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La corrida de toros Garapullos

Ni siquiera dio para una portada en el ‘Playboy’

Los toros de El Parralejo dieron un juego infumable en Vista Alegre

Ferrera invocó al orgullo como salvavidas pero la tarde naufragó

Jon Mujika - Viernes, 24 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Muletazo al natural de Antonio Ferrera ante ‘Pajarillo’, el cuarto toro de la tarde.

Muletazo al natural de Antonio Ferrera ante ‘Pajarillo’, el cuarto toro de la tarde. (Foto: José Mari Martínez)

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Muletazo al natural de Antonio Ferrera ante ‘Pajarillo’, el cuarto toro de la tarde.

la corrida de ayer

bilbao- Jamás de los jamases hubisen llegado a una portada del Playboy,ni siquiera en los años más prudentes, cuando las señoritas apenas eran pura insinuación, por mucho que los toros de El Parralejo se presentasen ayer con todas las vergüenzas al aire, los muy cochinotes. Pese a la aparatosa y tremenda lenceríade unos pitones que parecían alfanjes, los herederos de Jandilla flaqueaban de raza, bravura y espíritu: eran puro hueso y pellejo. Así no hay atracción posible. Qué digo el Playboy.Tampoco en Penthouse, Hustler, Libo aquel cómic que hizo fortuna en los años veinte del pasado siglo en Estados Unidos, Tijuana bibles, dicho sea todo ello con perdón de la erudicción erótica que no sé de dónde me vendrá. A falta de toros, la imaginación, ya ven, pajareó por otros lares.

¿Es un desprecio fijar la mirada en estas cuestiones cuando hay una corrida de toros sobre la mesa para su análisis? No lo sé pero sirva de atenuante la terrible sed de bravura que nos asola. Provoca espejismos y una visión borrosa de las cosas que distrae la atención. Pido perdón a los indignados por esa causa y comprensión a los indignados por otra: la debacle y la hecatombe del toro bravo, ese especimen sobre el que pronto comenzarán a planear las leyendas en Bilbao. Como si fuese una especie similar al hombre de las nieves o el monstruo del Lago Ness.

Aquello que vi entre las nubes cárdenas parecía una bandada de buitres al vuelo en círculo. ¿Habrán detectado el cadáver de la ilusión menguante de una afición que llora y protesta por la falta de pan? O peor aún: la abundancia de pan duro, intragable. Da miedo. Hubo, también hay que decirlo, algunas estampas de viejo para el recuerdo, que no todo han de ser desgracias y lamentos. Por ejemplo, Secretario,el segundo toro de la tarde, peleó en el caballo como dicen que se hacía antaño: con los puños desnudos y ensangrentados. O la brega a la anigua usanza de Antonio Ferrera con el capote ante la imponente cabeza de Pajarillo,un toro al que llevó hasta la boca de riego con sabiduría de viejo para recetarle, ahí y ahora sí, una media verónica en blanco y negro. Hay que buscar consuelos para mantener en pie la esperanza.

Hay que ver lo bien que viste un hombre desnudo de artificios. Porque en verdad Ferrera cuajó una tarde bañada en las aguas de la verdad sin adornos y la vergüenza torera de cabo a rabo. A Hostelero,el toro de El Parralejo que firmó en el libro de visitas de Vista Alegre por primera vez en la historia de la ganadería, le alargó las embestidas cortas con una muleta larga, sabia y poderosa, para imponerse a las protestas y rebrincos del animal. Ya están cantadas las gestas de la capa con Pajarillo,un toro que llegó a la desembocadura de su lidia con las manos blandas y apesadumbradas, como si a su fiereza le hubiese puesto grilletes en los pies. El toro perdía las manos al tercer muletazo de cada serie y Antonio a secas, todo un tío, le mantuvo en pie en una faena de bravo, de hombre con voluntad de pelo en pecho. En su otoño el hombre ha encontrado una primavera. Vista Alegre le aplaudió aunque quizás -a lo peor fue un defecto mío de vista...- con menos cariño del debido.

Cuando Perea se vio cara a cara con Secretario,el toro de la pujanza, pareció que sí. Ahí se intuía que el toro, largo y templado en los primeros muletazos, era otro del que luego fue. Porque en un santiamén se esfumó aquel aleteo y toro y torero se enredaron en un siesnoes,como si hubiesen bajado de watios ambos. Olía a plomo fundido, aroma que se agigantó en el quinto, repleto de problemas aritméticos, geométricos y trigonométricos que Miguel Ángel no quiso ver.

De Ginés Marín debiera contarles algo, pero visto el saldo de parones y defensas sordas con el que se encontró en la tarde, quedo en deuda con él y con ustedes.

la corrida de hoy

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