Lucrecia Hernández Mack Médica, exministra de Salud de Guatemala y especialista en sistemas de salud

“Hay involucrados en violaciones de DD.HH. en Guatemala que ahora son políticos y diputados”

Es la primera mujer que ha sido ministra de Salud en Guatemala. Fue invitada a Iruñea por Medicus Mundi a participar en las jornadas internacionales sobre sistemas de salud y contar cómo fue la implantación del Modelo Incluyente en Salud en Guatemala. Este programa está apoyado desde hace años por esta ONG y por el Gobierno de Nafarroa

Entrevista de Edurne Navarro Fotografía de Javier Bergasa - Lunes, 5 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Lucrecia Hernández Mack

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Iruñea- El panorama de la sanidad pública en Guatemala es, lamentablemente, desolador. Un desabastecimiento generalizado, precariedad, corrupción, inseguridad, falta de acceso…

-Nunca tuvimos un Estado social, sino uno contrainsurgente que nunca desarrolló una red de servicios pública, por lo que llevamos un retraso de más de 40 años. Solo un 17% de la población está atendido por el Seguro Social, y los centros de salud únicamente cubren a 6,5 millones de personas (actualmente, estiman que hay más de 15 millones de habitantes en el país). El Ministerio de Salud tenía problemas de abastecimiento, de no poder atender la demanda, y encima sufría una depredación total por la corrupción política de los últimos años, especialmente del PP (Partido Patriota). En 2015, el presidente, la vicepresidenta y muchos de sus funcionarios fueron ligados a procesos de corrupción, así como altos cargos del Seguro Social. Para cuando nuestro equipo entró (en el Gobierno) en 2016, el Ministerio se encontraba en una de sus peores crisis.

¿Cómo fue la entrada al Gobierno?

-A un equipo de salubristas, en el que me incluyo, se le pidió que asumiese el Ministerio de Salud en julio de 2016. Lo principal fue reabastecer los servicios y empezar a tomar medidas para solucionar los problemas estructurales. Nosotros ya teníamos un plan. Parte importante de este es el Modelo Incluyente en Salud (MIS), que se venía formulando desde finales de los 90 y se estaba llevando a cabo con resultados importantes. Este programa ha tenido reconocimientos internacionales, otorgados a Medicus Mundi por apoyar estos proyectos en Guatemala, Bolivia y Perú, como el Sasakawa de la OMS en 2016.

¿De qué forma de desarrolla este programa?

- En Guatemala funcionaba en 140 puestos de salud, gracias a los jefes de área de Salud locales, pero no era política nacional. Empezamos la implementación en siete departamentos (es su división territorial, como nuestras CC.AA.) en 2017. El plan era terminar de cubrir todo el país (son 22 departamentos en total) en 2018-2019. Lamentablemente, en agosto de 2017, entramos en serias contradicciones éticas con el presidente Jimmy Morales al declarar non grato al responsable de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (entidad encargada de investigar casos de corrupción), Iván Velázquez. Nosotros lo consideramos una obstaculización de la justicia y un abuso de autoridad y presentamos nuestra renuncia. Ahora, seguimos apoyando con Medicus Mundi la transferencia técnica del MIS a los espacios donde ya estaba y avanzar en un modelo que fortalezca toda la red sanitaria.

Pero el nuevo ministro de Salud dijo que el MIS no continuará.

-Una de las primeras decisiones que tomó es que no va a continuar a nivel nacional, pero los liderazgos a nivel local se mantienen, así como el apoyo de organizaciones para que continúe.

Pero hace falta un paso más, ¿no?

-Hace falta un plan de Gobierno. Aún donde tengamos lugares en los que se reduzcan las muertes maternas o la mortalidad infantil, hay que hacer un trabajo intersectorial, político, económico… con la implicación de las municipalidades y los ministerios. Hasta ahora, toman un problema que es estructural y económico y lo convierten en un problema biológico e individual.

¿Cuáles son las perspectivas?

-El Gobierno está en modo supervivencia. Veo difícil que implemente políticas de transformación, ni en lo económico ni en lo social. La esperanza la veo en las elecciones de 2019, donde habrá cambio legislativo y ejecutivo.

Y ahí entra el Movimiento Semilla, al que usted apoya.

-Este movimiento surge antes de las manifestaciones de 2015 (que pidieron la renuncia del Gobierno del PP), pero entonces queda claro que no se puede quedar en colectivos urbanos y hay que pasar a un movimiento organizativo mayor, así que decide convertirse en partido. Ahora está en el proceso, como comité, porque necesita 23.000 afiliados para constituirse, pero sufre muchas dificultades y ataques.

Históricamente, en Guatemala, los movimientos de izquierda, de reivindicación de la memoria, de defensa de los derechos humanos, han sido duramente atacados por las cúpulas político militares que se han sucedido en el poder. ¿Cuál es la situación actual?

-Ha habido un deterioro en las reivindicaciones históricas. Hay trolls en Internet, hay discursos de odio, y se ha generado una narrativa de antagonismo a la reivindicación de la memoria, hacia los procesos de justicia y contra los defensores de derechos humanos. En el Congreso se ha formulado una extensión del delito de terrorismo que, a la práctica, es como una Ley Mordaza. Hubo un boom con estos temas desde los Acuerdos de Paz (1991-1996) al juicio por genocidio (al ex general Ríos Montt) de 2013 y en 2015, con la caída del Gobierno del PP, supuso otro escalón más. Pero ahora se ha venido abajo, y más con la decisión del presidente Morales de nombrar non grata a la CICIG porque logró que se envalentonasen todos estos actores para empezar a atacar. Hay involucrados en violaciones de derechos humanos, en crimen organizado, que ahora son políticos y diputados.

las claves

“Nunca tuvimos un Estado social, sino uno contrainsurgente que nunca desarrolló una red de servicios pública, por lo que llevamos un retraso de más de 40 años”

“Hasta ahora en Guatemala se toma un problema que es estructural y económico y lo convierten en un problema biológico e individual”

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