Tribuna abierta

Sí ocurrió, sí

Por José Manuel Bujanda Arizmendi - Jueves, 27 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

columnista José Manuel Bujanda

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columnista José Manuel Bujanda

DESDE el alba de su vida, el ser humano marcha, lucha, conquista, progresa y trabaja, ríe, se ilusiona, sufre y llora. Pelea, vive y muere, convive con contradicciones, virtudes y defectos. Tiene la capacidad de conocer. Es capaz de tomar posición, enjuiciar lo pasado y lo presente, distinguir entre razón y sinrazón, libertad y tiranía, valor y cobardía, importancia y banalidad. El ser humano habla, se comunica, posee la palabra, la capacidad de lo esencial que es la percepción por el conjunto, de la experiencia del sentido y del sentido de la experiencia. Tiene memoria, lo recrea y lo transmite, es dueño de su silencio, de su quietud interior, de su viveza desprendida, de la profundidad de un compromiso, de lo indeleble de una imagen y de su propia confusión. El pasado está ya escrito, y podemos describirlo, pero ya no podemos cambiarlo, el futuro, en cambio, es el mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos e hijas, nietas y nietos, está por escribir, lo haremos entre todos y todas, es nuestro único patrimonio intacto y nuestra esperanza.

ETA actuó a lo largo de muy diferentes etapas. Actuó en la dictadura, en la llamada transición política y en democracia en los comienzos y desarrollo del restaurado autogobierno vasco concretado en el Estatuto de Autonomía de Gernika. La primera nació y actuó en plena dictadura, fue, pues, antifranquista, tiempos de larga posguerra dictatorial y represiva a todos los efectos. Esa es en la que yo milité empuñando las armas contra un gobierno dictatorial y totalitario heredero del golpe militar fascista contra la legalidad, la libertad, la democracia, lo vasco y el gobierno legítimo de la República. La primera, antifranquista ella, en la que yo milité, tomó las armas, sí, contra un gobierno fascista negador de las libertades, la democracia, los Derechos Humanos, el autogobierno, Euskadi, el euskera y la cultura vasca en cualquiera de sus expresiones. Éramos jóvenes (“gu gera Euskadiko gaztedi berria”), antifranquistas y abertzales. Lo hicimos convencidos aunque desconocedores de que se estaba generando algo realmente perverso, desconocedores de su posterior e insospechado desarrollo. ETA se escindió a finales de 1974 en ETA (pm) y en ETA (m). La ETA (pm) en la que yo milité se autodisolvió hace 35 años, en 1983, en rueda de prensa de su comité ejecutivo quitándose las capuchas ante los periodistas. Habían pasado seis años de la Ley de Amnistía y dos del intento del golpe de estado de Tejero.

Antes, precisamente hace ya 43 años, un ya muy lejano 27 de septiembre de 1975, al alba, lloré en las celdas de castigo y aislamiento de la cárcel de Pamplona, en huelga de hambre posterior a un motín carcelario, el fusilamiento efectuado tiro a tiro por los esbirros de la agonizante dictadura de mi compañero y amigo Jon Paredes Manot Txiki, quien antes de recibir el letal tiro de gracia intentó cantar muy a duras penas el Eusko Gudariak. Dos meses después moría Franco. Sí, la ETA (pm) en la que yo milité y la de Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, se autodisolvió, lo repito, hace 35 años, en 1983, año en el que comenzó a actuar el terrorismo de Estado de la mano del GAL. Lloré también esta vez en mi celda de la cárcel de Carabanchel a Pertur por su desaparición a escasos ocho meses posteriores a la muerte del dictador, un 23 de julio de 1976, a manos bastardas de uno u otro lado, a manos de las cloacas del Estado o a manos de la imbecilidad y de la negación de la inteligencia, de aquí o de allá. Tenía razón Pertur, el discurrir de los años ha confirmado su lúcida y valiente apuesta política por la política. Unos u otros lo asesinaron. Y de paso abortaron expectativas inteligentes y necesarias, rompieron fotografías que pudieran llegar a ser superadoras y compartidas.

Sí, es cierto, nos equivocamos, desde el mismo comienzo. Fue un inmenso error. Fuimos un eslabón desgraciado y maldito de una cadena vergonzante. Nunca jamás debió ocurrir. Nunca jamás. Matar nunca estuvo bien. Nunca

Han pasado ya 42 largos años. En la ETA (pm) en que yo milité fui muy consciente en mi celda de que, obviamente, sí se sabe cómo empiezan las cosas pero no su posterior futuro desarrollo. Así, el asesinato del empresario Angel Berazadi y posteriormente los asesinatos a militantes de UCD, y otros, fueron claros síntomas de loca deriva y caída libre absurda y asesina a ningún sitio. Pero hubo un rayo de lucidez, sí, la hubo, y ETA (pm) muy felizmente desapareció para siempre. Pero muy desgraciada y muy lamentablemente ETA (m) no se disolvió, no, al contrario, degeneró, y cometió el error histórico y ético de convertir un instrumento en fin en sí mismo y lo hizo atacando a un futuro de democracia y autogobierno. Pero su inútil discurrir se ha acabado. Tarde, demasiado y cruelmente tarde para centenares de personas asesinadas. No supo dar por cerrada la persiana a la enloquecida caída libre de anteponer la vida y la dignidad de las personas a objetivos políticos, no tuvo piedad, ni inteligencia, ni coraje de parar. Hoy está acabada ante y por el devenir de la historia.

Y con el viento del norte, la lluvia mojando y el olor penetrante a salitre viejo deseo más que nunca que la condición de ser humano se anteponga para siempre en Euskadi a cualquier otra consideración. Porque negar que todos los humanos somos iguales nos lleva a la encrucijada, a la brutal y cruel contradicción de arrancar la vida y la conciencia y a la incapacidad de descifrar el enigma de lo que significa negar el ser en un acto de violencia física sin vuelta atrás, no rectificable ni modificable, definitivo, de vergüenza y escalofrío. Sí, es cierto, nos equivocamos, desde el mismo comienzo, desde el principio mismo. Fue un inmenso error. Fuimos un eslabón desgraciado y maldito de una cadena vergonzante. Nunca jamás debió ocurrir. Nunca jamás. Matar nunca estuvo bien. Nunca. Matar siempre estuvo mal. Siempre. Fue un inmenso error. El dolor causado fue injusto, terriblemente injusto. Es lo que sinceramente pienso al mirarme al espejo personal del discurrir de la historia y así lo digo y manifiesto alto y claro ante quien queriendo oír esté dispuesto a escuchar y entender.

Sí ocurrió, sí, y hace 35 años hubo capacidad de discernimiento y de llegar a la conclusión de que las causas de lo que hasta entonces había sido habían de ser superadas por apuestas inclusivas y democráticas. Hubo quien(es), desgraciada y muy lamentablemente, no tuvo (tuvieron) el valor ético necesario del discernimiento y llega(n) hoy sin virtud presentable alguna y con toda una muy pesada mochila cargada de una muy densa inmoralidad que hace que sea(n) humanamente incapaz(es) de tener el coraje intelectual y ético de reconocer que el dolor causado fue injusto. Sí, injusto.

Dicho lo dicho, no se debería seguir actuando con la misma política penitenciaria como si nada hubiera cambiado, es un contrasentido mantener la misma y persistir en un alejamiento y dispersión que no responden a parámetros de justicia, menos de humanidad y sí de venganza para con los presos y familiares. El EPPK trasladó el 21 de julio precisamente su disposición a reconocer el daño causado a sus víctimas en una reunión celebrada en la cárcel de Albolote de Granada. Ciertamente el reconocimiento del daño causado supone un paso más dentro del proceso que está protagonizando el EPPK aunque no incluya el matiz (¿matiz?) de “injusto” que distintos partidos y agentes sociales exigen a los presos de ETA. En el EPPK ven también fundamental que los cambios en política penitenciaria se hagan escuchando a la víctimas, explicándoles esos cambios, escuchando sus opiniones y diciéndoles que no se trata de privilegios, que son de aplicación estricta de la legislación y que los beneficios previstos se ajustan a los aplicados a cualquier preso.

Ojalá, ojalá sí, se den pasos en la acertada dirección. Sin herir a nadie, ni ocultar el pasado y reconociendo que es cierto que sí ocurrió y que el dolor causado fue injusto. Sí, injusto. Muy injusto.

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