en el Parque de Doña Casilda en Bilbao

Kalealdia, las marionetas bailan a pie de calle

lA COMPAÑÍA CHILENA MARIONETAS APOKELLEN OFRECE hoy SU ÚLTIMA FUNCIÓN dentro de la 18ª edición de Kalealdia

Un reportaje de Uxue Razkin - Miércoles, 28 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

El chileno Sergio Barrios llega montado en su bicicleta, en la que porta el resto de los objetos de su función. Fotos: Oskar González

El chileno Sergio Barrios llega montado en su bicicleta, en la que porta el resto de los objetos de su función. Fotos: Oskar González

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El chileno Sergio Barrios llega montado en su bicicleta, en la que porta el resto de los objetos de su función. Fotos: Oskar GonzálezBarrios mueve sus títeres ante la mirada del público.

mIENTRAS el cielo empezaba a tronar en la tarde de ayer, el marionetista Sergio Barrios se encargaba de poner a punto su vieja bicicleta en el parque de Doña Casilda, muy poco agobiado, como si la lluvia que parecía inminente no fuera con él. El espectáculo que trae a Kalealdia -su primera vez en el festival-, que compartió ayer espacio con otras funciones circenses y bandas musicales, se llama Sinopsis de un sueño,pero según explicó, va de la mano de La Recicleta.

Con suma delicadeza empezó a montar lo que en pocas horas iba a convertiste en su transporte y también en escenario. Barrios apretaba tornillos y hablaba medio hipnotizado: “Llevo dos años y medio trabajando en este espectáculo pero cada vez que empiezo se convierte en algo nuevo, porque en el mundo de las marionetas siempre salen nuevas ideas”.

La historia nace de dos palabras: reciclaje y bicicleta. “Esta vieja bicicleta la recuperé hace un montón de tiempo de un anciano. La tenía toda oxidada, pero la arreglé para crear el espectáculo. La gente no le ve un valor a este tipo de objetos y yo busco el lado poético a las cosas antiguas”, dijo. En la función cuenta una pequeña historia llena de sorpresas donde “nada es lo que parece, porque estos objetos fueron otra cosa en otro tiempo”, relató sacando una mariposa de una caja, que empezó a mover imitando el aleteo tan característico del insecto que parecía llegar exhausto a la rama de un árbol cercano.

El marionetista de origen chileno, volviendo en sí, guardó la mariposa en la caja y recuperó el hilo de la conversación: “La obra también habla del artista de calle;realzo su figura, que está mal vista porque piensan que es de segunda calidad. Creo que el arte de calle es muy significativo desde el punto de vista sociocultural”. Y de nuevo, volviendo a sus quehaceres, clavó los ojos en la bicicleta;colocó bien el flequillo de su títere, desplazó una cajita dos centímetros y tocó la bocina. Porque los detalles importan.

Podría decirse que él también es personaje de su propia función, adopta el rol del hombre que recicla. “En esta sociedad egoísta el personaje anda girando con una bicicleta muy vieja. Está sacado del contexto de lo que se está viviendo ahora y eso hace que las personas miren y digan: ¡Qué hace este tipo!. La gente se detiene y ahí empieza toda la historia donde el hombre enseña todas las cosas que se pueden hacer con los objetos que la gente tira. Un concepto muy actual y necesario”, expresó.

El cielo iba en sintonía con las reflexiones del artista chileno, cuyo tono ya empezaba a volverse gris: “El teatro de marionetas se ha ido perdiendo”. Recordó el objetivo de los artistas que tratan de acercar el teatro de marionetas a la gente en un mundo donde la tecnología impera. “Cuando sacas a los niños de los móviles y ven algo tangible, real, los transformas y los transportas a este mundo. El aporte cultural que hace el teatro de calle es muy importante”, añadió.

El artista explicó que en Europa y en Oriente hay una tradición histórica con el teatro de marionetas. En el caso de Chile, aclaró, ocurre algo diferente ya que nació dentro de un contexto social más contemporáneo. En Valparaíso, por ejemplo, hay un movimiento “muy grande” de este tipo de teatro. “Nosotros vivimos 17 años de dictadura y cuando terminó hubo una explosión cultural. La dictadura pone un pie gigante y destroza toda la cultura y todo el crecimiento en el ámbito de la educación. Cuando se terminó, la gente empezó a querer decir cosas y el arte los motivó”, relató.

La función, de una duración de 25 minutos, es para todo tipo de público y no tiene diálogos, es un teatro “muy visual y musical”. Por ello cree queLa Recicleta es universal: “El diálogo siempre existe pero se trata de una comunicación no verbal”. Es un espectáculo donde los detalles marcan la diferencia “porque trabajo con el movimiento”.

El espectáculo ha tenido buena acogida. El lunes quedó “muy lindo, vi que a la gente le gusta mucho el mundo de las marionetas”. El segundo pase fue “más íntimo y se apreció mucho mejor”. La jornada de ayer fue un éxito también, la gente -niños y adultos- se agolpó para ver a Sergio dando vida a sus títeres. Durante la función estuvo concentrado en que sus figuras repitieran los movimientos ensayados horas antes, cuando aún el cielo parecía que no iba a dar tregua a su arte.

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