también con cómo conectarlo con la parte activa. Y con el de una sociedad con las tasas de natalidad más bajas, por lo que el gran discurso es qué hacer con la inmigración. Necesitamos una fuerza de reproducción, en el sentido de natalidad y productivo, que no va a venir por tener más hijos, sino por incorporar a los inmigrantes.

Hablando de longevidad, también Eusko Ikaskuntza ha organizado foros en torno al futuro de las áreas rurales, que acumulan envejecimiento, como es el caso de los pueblos pequeños de Tierra Estella, despoblación que perfectamente se aplica a los de Araba.

-Ahí lo que se debe hacer es inversión pública. El sector privado no es emprendedor, lo es el sector público. La discusión de los pueblos pequeños tiene que ver con el envejecimiento y juventud, con cómo financiar industrias creativas innovadoras para que los jóvenes tengan oportunidades en los pueblos en los que nacieron.

Junto a Javier Etxeberria expuso las tendencias y legislación internacionales en torno a las industrias culturales y actividades creativas. ¿De qué peculiaridades hablamos en Euskal Herria?

-Hay dos tipos de dinámicas. Una es la que todo el mundo cree que es la importante, la de digitalizar la cultura, introducir tecnologías, que es lo que llaman innovación. Nuestra perspectiva es que lo que está produciendo la digitalización produce lo que se llama tecnosociedades, sometidas a la dinámica de cuatro o cinco expertos, que controlan el conocimiento. El problema es que las tecnologías lo capturan todo y que hay que crear espacios nuevos de creatividad.

¿ Y qué hay que hacer en Euskadi?

-Crear laboratorios creativos, con participación. Hay que volver a compensar esa balanza. Es el reto de que la tecnología no lo devore todo.

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