la Vuelta por Bilbao

Muchas dosis de paciencia para recibir al pelotón en Bilbao

Los cortes de tráfico provocados por la Vuelta condicionaron el día de muchos bilbainos, aunque la ciudad encajó las afecciones “con respeto” y disfrutó del paso de los ciclistas

Adrián Legasa - Jueves, 13 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Un conductor conversa con un policía municipal en el Sagrado Corazón, uno de los puntos donde más se notaron los cortes en la circulación.Foto: José Mari Martínez

Un conductor conversa con un policía municipal en el Sagrado Corazón, uno de los puntos donde más se notaron los cortes en la circulación.Foto: José Mari Martínez

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Un conductor conversa con un policía municipal en el Sagrado Corazón, uno de los puntos donde más se notaron los cortes en la circulación.Foto: José Mari Martínez

bilbao- Bizkaia fue ayer el escenario de uno de los principales eventos de ciclismo a nivel internacional como es la Vuelta a España. Un atractivo para muchos aficionados pero que condiciona la jornada en los municipios que acogen el paso del pelotón, sobre todo en el caso de la capital vizcaina. Las principales calles de Bilbao sufrieron cortes de tráfico a partir del mediodía y hasta algo más de las tres de la tarde, lo que obligó a tomarse el día con calma a vecinos y conductores. El personal que controlaba los cruces tuvo que hacer frente a algunos enfados puntuales, aunque en general los bilbainos asumieron los inconvenientes “con paciencia y respeto” y “bastante informados” sobre el horario programado para los cierres del tráfico, según varios organizadores.

Este año Bilbao no era final de etapa como ha ocurrido en las dos últimas ocasiones en que la Vuelta ha visitado Bizkaia, pero el doble paso de los ciclistas por la capital obligó a poner en marcha un importante dispositivo para garantizar la seguridad. Aunque la salida real de la carrera estaba prevista para las 13.30 horas en la Avenida Gurtubay, las calles próximas a San Mamés estaban ya liberadas de circulación tres cuartos de hora antes, momento en el que empezaron a reunirse aficionados y curiosos en las aceras para ver el paso de los ciclistas.

En el Sagrado Corazón, uno de los puntos con más tráfico de la villa, hubo varios despistados que se vieron sorprendidos por los cortes, lo que propició algún enfado con la Policía Municipal, aunque la mayoría encajaron con paciencia la espera. Como curiosidad, hubo un grupo de conductores que, bien informados y con la orden municipal en la mano, lograron colarse a última hora en dirección a Deusto argumentando que aún faltaban unos minutos para el cierre.

En general, una vez asumido el retraso en la hora de llegada al trabajo, los afectados prefirieron salir del coche y aprovechar la ocasión para animar a los deportistas.

“un día especial”“Hoy es un día especial. Esto no pasa todos los días. Tenemos que saber compartir las calles. Soy ciclista y soy conductor y creo que hay espacio para todos”, comentaba Mariano.

Desde su coche, Joseba encaraba la situación con una sonrisa. “Bueno, si son solo 15 minutos ni tan mal... Pensaba que me iba a pasar aquí todo el día”, asumía pocos minutos antes de que los ciclistas llegaran al centro de Bilbao cruzando el puente Euskalduna.

La jornada dejó imágenes curiosas también en los edificios con vistas a las calles por donde pasaba la etapa. Eran muchos los vecinos que, pegados a las ventanas, no querían perderse el espectáculo. Coches, bares y hasta oficinas, todo se paralizó unos minutos hasta que pasaron los ciclistas y, tras ellos, la caravana de coches que les acompaña.

Una vez la carrera abandonó la ciudad por Zorrotza, algunas calles se reabrieron al tráfico para volver a cerrarse completamente el paso de vehículos a eso de las dos y media, cuando el pelotón regresó a la ciudad para atravesar la Gran Vía antes de salir en dirección a la meta situada en el monte Oiz.

Los entendidos animaban a los vizcainos Omar Fraile y Jonathan Castroviejo, ambos en la escapada del día, y hacían cábalas sobre las posibilidades que tenía el primer grupo de ganar la etapa. “Cuatro minutos es mucho tiempo. Yo creo que llegan”, comentaban un par de aficionados cuando aún faltaban más de 100 kilómetros por delante. La posterior victoria de Michael Woods, que iba en ese grupo, les dio la razón. También hubo quien reparó en el paso por la Gran Vía de Igor Antón, ganador en Bilbao en 2011, en esta ocasión cerrando el pelotón.

Los menos especialistas disfrutaron y se sorprendieron con la infraestructura y la flota de vehículos que maneja una gran vuelta por etapas, y sobre todo con la velocidad de los ciclistas. Fue un visto y no visto. Hasta la próxima ocasión, quizá el año que viene.

En poco tiempo la ciudad había recuperado la normalidad. Como ocurrió en Bilbao, el paso de la Vuelta condicionó ayer durante unas horas la vida de unos cuantos municipios de Bizkaia como Sestao, Portugalete, Mungia, Bermeo o Gernika, que abarrotaron sus aceras para arropar a los ciclistas.

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