Tribuna abierta

La nueva ruta de la seda

Por Javier Otazu Ojer - Jueves, 1 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

LA ruta de la seda nos evoca a los viajes de Marco Polo y al comienzo del comercio entre Oriente y Occidente. Nos recuerda viejas historias en las que los seres humanos no dejaban de disfrutar de nuevos descubrimientos, aventuras y experiencias. Hoy, en un mundo hiperconectado y con una tecnología que nos rodea allí donde vamos, poco parece que queda por descubrir. Y, sin embargo, aunque parezca mentira, se está creando el germen de otra ruta de la seda. Y esta ruta puede alterar diversos aspectos relacionados con la economía mundial. Por lo tanto, debemos conocerla.

El presidente chino Xi Jinping está promocionando desde el año 2013 la denominada nueva ruta de la seda. Con un fondo inicial de 40.000 millones de dólares, la idea es impulsar las infraestructuras en primera instancia en su país y posteriormente ramificarlas hacia Europa (como muestra el ejemplo de la posible conexión en tren entre Madrid y Yiwu) o a otros países asiáticos. Para que nos hagamos una idea de la magnitud del proyecto, participan 68 países, los cuales suman más de 4.000 millones de personas y acumulan el 40% del PIB mundial. Pekín espera realizar una inversión de 120.000 millones de euros por año durante el próximo lustro. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), con un capital fundacional de 100.000 millones de dólares, también influye de forma decisiva en este proyecto. Dicho banco incluso se plantea como futura competencia para dos de las entidades internacionales que más influyen en la economía mundial: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

El fin de semana del 13 y 14 de mayo se reunieron en Pekín los países más involucrados en el proyecto. No faltó Vladimir Putin, y a nivel europeo, por diferentes razones, solo estuvieron como mandatarios influyentes Mariano Rajoy por España, Alexis Tsripas por Grecia y Paolo Gentiloni por Italia. Desde luego, la potencia de algunas empresas españolas especializadas en infraestructuras les genera oportunidades de negocio: se necesitan carreteras, puertos, autovías, puentes, túneles, aeropuertos o conexiones de alta velocidad. Si bien este proyecto es conocido desde hace años, sorprende la escasa relevancia con la que ha aparecido en los medios. Y la gran implicación china nos lleva a posibles cambios influyentes en la arquitectura económica internacional. Vamos a valorarlos.

Primero, hoy el país que pregona el libre comercio es China. El mundo al revés. Países en teoría más abiertos como Gran Bretaña buscan apoyar leyes que penalicen a las empresas por contratar extranjeros. Solo pensar algo así hace poco nos habría parecido una discriminación insoportable. Ya no es así.

Segundo, la influencia del FMI y del BM va a disminuir. Los países que forman los BRICs (Brasil, Rusia, India y China) buscan no depender de entidades que perciben gobernadas por intereses occidentales. En caso de apuro es mejor depender de una entidad en la que se tenga una participación activa.

Tercero, las infraestructuras favorecen la competitividad de las economías. Llevar un producto en un tiempo razonable de un lugar a otro hace que una empresa tenga más rivales en el mercado y que solo sobrevivan las mejores. Los consumidores ganan, ya que compran más calidad a menos precio. Eso sí, se corre el riesgo de invertir más de lo debido. ¿Merece la pena un tren de alta velocidad si tiene una ocupación del 30%? Claro que no. Los estudios previos que analicen en profundidad la viabilidad de estos proyectos son imprescindibles y deben realizarse con el máximo rigor.

Cuarto, una apertura global siempre genera empresas o personas que se salen del mercado. Buscar mecanismos compensatorios para evitar desequilibrios sociales futuros es delicado y fundamental. En este contexto, no olvidemos un aspecto delicado: personas con unos privilegios enormes (estibadores) se unen con facilidad para defender sus intereses;personas en riesgo de exclusión (parados de larga duración) no tienen un foro o ámbito que les sirva para poder exigir sus demandas. Todo esto lleva el centro del mundo hacia Asia. Al paso que vamos, nosotros seremos el extremo Occidente. Esto genera unos retos enormes para la UE y para cada país en particular.

Así que, primero y prioritario, se deben cerrar cuanto antes las competencias de las instituciones con más poder dentro de la Unión Europea. El recientemente elegido presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha pedido la creación de un superministro de finanzas europeo, a lo que Alemania ya ha dado su respuesta: no. Como sigamos así, continuaremos de foro en foro hasta la irrelevancia total.

Segundo, y como país, ¿nos interesa entrar en este proyecto? (Por cierto, España está entre los países fundadores del BAII). En caso afirmativo, ¿qué amenazas y oportunidades se deben tener en cuenta?

En un mundo que avanza a velocidad de vértigo necesitamos más acciones y menos palabras. Marco Polo está al caer.

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