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El alumno que denunció al profesor por abusos: "He estado a punto de suicidarme"

El joven que acusa de abusos sexuales a un exprofesor del Colegio Gaztelueta prestó ayer declaración en el juicio

Marta Hernández - Viernes, 5 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El padre del denunciante, junto a la abogada del joven.

El padre del denunciante, junto a la abogada del joven. (Oskar González)

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El padre del denunciante, junto a la abogada del joven.Arranca el juicio contra el profesor de Gaztelueta acusado de abusos sexuales a un alumno

Bilbao- El joven que acusa a un exprofesor del Colegio Gaztelueta de abusos sexuales describió ayer al juez de la Audiencia Provincial de Bizkaia los distintos episodios que, según denuncia, sufrió y también admitió que le costó contar todo lo ocurrido a sus padres por “vergüenza y sensación de culpabilidad”. Mientras tanto, el educador, Txema M., negó todos los hechos cuando respondió solo a las preguntas del magistrado, de su abogado y de la Fiscalía: “Son absolutamente falsos”, zanjó.

El primer día de este juicio arrancó, por lo tanto, con las declaraciones del acusado y del estudiante, que compareció detrás de un biombo para no entablar contacto visual con el docente. La presunta víctima, que ahora tiene 22 años, relató varios de los ataques sexuales que supuestamente padeció cuando cursaba primero y segundo de la ESO y que se desarrollaron en el despacho del que era su preceptor -una especie de tutor y asesor que existe en Gaztelueta-. Juan C. hizo alusión a dos casos de mayor gravedad -referidos a penetraciones y masturbaciones- y también narró otros en los que su profesor le acariciaba, le pedía que se quitara la camisa, le solicitaba que se sentara en sus rodillas o le preguntaba por su orientación sexual. “Un día llegué al despacho y hacía calor. Me dijo que me quitara la camisa. Me desabroché los botones y él se acercó y empezó a tocarme el cuello. Fue bajando hasta tocarme más allá de la tripa”, desveló ayer a lo largo de un discurso pausado que tuvo que interrumpir en alguna ocasión por la dureza del contenido.

El estudiante, que tenía entonces 12 y 13 años, no transmitió lo sucedido a sus padres hasta tiempo después. “No lo hice, sobre todo, por vergüenza y porque también me entró, al final del curso en Gaztelueta, una sensación de culpabilidad”, reconoció, a la par que precisó que no se sentía “lo suficientemente fuerte”. De hecho, tal y como él mismo señaló, ha atravesado por muy malos momentos, en los que incluso ha estado cerca de quitarse la vida. “No siempre he tenido esta fuerza. Para nada. He estado, incluso, a punto de suicidarme, he tenido alucinaciones, pesadillas, he estado durmiendo poquísimo… A día de hoy, sigo con pesadillas, han remitido pero tengo dificultades para dormir, para estudiar, para hacer mi vida… Se me irán borrando detalles pero las cosas que más me impactaron, que más me hicieron sufrir, las mantengo. No se me han olvidado, en su mayoría, los sentimientos que experimentaba en ese despacho: la sensación de oscuridad, de encerramiento, de bloqueo…”, aseguró emocionado el joven. A ello, según el denunciante, se suma que Txema M. le avisó “con un tono amenazante” de que “no contara nada” de lo que hacían “ahí dentro”. Sin embargo, los largos periodos que permanecía con su preceptor en el despacho ya eran objeto de comentarios entre los alumnos. “Me decían que yo era su novia”, apuntó la presunta víctima.

Al finalizar segundo de la ESO, el entonces alumno de Gaztelueta se cambió de centro escolar y se fue al Colegio Inglés, también de Leioa. Allí comenzó a recibir, según precisó ayer, amenazas por una red social. “En la parada de autobús coincidía con excompañeros de Gaztelueta”, puntualizó. “Al principio de estar en el Colegio Inglés me bloqueé por volver a estar con gente en clase. Tenía una especie de bloqueo mental y no quería ir al colegio. Una vez, un profesor habló conmigo y me acusó de plagiar un trabajo. Me recordó mucho a las situaciones vividas en Gaztelueta y, a partir de ese momento, cogí fobia a ir a clase”, explicó.

En el otro colegioEmpezó entonces, tal y como afirmó Juan C. en la vista oral, una fase perjudicial para él. “Un día me decidí a ir a clase y fui con mi abuela y mi madre en el coche. Pero me bloqueé y me tiré del coche en marcha. Empecé a huir y acabé en la estación de tren o de metro, no sé qué era... Mi padre me llamaba y me llamaba por teléfono y al final acabé contestando”, rememoró el joven que a lo largo de toda la declaración mostró dificultades para acordarse de fechas o situaciones concretas. “No sé discernir el tiempo...”, se excusó. Después de aquello, ante la insistencia de sus familiares por preguntarle qué le ocurría, llegó el momento en el que pudo hablar con su madre. “No le conté todo. Le dije que mi preceptor me hacía cosas, que me tocaba”, aseveró Juan C., que también reconoció que hoy en día presenta “sentimiento de culpa por no haber escapado ni haber hablado antes”.

También, el alumno se refirió a su entonces profesor como “una figura autoritaria” y “con poder” en el colegio. “Por lo que percibía, se le daba más importancia al perceptor que a los padres”, declaró.

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