Escritor

Eduardo Mendoza: “Escribir es un oficio que te permite ser un vago 24 horas al día”

‘El rey recibe’ es su último libro, lo presentó en Bilbao, y muestra la segunda mitad del siglo XX a través de Rufo Batalla, un personaje espejo en el que se mira

Una entrevista de Rosana Lakunza - Miércoles, 3 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Eduardo Mendoza.

Eduardo Mendoza. ( Fotografía Oskar Martínez)

Galería Noticia

Eduardo Mendoza.

Bilbao- Han pasado 43 años desde que en 1975 publicara su primera novela: La verdad sobre el caso Savolta.Tiene un fino sentido del humor y declara a su profesión de escritor la mejor para poder ser un vago las 24 horas del día. Sin vicios inconfesables, considera que una biografía sobre él sería muy aburrida. De momento, sigue escribiendo sobre Rufo Batalla, su personaje para esta trilogía que no ha hecho más que empezar.

‘El rey recibe’, el inicio de un trilogía…

-Empezarla es fácil, lo difícil es terminarla. En ello estoy, me lo estoy pasando tan bien escribiendo el segundo libro que creo que no tendré grandes problemas en llegar al tercer libro.

Su obra se sitúa, eso dicen los críticos, entre dos autores Baroja y Valle Inclán, ¿dónde ubicamos a ‘El rey recibe’?

-Pienso que se puede situar en toda la Generación del 98 junta. Estoy recogiendo un poco de todo lo que he vivido y lo que he ido absorbiendo. Este es un libro hecho con trozos de lo que tenía en la nevera. Hay bastante Baroja, no digo que no, pero tampoco prescindo de Valle-Inclán;a estas alturas uno arrastra de todo.

¿Es una carga ese arrastre literario?

-No. Lo arrastro bien, pero ya no distingo lo que leía a los quince años de lo que leí el año pasado. Es un magma lo que tengo dentro y eso se va notando en las historias que escribo. Este libro al principio lo escribí tentativamente, con prudencia, y luego lo he pasado muy bien. La segunda parte me está resultado divertidísima, ya veremos cuánto dura la ilusión, espero que mucho, me siento positivo.

¿Sigue en pie su idea de dejar huella de la sociedad en la que transcurre su vida?

-En presente y también en pasado. No sé si tanto como huella, sí testimonio, un álbum de retratos por si alguien lo quiere consultar. Quizá suene pretencioso lo de dejar huella, pero sí es cierto que me gusta retratar el mundo que he vivido. Pienso que dejar esa huella es una labor que tenemos los escritores.

Segunda mitad del siglo XX, ¿una época atractiva?

-Se ambienta en la década de los 60 y el atractivo va a depender de quién le cuente a usted la historia. Está la primavera de Praga, mayo del 68 y un personaje que tiene veintitantos años.

¿Se parecen mucho a usted Rufo Batalla, ese plumilla de los 60? ¿Su ‘alter ego’?

-Quería crear un personaje autónomo, que no fuera yo ni tampoco mi alter ego. Tienes cosas en común, siempre ocurre. Lo que sí quería era que ese personaje compartiera conmigo época, lugares, sobre todo lugares, y trayectoria;mis trabajos han sido parecidos, mis viajes también, lo mismo mi vida en Nueva York y lo que ha visto él, es lo que he visto yo.

Casi podría ser una biografía lo que está relatando.

-He querido que Rufo sea independiente, no pretendía una falsa biografía.

¿No ha tenido tentaciones de escribirla?

-Me lo planteé. A partir de una edad, uno siempre se plantea esa posibilidad, pero me pareció que no tenía ganas de contar mi vida, que no me iba a divertir y que prefería inventarme la de otro. He preferido seguir escribiendo novela, lo he hecho siempre y creo que es lo que voy a hacer.

Vive a caballo entre Londres y Barcelona, ¿no tiene intención de volver definitivamente a su ciudad?

-La ciudad de uno es aquella donde se vive a gusto. No, cada vez es más Londres y menos Barcelona. Estoy muy a gusto allí.

¿Qué le da Londres que no le dé Barcelona? Supongo que el clima no es.

-Libertad total, Barcelona me la quita, me la quita en el buen sentido. Tengo muchas relaciones, mucha vida social, pequeños compromisos que no puedo evitar por lazos afectivos. Sin embargo, en Londres tengo lo que ahora más me interesa, mucho tiempo para mí.

¿Le gusta sentirse más anónimo?

-Quizá no sea una cuestión de anonimato, tampoco quiero estar en el escaparate. Es una cuestión de organizarme, de tener el tiempo en orden para poder establecer rutinas, rutinas de trabajo.

No me imagino a un Eduardo Mendoza disperso. Además, siempre he pensado que un escritor dispone de todo su tiempo o dicho de otra forma que el tiempo era patrimonio suyo.

-Ja, ja, ja… Soy muy malo para eso, soy muy caótico y me cuesta mucho concentrarme;a la que tengo cualquier cosa ya he hecho el día a perros.

Que le distrae una mosca y se la va el santo al cielo, ¿no?

-Me ocurre. Me molesta cuando pasan las semanas y he trabajado muy poco. En cambio en Londres estoy solo y sin nada que hacer, me refiero a actividades sociales, con mal clima… Es el ambiente ideal para concentrarse. Es lo que necesito para crear mis historias y novelar a mis personajes.

¡Vaya!

-Me da la impresión de que se lo he planteado como si fuera un exilio horroroso, como si fuera un refugiado;estoy la mar de bien y cuando me canso, en menos de dos horas estoy en Barcelona y otra vez en el mogollón.

No quiero ser impertinente, Eduardo, pero ¿nunca se ha planteado dejar de escribir, pensar en jubilarse?

-Creo que un día me pasará, no es impertinente, tengo los años que tengo, 75. Me ocurre que siempre me está saliendo una historia y, aunque quisiera, no podría parar de escribir. Si se me ocurre una idea, ya no puedo dormir ni hacer nada hasta que la pruebo sobre el papel. A veces pienso que quizá sería una buena idea dejarlo, sería una manera elegante de despedirme de mis lectores, pero me temo que seguiré hasta que me arranquen el papel de las manos.

Más de cuatro décadas escribiendo, es todo un lujo, supongo.

-Sí. La primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, se publicó en 1975, lo recuerdo bien. Llevo 43 años;sí, sí, me podría jubilar, si derecho a jubilación ya tengo. Pero lo que no tengo son ganas, no sabría qué hacer conmigo mismo.

Seguro que tiene aficiones al margen de escribir libros.

-Muchas, podría estar perdiendo el tiempo todo el día y me faltarían horas para las cosas que me gustan. Por ejemplo, me gustaría leer. Uno de los problemas que tiene escribir, es que no deja tiempo para leer, tampoco tiene uno la cabeza para leer cuando se está escribiendo. La cantidad de libros que me están esperando y que sé que ya nunca leeré. A mí siempre me puede este mal vicio, escribir.

Bueno, si es el único vicio.

-Tengo otros, pero a los otros me veo con ánimos de controlarlos y a este no, es el vicio que me puede.

¿Vicios confesables?

-La verdad que sí, soy bastante aburrido. Si tuviera vicios inconfesables quizá sí que escribiría esa biografía que me sugería usted antes;pero como tengo unos vicios tan poco interesantes, más vale que escriba inventos.

¿Nunca se arrepintió de haber dejado su vida anterior, el Derecho o su puesto de traductor en la ONU?

-No, ser escritor es un oficio estupendo si es remunerado, ese ha sido mi caso.

Es de los pocos que lo ha conseguido.

-A mí me ha permitido vivir modestamente pero sin apuros. Escribir es un oficio que te permite ser un vago absoluto las 24 horas del día. Escribes una frase y dices: Buff, todo lo que he trabajado hoy.

Ser su propio jefe supongo que también está dentro de lo de oficio estupendo.

-Por supuesto, nadie me ha dicho lo que tengo que hacer, ni cuándo lo tengo que hacer. Soy el dueño absoluto de lo que hago y, además, el coste de producción es 50 céntimos de euro: papel reciclado y un bolígrafo. Este es el mejor de los oficios, he tenido otros que me han gustado y que de vez en cuando recuerdo con nostalgia, recuerdo mi época de intérprete de conferencias, pero eso ya pasó. Tengo que reconocer, lo pasé muy bien.

Parece que usted disfruta con todo lo que hacer.

-Dejé una cosa que me gustaba por otra que me gustaba más, me gustaba mucho. Hice un buen cambio, creo que no me equivoqué.

Bolígrafo y papel, ¿ordenador?

-Primero paso por el papel y no uso bolígrafo, uso pluma estilográfica, tengo varias, las limpio, las cuido, las llevo a reparar, las mimo. La primera versión la hago siempre muy solemnemente sobre papel y con tinta. Después de muchas correcciones, muchas repeticiones y mucho ensuciar, lo paso todo al ordenador. También trabajo muy a gusto frente a la pantalla, soy muy usuario del ordenador y de todos su derivados.

¿Guarda todos sus manuscritos?

-Algunos sí y otros no. Algunos se han perdido, otros los tiré, no soy fetichista. Hubo un momento en el que alguien me dijo que no los tirara, que algún día podrían interesar a alguien. Quién sabe, a lo mejor un día me da un pronto y los meto todos en la incineradora. No me gustan esas cosas arqueológicas de: Aquí puso eso, pero hay una variante. Hay que sacar un producto al mercado que siga su curso y cuando desaparezca, adiós, muy buenas.

¿Historias sin publicar?

-Sí. He empezado bastantes cosas que se han quedado a la mitad del camino. Algunas las releo y veo que son vías muertas y me deshago de ellas, otras las guardo porque tienen ideas que pueden ser aprovechables. Y, efectivamente, alguna vez de un viejo manuscrito he sacado una idea que me ha servido para algo. Novelas por publicar no me queda ninguna. No voy a dejar obra inédita.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Más sobre Cultura

ir a Cultura »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120