efemeride ferroviaria

Línea Areeta-Plentzia: 125 años de ‘chacachá’

Plentzia, Urduliz, Sopela, Berango y Getxo conmemoran a bordo de un tren de época el 125º aniversario de la puesta en marcha de la línea Areeta-Plentzia

Un reportaje de Carlos Zárate - Lunes, 17 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

La llegada ayer por la mañana del tren de vapor a Plentzia causó una gran expectación. Fotos: O. M. BernalVER GALERÍA

La llegada ayer por la mañana del tren de vapor a Plentzia causó una gran expectación. Fotos: O. M. Bernal

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La llegada ayer por la mañana del tren de vapor a Plentzia causó una gran expectación. Fotos: O. M. Bernal

Galería[Fotos:] 125º aniversario de la puesta en marcha de la línea Areeta-Plentzia

  • La llegada ayer por la mañana del tren de vapor a Plentzia causó una gran expectación. Fotos: O. M. Bernal
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  • Arkaitz Elexpuru, Xare y Patxi de Leioa
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AL compás del chacachá, con un ligero vaivén y un intenso aroma a carbón viajaron ayer decenas de personas procedentes de los municipios de Plentzia, Urduliz, Sopela, Berango, Getxo y alrededores para conmemorar el 125º aniversario de la puesta en marcha de la línea ferroviaria Areeta-Plentzia. Toda una efeméride que Metro Bilbao quiso celebrar con una recreación de época. Un viaje al pasado para dar a conocer cómo han cambiado los tiempos.

Para ello, con la colaboración del Museo Vasco del Ferrocarril, Metro Bilbao dispuso de un tren de vapor de 1898, año de fundación del Athletic, con una locomotora fabricada en Manchester, cuna de la revolución industrial, y que durante tres décadas cubrió la línea Bilbao-Donostia. “Los trenes actuales tienen 3.600 caballos de potencia y este tiene 300, doce veces menos. Pesa 75 toneladas y tiene 120 años de antigüedad”, destacó José Miguel Ortega, director gerente de Metro Bilbao.

A bordo del convoy que llegó a la estación de Plentzia minutos antes de las once de la mañana, tras un trayecto de apenas 15 minutos a 30 km/hora, llegaron los alcaldes de los municipios por los que pasa la línea y destacaron el “encanto” del trayecto de 6,5 kilómetros. “Es la primera vez que pasa una locomotora de vapor por la línea del metro”, destacaron fuentes del suburbano. Como si de una chimenea se tratase, el humo avisó de su llegada y el silbido de la locomotora trasladó a otra época. “Recuerdo cuando llegábamos con el tiempo justo a la estación, el pica si te conocía te esperaba y ralentizaba la salida del tren”, recordaron Isabel Zarauza, Keltse Macías y Eli García. “Había gente que cuando no le habían picado el billete lo guardaba para el día siguiente, mordiendo la fecha para borrarla y poder viajar gratis”, prosiguieron. Unos tiempos en los que viajar era “más incómodo”, debido a los asientos de madera y a la cantidad de gente. “Iba a rebosar”, subrayaron.

Jefe de estaciónComo si se hubiese detenido el tiempo, Rafael Martín, jefe de estación durante más de dos décadas, regresó a la que fue su casa. “Es muy emotivo”, reconoció contemplando cómo ha cambiado la estación. “Antes no estaba cubierta, había unas cerchas de gran valor histórico que desaparecieron y una sala de espera con dos baños donde se agolpaba todo el mundo cuando llovía”, explicó. A su juicio, una de las grandes diferencias de entonces y ahora es el incremento de la seguridad. “Antes no había tanta”, aclaró.

El maquinista encargado de dirigir el tren fue Juanjo Olaizola, director del Museo Vasco del Ferrocarril. “Para manejar esta máquina, lo ideal sería que el fogonero fuera bizco y estuviese con un ojo en el manómetro, -indicador de la presión-, y el otro en el indicador del nivel de agua”, señaló. Además, explicó que uno de los aspectos más importantes para dirigir el convoy es que “hay que conocer bien la línea y el peso del tren para poder dosificar el combustible en cada momento y que mantenga la presión y no desfallezca la máquina”. “Esta locomotora trabajó 30 años en la línea Bilbao-Donostia, hasta que en 1929 la relegaron a una línea secundaria que iba de Durango a Apatamonasterio y minas de Arrazola, que ahora es una vía verde muy bonita. Allí estuvo hasta el 1960. Luego, sobre 1970 lo más normal era que la hubieran desguazado, pero se libró de chiripa porque empezó a usarse su caldera para destilar agua para las baterías de los trenes modernos. Entonces, la recuperamos para el museo y ahora funciona todos” los fines de semana”, detalló. Al mismo tiempo, Olaizola también explicó que “el consumo medio del tren es de 10 kilos por kilómetro y 85 litros de agua. Con 2.000 litros de agua que lleva ahora tiene autonomía para hacer 30 kilómetros. Por eso el maquinista en las estaciones solía tener una manguera para recargar el agua mientras subía y bajaba la gente”, rememoró.

Con un billete de segunda clase por valor de 21 pesetas viajó el plentziarra Markel Txarterina, de 3 años de edad, junto a Rakel Etxaniz. “Me está recordando los viejos tiempos. Cuando hacía viento, se metía el humo dentro del tren”, confesó encantada con la experiencia.

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