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Una vida en los escenarios/aste nagusia

Coreografía entre bambalinas

Aunque pueda presumir de una producción de más de 500 prendas, en ‘Priscilla, reina del desierto’ ningún atuendo se repite
Los actores ensayan para pulir la técnica de cambiarse en un periquete

Ane Araluzea - Martes, 22 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Los sastres ayudan a los actores a cambiarse de ropa para las 23 escenas que tiene el espectáculo. Fotos: Pablo Viñas

Los sastres ayudan a los actores a cambiarse de ropa para las 23 escenas que tiene el espectáculo. Fotos: Pablo Viñas

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Los sastres ayudan a los actores a cambiarse de ropa para las 23 escenas que tiene el espectáculo. Fotos: Pablo Viñas

Bilbao- En cuestión de segundos un mismo actor sale al escenario con un maquillaje completamente diferente y con un traje aún más excéntrico que el anterior. El ritmo vertiginoso de Priscilla, reina del desierto no deja lugar al despiste, y los pasillos del Teatro Arriaga están organizados para que los artistas sean objeto de una metamorfosis cada vez que salen de escena. Desplegados por los recovecos más inimaginables del backstage, alrededor de 500 trajes que parecen piezas de museo comparten espacio con pelucas, tocados y sombreros de lo más llamativos. Cada cosa tiene su lugar y cada actor conoce cuál es;pero en realidad el éxito es producto de una coreografía bien ensayada entre bambalinas. Y de algunos trucos.

Falta una hora para que comience el espectáculo y en la trastienda suenan escalas imposibles con las que los actores calientan las voces mientras van tomando posición, antes de pasar por chapa y pintura. “El cambio inicial de vestuario lo hacen en el camerino, el resto se lo van poniendo por el pasillo”, relata Javier Díez, uno de los regidores. Para que todo esté a punto, el jefe de Sastrería, Efrén Latorre, va extendiendo la indumentaria por los corredores de forma práctica, para que los actores, literalmente, se zambullan en los trajes de manera sincronizada, sin codazos ni traspiés.

Ninguno de los elementos del colorido guardarropa drag se repite. No es casualidad que la película original ganara un Oscar con el vestuario, galardón que el musical ha replicado en los Tony y en el Laurence Olivier. La importancia del vestuario es tal que se prolonga al decorado: “Esta silla está diseñada teniendo en cuenta la ropa que lleva quien se sienta encima”, narra el regidor. Todo se cuida como oro en paño. Los trajes se llevan de gira en dos enormes tráileres, con armarios construidos para su transporte. “En cada ciudad contratamos una persona local para que se ocupe de la lavandería”, indica Latorre.

En el tercer piso, el actor que interpreta a Bernadette, el transexual de la función, está en su tocador. “La mujer que yo soy estará en veinte minutos. Ahora estoy envejecida”, dice sin timidez. Deborah, una de las maquilladoras, emplea más de cuarenta minutos diarios para caracterizar su personaje. “Es complicado porque es un hombre que tiene que parecer una mujer. ¡Es una locura, no descansamos!”, exclama, al tiempo que explica que emplean medio kilo de purpurina en cada show. Cuando Deborah acaba su trabajo, Bernadette no tiene dudas: “Yo sí que soy una mujer... ¡Las otras son unas mamarrachas!”

Javier Diez reconoce que puede haber errores: “Alguna vez ha ocurrido que un actor ha salido sin sombrero, pero estamos coordinados para que si pasa tampoco lo lleve quien va igual vestido”. Pero los desaciertos siempre son mínimos. Para ello están los trucos como las más de 200 máscaras de maquillaje hechas a medida de las facciones de cada actor o las prendas que se colocan bajo otros trajes para poder mutar su apariencia en un periquete. Eso sí, las cosas del directo siempre tienen lo suyo: “Hace mucho calor y esto se me derrite”, comenta minutos antes de empezar el espectáculo uno de los actores, aún en paños menores, señalándose la cara. “¿Quién ha elegido estas medias estas rejilla? ¡Se me salen los pelos!”, indaga.

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