la historia de Olaia Ríos, bilbaina de 35 años

De la quimio al “sí, quiero”

Olaia Ríos, quien narró hace siete años su lucha contra la leucemia en DEIA, muestra cómo la enfermedad no ha impedido cumplir sus deseos de ser madre y casarse, algo que hará el sábado con Álex, su novio desde hace 11 años

Un reportaje de Miguel A. Pardo - Domingo, 15 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Olaia junto a su hija Ainhize y Álex, su futuro marido, el pasado 28 de febrero en la Herriko Plaza de Barakaldo, jornada en la que la nieve tiñó de blanco todo Bizkaia. Foto: DEIA

Olaia junto a su hija Ainhize y Álex, su futuro marido, el pasado 28 de febrero en la Herriko Plaza de Barakaldo, jornada en la que la nieve tiñó de blanco todo Bizkaia. Foto: DEIA

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Olaia junto a su hija Ainhize y Álex, su futuro marido, el pasado 28 de febrero en la Herriko Plaza de Barakaldo, jornada en la que la nieve tiñó de blanco todo Bizkaia. Foto: DEIAOlaia junto a su hija Ainhize y Álex, su futuro marido, el pasado 28 de febrero en la Herriko Plaza de Barakaldo, jornada en la que la nieve tiñó de blanco todo Bizkaia. Foto: DEIAHace siete años, Olaia contó a DEIA su lucha contra la leucemia, enfermedad que, después, superó.
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sOÑAR es gratis, los sueños son el combustible que propulsa la vida de muchas personas, sobre todo en los momentos más delicados. En ocasiones, los sueños se hacen realidad y Olaia Ríos, una bilbaina de 35 años residente en Barakaldo, es ejemplo de ello. Hace siete años, cuando contaba con 28, Olaia plantaba cara a la leucemia, mirándola de frente con fortaleza y entereza, tal y como mostró en el reportaje que este mismo periódico publicó el 4 de febrero de 2011. Aun en pleno tratamiento de quimioterapia, Olaia llenó aquellas líneas de optimismo ante la adversidad y fuerza al asegurar que “aún me quedan cincuenta años más por vivir”. Ella no dejaba de atisbar su futuro. En él se veía teniendo hijos -para ello congeló óvulos antes de someterse al tratamiento- y casándose con su novio Álex.

Dentro de una semana, Olaia hará realidad cada detalle de su sueño. Cuando levante la vista el próximo domingo será ya una mujer casada con el chico que le robó el corazón, aquel que en los días más oscuros y duros se convirtió en uno de sus pilares básicos para seguir adelante, aquel que fue su bastón para caminar en los momentos de debilidad. Además, cuando mire a su alrededor, verá a Ainhize, su hija, la niña que desde hace tres años ilumina sus días. “Nunca pensé que mi peque fuera a ser la invitada estelar a mi propia boda. Quiero que la disfrute y tenga muchos recuerdos de este día, a pesar de su corta edad”, explica Olaia, ejemplo de que la leucemia, en muchos casos, marca un punto y aparte en la vida, no un punto y final.

A ella, los médicos le dieron un 50% de posibilidades de seguir viviendo. La balanza estaba equilibrada entre un final feliz y un destino trágico, pero su fortaleza mental y su actitud positiva fueron los aspectos que decantaron la balanza hacia el final feliz de esta historia de resiliencia y superación. “Intenté ser optimista. El positivismo no siempre estuvo presente, pero había que intentarlo. No me podía rendir. Aún me quedaban muchas cosas por vivir, las mejores, de hecho. Ese positivismo que me faltaba me lo daban los doctores Nacho y Olga de Basurto y Richard de Valdecilla y sobre todo Tino, que ahí estaba en la habitación de al lado, sufriendo lo mismo, siempre con una sonrisa en la boca y animándome”, reconoce.

Si la de Olaia es la cara de la lucha contra la leucemia, la de Tino es la cruz, puesto que no pudo superar la enfermedad. “Lo suyo se complicó y nos dejó. Descanse en paz”, afirma apenada, pues no podrá ser uno de sus invitados a su boda. Precisamente es a este compañero de fatigas y de lucha contra la enfermedad a una de las personas que Olaia tenga más presente en su recuerdo el sábado cuando dé el “sí, quiero”. La memoria de Tino, quien luchó pero no pudo vencer la batalla, sigue muy presente en la vida de Olaia quien admite que en la actualidad está viviendo su “mejor momento. Mi vida ahora es como la de cualquier otra persona, sigo trabajando en el mismo sitio, con una familia que adoro y unos amigos que siempre están ahí”. Vive una vida normal, pero que vislumbra desde la perspectiva que le ha dado la dura batalla que libró contra la leucemia. “Haber pasado por esta enfermedad me ha hecho ver la vida de otra forma. Disfruto cada momento. El simple hecho de dar un abrazo o un beso a alguien, estar en el parque, al aire libre... Ya es para mí una alegría porque durante los cinco meses que sufrí la quimio no pude hacer nada de eso. Y si encima puedo hacer esas cosas acompañada de mi peque o de Álex... Es estupendo”, resume.

Y es que aquellos duros días de luchar ante un duro rival curten, cambian la perspectiva vital. “Fue un proceso difícil y duro. Todo se vuelve oscuro, no puedes mirar al futuro más allá de las siguientes horas, luchar y pelear por despertar y levantarte. Pero merece la pena ¡y mucho! Ahora sigo trabajando en el mismo lugar que antes de la enfermedad, tengo una familia a la que adoro y unos amigos que siempre están ahí”, agradece Olaia. En esa dura época, además de sus familiares y amigos, Álex también fue alguien muy importante, básico para Olaia. Llevaban unos pocos meses viviendo juntos cuando a ella le diagnosticaron leucemia, en mayo de 2010, y juntos y unidos pasaron el mal trago. Aquello iba a trastocar sus planes de casarse en 2012, pero la cuestión lo requería puesto que iban a jugar el partido más importante de sus vidas. Pese a todo, Olaia reconoce que en pleno hospital llegó a hacer la lista de bodas, mirar vestidos de novia... Lo que era una señal inequívoca del optimismo, de las ganas de vivir, de vencer que tenía la joven incluso en los días más débiles del agresivo tratamiento de quimioterapia al que tuvo que someterse.

Desde AlemaniaEl impulso final para que la historia de Olaia tuviese final feliz e iniciase esos 50 años -ojalá sean más- que decía en 2011 que aún le quedaban por vivir llegó desde miles de kilómetros de distancia, concretamente, desde algún punto de Alemania. Allí, un ángel anónimo y desconocido, concienciado con la lucha contra la leucemia, hizo un gesto tan sencillo y simple como donar médula. Esa donación salvó la vida de esta gran luchadora y le permitió empezar a construir sus planes de futuro, una idea de vida que cobró una nueva dimensión hace tres años con el nacimiento de Ainhize y el 18 de febrero de 2017, cuando Álex le pidió matrimonio en plena Torre Eiffel. “El transplante fue más corto de lo que pensaba. Tuve la gran fortuna de que la médula era rica en células y con solo una transfusión de 5 minutos, ese alemán me salvó la vida. Ahora, cada vez que piso Alemania mi corazón se estremece pensando que si no fuera por algún habitante de allí, yo no estaría aquí”, reconoce.

Irremediablemente, una parte de ella está en ese país y su caso es una muestra de la importancia de un pequeño gesto para salvar la vida de cualquier persona del mundo. “La donación de medula no duele, como muchos piensan. Una de las formas de donar es como si fueras a donar sangre, que es bien sencillo. Que miren en la página de la Fundación Josep Carreras, que ahí tienen toda la información y que no se lo piensen, porque con esa donación pueden salvar una vida. Una vida como la mía, con casi 30 años, la de un bebé con apenas un añito o la de una persona mayor de 60 años. Todos los donantes pueden donar a cualquier enfermo y salvarle, siempre que sean compatibles”, apunta. Antes de vivir este sábado uno de sus días soñados, Olaia no se olvida de quienes hoy día luchan contra la leucemia: “¡Sed fuertes! Es duro pero confiad en los médicos y en vosotros mismos. Yo en su día pude y vosotros también podéis”.

carta a álex

etiquetas: leucemia, olaia rios

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